martes, 23 de agosto de 2011

Recuerdo de Roque Dalton

Ernesto Cardenal



A Roque Dalton yo lo recuerdo riendo. Flaco, de un blanco pálido, huesudo, narizón como yo, y siempre riendo. No sé por qué siempre te recuerdo riendo, Roque Dalton. Un revolucionario reidor. No es que los revolucionarios sean especialmente serios ni mucho menos, pero es que él era un revolucionario especialmente reidor. Se reía en primer lugar de él mismo. Se reía de cosas ridículas de El Salvador, y siempre estaba hablando de El Salvador y es que quería muchísimo a su país «Pulgarcito» El Salvador. Se reía de la burguesía salvadoreña naturalmente, y nos hacía reír a todos. Se reía de los jesuitas con los que se había educado y en cuyo colegio había «perdido la fe» (también se reía de esta expresión) para entrar al Partido Comunista y también se reía de cosas de su Partido Comunista. (Pero de todos modos era su partido). Contaba historias fantásticas de El Salvador que parecían inventadas pero eran ciertas. A un hombre lo tuvieron preso por varios años en una cloaca cubierto de cucarachas. Cuando lo sacaron de allí estaba loco, y las cucarachas ya no le disgustaban en absoluto; se sonreía beatíficamente, y para él estar lleno de cucarachas era como estar lleno de mariposas. Roque Dalton una vez estuvo preso y lo iban a fusilar. Además iban a hacer creer al Partido que él era un informador y un agente de la CIA para que no lo consideraran como mártir. Esa noche, aunque él no tenía fe en Dios, él oró, se arrodilló en su celda y oró. La «suerte loca» -decía él- hizo que esa noche hubiera un terremoto y se cayeran las paredes de la cárcel, y él se escapó. Cintio, Vitier y Fina y yo nos reíamos de él diciéndole que nosotros dábamos otro nombre a lo que él llamaba «suerte loca», y él también se reía. Roque Dalton estaba siempre de buen humor a pesar de los horrores que había pasado, y de los horrores que lo esperaban por delante y que él adivinaba. El compromiso de Roque Dalton con la revolución era como un compromiso matrimonial. Estaba desposado con la revolución. Su destino fue no solo cantarla sino también dar la vida por la revolución. Ahora él está encarnado en muchas vidas, está resucitado en la insurrección de El Salvador. Está siempre riendo, a pesar de las masacres, a pesar del llanto. Está riendo porque está triunfante. Es como si hubiera triunfado ya. Roque Dalton pronto será parques infantiles, escuelas, hospitales, será sus poemas escritos antes y muchos otros poemas por venir. Roque Dalton será un pueblo reidor y feliz de roque daltons.


Fuente: Casa de las Américas, no. 121, jul.-ago., 1980, p. 64, en «Homenaje».

El Secuestro del Estado Salvadoreño: relato histórico-político

                                              Haydeé Henríquez


La obra que el lector tiene en sus manos es una narración de lo que ha sido, es y puede llegar a ser el Estado de El Salvador cuando sea libre. Su tesis se puede sintetizar así:
El Estado de El Salvador nació y aun vive en cautiverio; los salvadoreños deben liberarlo o morir en su intento por lograrlo; los hermanos lejanos pueden y deben salvarlo pagando el rescate. El Estado de El Salvador, algún día será libre.
El título de la novela, "El secuestro del Estado salvadoreño", sugiere que se ha cometido un delito llamado secuestro, tipificado como la aprehensión con fines delictivos del Estado de El Salvador; en donde los actores son los secuestradores poderosos y el secuestrado, los débiles.
Sus cinco capítulos describen el sufrimiento de la víctima, el accionar de los actores materiales e intelectuales del delito, la situación actual del secuestrado y alternativas de solución.
El desarrollo capitular se sintetiza así:
El mensaje que nos da el primer capítulo, es que los Pipiles fueron secuestrados por los invasores.
 El segundo capítulo, se refiere a los diferentes actores del delito: primero fueron los invasores españoles, después de la independencia los españoles criollos, seguidos por una serie de caudillos y dictadores mestizos.
El tercer capítulo llamado "Las máscaras del secuestrador", se refiere a que se han dado cambios aparentes, pero en realidad es el mismo delito, con la salvedad que la víctima ha intentado liberarse.
 El cuarto capítulo, se refiere a la realidad nacional principalmente a los males públicos, mismos que se reflejan en la injusticia social, y que son producto de las malas políticas implementadas por el gobierno de turno.
El quinto capítulo, es una reflexión sobre los sueños del secuestrado cuando el Estado de El Salvador sea libre.
La obra "El secuestro del Estado salvadoreño" pretende:
Demostrar que el Estado no es público, no es libre, no es soberano e independiente como lo prescribe la Constitución de la República.
Denunciar que el proceso de democratización en El Salvador, no ha logrado la aplicación de los principios básicos con que nació la democracia moderna, que son: la soberanía reside en el pueblo; la interdependencia de los tres órganos del gobierno; la ética y moral constitucional.
Reflexionar sobre la enseñanza histórica que dejan los conflictos sociales violentos, cuyos costos en vidas y destrucción no se deben olvidar.
Sugerir insumos, para un proceso de modernización de la cultura política parroquial, que debe transitar hacia la cultura democrática representativa y participativa.
Que las nuevas generaciones que no vivieron los acontecimientos histórico-políticos a que se refiere la obra, tengan un referente del desarrollo histórico del Estado salvadoreño, que en la categoría de relato, les recuerde sus raíces.
Esta narración, escrita en lenguaje llano, se puede leer de varias formas, la menos indicada es la ideológica; pero la gran intencionalidad de la autora es que fuese leída de manera reflexiva como un análisis de la realidad nacional, recordando que "si olvidas lo histórico, se repetirá en el futuro", y lo que ningún salvadoreño quiere, es que se repita la guerra civil de la década perdida de 1980.
En la novela se ve claramente el pasado, el presente y el futuro que son los elementos básicos del diagnóstico del planeamiento estratégico; es por ello que la autora presenta alternativas de solución a la situación problemática planteada, y en sus recomendaciones ha tomando en cuenta el cuestionado entorno internacional de la globalización y la democratización.

Fuente: Henríquez, H. (2004). El Secuestro del Estado Salvadoreño. San Salvador: Talleres Gráficos, UCA.

Hombre, Amor y Testimonio


Darío Villalta Baldovinos


Darío Villalta Baldovinos nace en Jayaque, El Salvador, el 18 de enero de 1938. Reparte su vida después de los diecisiete años entre actividades de radio y televisión, ya como periodista o locutor, de ambos medios; mientras, seguía sus estudios para ingresar a la Facultad de Jurisprudencia y Ciencias Sociales y así iniciar su carrera de abogacía en la Universidad de El Salvador, siendo primer alumno de su curso durante todos sus años de estudio. Al egresar se especializa como docente en Ciencias Sociales y Derecho Público. Posteriormente, como catedrático de este Centro de Estudios ingresa a la Facultad de Humanidades, adscrito al Departamento de Periodismo.

La larga marcha del pueblo salvadoreño por su propia superación y las inquietudes que palpitan en Villalta Baldovinos, le llevan al cargo de Presidente de la Asamblea General Universitaria, en el lapso crucial de los primeros años de guerra civil que aún se mantiene. Con esta investidura participa en la reestructuración del ordenamiento legal de la Universidad de El Salvador. Como Presidente del máximo organismo universitario visita varios países de Europa, como lo son Alemania, Bélgica, Francia y España, en una gira en la que es invitado por distintas universidades de los países citados.

Dentro del campo del periodismo radial y televisado ha participado en diversos congresos y seminarios tanto en Estados Unidos de América como en Centroamérica. Actualmente prepara un libro de Teoría del Estado y una obra de cuentos; todo ello sin contar diversos artículos periodísticos publicados en periódicos salvadoreños y ensayos de investigación sociológica y jurídica.

              Hombre, Amor yTestimonio

Introducción


Darío Villalta Baldovinos nos ofrece un poemario que recoge el testimonio del poeta en nuestros días y los sentimientos profundos que son trasunto de su vida. Toda buena poesía es el desbordamiento espontáneo de poderosos sentimientos. Darío Villalta Baldovinos, está dotado de sensibilidad y su poesía es expresión de hondos pensamientos.
"Es el trajinar -nos dice- de un hombre por los senderos del amor; es el goce, el despecho, la soledad, el dolor, la angustia". Y también el testimonio y la protesta ante la patria desgarrada por la guerra y la crisis que vivimos. El poeta canta al amor y la esperanza, la paz, la libertad y la justicia. Es la palabra del poeta y su circunstancia. Siente el sufrimiento del pueblo y lo plasma en el poema. Muchos poetas tienen voluntad de denuncia que sólo se queda en el manifiesto, no alcanzan a plasmar en la forma. Apoyada en profundos ritmos de la vida, más que en la rima, la poesía social de Darío Villalta Baldovinos es expresión de vivencias intensas. Ha aprendido que toda palabra es poética,
es necesaria, si viene imantada en el acto de creación que la convoca. Dueño de una digna sobriedad expresiva, su expresión es sencilla, sentida, pensada. Coherente y de tono sostenido y de reflexiones vitales que intenta llevar a la palabra poética mediante recursos tradicionales. En su poesía social hay evidente voluntad de denuncia y alcanza rigor poético. Su poesía deviene social por ser vivida y emanada desde su propia emoción. Como toda gran poesía, Baldovinos expresa una verdad interior que guarda relación con la forma, en cuanto el ritmo mantiene unidos los versos. Canta como si las palabras nacieran de adentro espontáneamente, con la fácil simplicidad del pájaro nocturno.

"Sólo manifiesto lo que pienso y siento" -nos advierte. Y esperamos que siga expresándose con esa necesaria expresión que busca cauce naturalmente. Porque como dice Pablo Antonio Cuadra: "Para llegar a la esencia de una cosa se necesita una convivencia de siglos, un asedio largo de poetas tratando de perforar la dura superficie de lo innombrado y una acumulación paciente y larga de observación y de amor".   

Darío Villalta Baldovinos inicia su obra poética a partir de 1980, como impulsado por la desgarrada realidad de una crisis que llega al clímax en esta década, como el ojo terrible de la tormenta. Alterna sus actividades con la poesía en un ambiente sitiado por la guerra.

Es un distinguido abogado y catedrático universitario. Ha sido Presidente de la Asamblea Universitaria en los años de mayor crisis en el Alma Mater de 1981 al 83. La conjunción de distintas facetas en que se ha realizado, le ha llevado como delegado de la Universidad de El Salvador a las universidades europeas. Ha recorrido distintos países de América en otras facetas de sus actividades periodísticas. Sus inquietudes literarias le mantienen en perenne ejercicio. Ahora prepara un libro de cuentos. En el campo académico prepara una obra sobre Teoría del Estado.

Su poesía nace de dulces cargas afectivas y emocionales y del dolor súbito que nos produce la Patria herida. Emociones y afectos proyectan descargas líricas, poderosas energías que en la Mitología griega son Eros y Thanatos, una apertura del misterio que encierran los mitos y una búsqueda de equilibrio interno, en su alma: el sophrosine que se produce a través del distanciamiento estético que todo poema supone. La materia lírica toma impulso del amor, la vida, el miedo, miedo al no ser, al morir que producen las visiones de la muerte. En todo poeta está presente la inquietud del ser que no quiere acabarse, que necesita dejar plasmado su testimonio, al paso por el mundo.
Darío Villalta Baldovinos ha escrito un poemario que recoge su intenso vivir, su experiencia vivida, sus convicciones sociales y su anhelo de una paz justa en Centro América.

QUIERO ESCRIBIR QUE LA VIDA ME DA RISA


Quiero escribir,
que la vida me da risa;
por eso estoy llorando.

Quiero escribir que la vida me da risa;
y el cielo se vuelve gris,

y las hojas caen de los Arboles,
en un otoño sangriento.


Quiero escribir que la vida me da risa,
mientras una bomba se detiene
ante una humanidad,
que nada entiende.
Quiero escribir que la vida me da risa,
mientras los niños y las madres,
lloran y mueren,

en una guerra fría que parece infinita.

Hambre, sangre,
llanto, muerte...
Quiero escribir que la vida me da risa;
pero estoy Ilorando.




MUCHACHITO

Muchachito,
ese casco tan grandote
para
ti que eres
tan chiquito.
Muchachito,
quisiera verte torvo
pero noto en tus ojos
cierto briUo Infantil.
A ciencia cierta
no sabes que es ésto.
Muerte por aquí
muerte por allá,
gritos de mando por un lado
gritos de mando por el otro.
Ese que mataste
puede ser tu hermano,
tu amigo, tu vecino:
pero te enseñaron a verlo
como un animal enemigo,
como un asesino,
cuando sólo es un muchacho
igual que tú.
"Todo por la patria",
te dicen.
y los dos,
tu enemigo y tú,
comiendo los mismos frijoles,
se bañan en el mismo rio
y, puede ser, que en lo hondo
piensan igual.
Es tu contrario en la guerra
pero no razonas que es tu compatriota.
Siéntate a conversar con él
 y verás que no son muy distintos.
Tú quieres una patria liberada,
también él;
 tú quieres Justicia social.
también él;
tú quieres una democracia del pueblo.
también él;
 tú quieres Igualdad.
también él.
 El problema es que no conversan,
muchachito.
pues tanto tú como él
son, en el fondo, los mismos.




Fuente: Villalta Baldovinos, D. (1988). Hombre Amor y Testimonio. San Salvador: Editorial LEA. 


                        
























































jueves, 11 de agosto de 2011

Prensa Clandestina: El Salvador, 1970-1975

                          FLACSO EL SALVADOR / FUNDACION "DR. MANUEL GALLARDO"

Presentación

En el año de 1996, la Fundación Biblioteca Gallardo realizó una primera iniciativa de publicación facsimilar bajo el título "Periódicos salvadoreños de la primera mitad del Siglo XX". Dicha publicación compila periódicos salvadoreños del período y permite evidenciar la importancia de la prensa en la formación de opinión y su capacidad de reflejar el pensamiento intelectual y la cotidianidad de la época. Hasta hoy, han sido muchos los estudiosos del período que la han consultado, especialmente en el extranjero para trabajos históricos y literarios.
La existencia de ese primer esfuerzo, e intereses académicos compartidos entre la Fundación Biblioteca Gallardo y la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales Programa El Salvador (FLACSO- El Salvador), condujeron a unir esfuerzos institucionales para impulsar una nueva iniciativa de publicación facsimilar que, por un lado, contribuya a la necesaria recuperación documental de nuestra historia y, por otro, se oriente también a una distribución y uso del lector nacional.
La presente publicación intitulada "Prensa clandestina en El Salvador, 1970-1975-Edición Facsimilar" procura retratar elementos sustantivos de la discusión político--ideológica del período en cuestión. Por su característica esencial de "copia original", esta publicación facsimilar nos permite revisitar aspectos clave de la producción y circulación de las ideas políticas y de los actores sociales en este período fundador de la lucha política revolucionaria en el país. En tal orden, en el presente documento pueden encontrarse las publicaciones en su texto completo y conservando su grafía original.
Por supuesto, se ha debido realizar una necesaria selección de los textos e ilustraciones. Los criterios para dicha labor de criba han sido definidos por la naturaleza y homogeneidad del material reseñado y su carácter de texto que "habla por sí solo".
Esto es consistente con nuestra intención de no hacer otras acotaciones, juicios o valoraciones que las necesarias para la recreación del contexto histórico y la descripción de los materiales: su naturaleza, alcance, como se produjeron, circularon y que valor tuvieron en la producción y formación del particular clima intelectual del período, y en la creación de una opinión pública informada desde las antípodas del poder establecido.
El texto escrito por los compiladores es por eso muy reducido y solo busca guiar al lector en la apreciación de este tipo particular de prensa y el singular ámbito que ella retrata. La prensa clandestina del país - sobre todo las publicaciones teórico- ideológicas aquí agrupadas - constituye una fuente poco estudiada y en la que creemos circula esa rara energía - la intelectual - tan necesaria para recuperar la memoria histórica, aprender de nuestro pasado y asumir lecciones que nos permitan construir un futuro mejor.
El proyecto que da vida a la presente publicación está motivado por el deseo de contribuir a la cultura nacional y a la recuperación de la memoria histórica. Por ello, más que un análisis o interpretación académica de la discusión ideológica de la época, hemos querido entregar textos íntegros que contienen y reflejan lo más representativo de los imaginarios político- ideológicos de las izquierdas salvadoreñas en un periodo que tuvo repercusiones fundamentales sobre las luchas políticas y las definiciones de las identidades de la izquierda político- militar en las fases posteriores de nuestra historia reciente.
Institucionalmente queremos agradecer a cada integrante del equipo académico que trabajó con dedicación en las diversas fases de preparación de este documento.
Queremos también reconocer y agradecer a la Agencia de Sueca de Cooperación para el Desarrollo (AS DI), cuyo apoyo permitió la impresión del texto.
Finalmente, esperamos que este documento sea verdaderamente útil, no solo para ayudar a dar contenido a una memoria compartida, sino también para conocer mejor los procesos de construcción de identidades de actores políticos fundamentales al final del siglo XX. No nos queda duda que estamos entregando a la reflexión académica y política, textos históricos que merecen ser conocidos y estudiados.



Carlos G. Ramos                                                Roberto Rodríguez Rojas 
FLACSO El Salvador                                          Fundación Dr. Manuel Gallardo.  


Fuente: FLACSO El Salvador / Fundación "Dr. Manuel Gallardo". (2011). Prensa Clandestina: El Salvador, 1970-1975. San Salvador: Comunicaciones & Desarrollo

martes, 9 de agosto de 2011

La Diáspora

                                           Horacio Castellanos Moya


En abril de 1983, en la Managua del sandinismo, víctimas de sus ideas, de sus propios compañeros, de los tiempos que corren, mueren violentamente dos prominentes dirigentes guerrilleros. A miles de kilómetros de distancia de aquella efusión de sangre, en la Ciudad de México, un grupo de marginados de la revolución trata de sobrevivir a la tragedia e intenta encontrar el camino de regreso a la vida real.

 Horacio Castellanos Moya (1957) representa una de las voces más importantes de la literatura centroamericana de nuestros días. Narrador y periodista. Su obra ha sido publicada en editoriales de Centroamérica, México y España. Es autor de una docena de libros. La diáspora,  publicada en 1989, recibió elogios y críticas igualmente descarnados. El tiempo la coloca ahora como una obra lúcida sobre la que vale la pena reflexionar.

Fuente: Castellanos Moya, H. (2002). La Diáspora. (2a. Ed.). San Salvador: Dirección de Publicaciones e Impresos.

El Asco: Thomas Bernhard en San Salvador

                                           Horacio Castellanos Moya


El asco cuenta las impresiones de Edgardo Vega, un salvadoreño que, luego de radicar dieciocho años en Canadá, se ve obligado a retomar abruptamente a El Salvador. Su visión constituye una crítica mordaz a las costumbres y a la mentalidad nacionales. Escrita a manera de imitación estilística del escritor austriaco Thomas Bernhard, esta novela corta ha sido calificada como una "excelente persiflage (parodia)" por Miguel Sáenz, traductor y biógrafo español de Bernhard.

Castellanos Moya (1957) ha publicado dos novelas (La. diáspora y Baile con serpientes),
cuatro libros de relatos y un volumen de ensayos.

Fuente: Castellanos Moya, H. (1997). El Asco: Thomas Bernhard en San Salvador. San Salvador: Editorial Arcoiris

Perfil de Prófugo

                                           Horacio Castellanos Moya


                       ADVERTENCIA



Todos los hombres son unos cerotes. José Eduardo más que cualquiera. Ni me hablés de él. Qué necio que es. Desde ahí donde vos estás sentado se me quedaba viendo el cerote, que se le caía la baba. Sí, de plano, le salía baba. Horrible. Ni me lo recordés, Me caga. Además se cree el gran vergonazo. Todo lo sabe. ¿No me creés que estuvo enculado de mí? Lo peor que me pudo pasar. ¿De qué vamos a pedir? A mí me da lo mismo. Con tal de que no sea de atún. Las pizzas de atún me cagan. Y una coca cola, con hielo. Era más cursi el pobre José Eduardo. Me tenía abatida con todo lo que decía de mis ojos. "Mónica, usted es la muchacha más bella que he conocido," me quería pajear el baboso. Como si yo no supiera. El más cerote de todos. Y necio como una mula, como garrapata. La última vez fue el acabóse. Hace un par de meses, me invitó a comer, aquí a esta misma pizzería. No es paja. Estábamos en esta misma mesa. Sólo que de entrada ya me tenía hostigada. Empecinado en agarrarme la mano. Me repetía que estaba enamorado de mí. Se me quedaba viendo, ido, con baba, te lo juro. ¿Para qué te voy a pajear? Hasta se me fue el hambre del aburrimiento. Yo no sé qué le entró. Si ya está viejo. Como si se le hubiera zampado la adolescencia de pijazo. Tiene 38 años, el doble que yo, puede ser mi papá. Por suerte esa vez no le entró la de darme consejos, que no deje de ir a clases a la universidad, que trate de colaborar siempre con la organización. Lo peor. Me hubiera ido. Así no lo aguanto. Ni habíamos terminado de hartamos cuando ya estaba de vuelta que por qué no íbamos al cine, que aquí cerca en la Fábrica estaban dando una película buena onda. Ni me acuerdo cuál era. Desde que íbamos caminando me empezó a hostigar grueso. Que por qué yo lo hacía sufrir tanto, que si yo no sabía cómo él me quería, que lo dejara agarrarme la mano. "Mirá, José Eduardo, te vas a estar quieto, si no me voy a ir a la mierda," lo amenazaba y el cerote de necio. No sé como hay gente que dice que es inteligente. Ah, no, todo es que crea que te va a apantallar con el rollo de la situación política en El Salvador y no lo parás, te lo aseguro. Yo porque le freno el carro de entrada. Se cree el pijonazo, el sabelotodo. "Usted, Mónica, es muy cruel conmigo," me decía. Sí, me trataba de usted. Vaya pues, no me creás. Voy a pedir otra gaseosa. Y ya en el cine fue lo peor. Primero con la necedad de agarrarme la mano. Me descuidaba un rato y zás. "Puta, qué burro sos, José Eduardo, me querés dejar en paz," le ordenaba y el maje va de disculparse y susurrándome al oído. Hasta que en un descuido logró echarme el brazo y tomarme una mano. Le zampé un solo vergazo. Sí, así, con la mano abierta en la cara. Y qué iba a decir. El gran desvergue en el cine.

De ahí en adelante se estuvo quieto, como haciéndose la víctima. Puta, y lo vieras después de la película, el gran sabio, va de pajear sobre el movimiento de la cámara, la actuación de tal personaje. Insoportable.

De tanto insistir me convenció que nos fuéramos a echar un helado, ahí frente al zócalo. Había un montón de gente, como siempre en Coyoacán los domingos, pero al final logramos conseguir un barquillo. Nos sentamos en el parque. Entonces empezó con la onda del frío, que por qué no le dejaba abrazarme para que me transmitiera su calor, que me miraba un poco erizada, que le gustaría calentarme. "José Eduardo, no seás necio, no tengo frío, ¿qué no entendés, ¿cabrón?," le decía y el cuerudo va de insistir. Hasta que le metí el codo en las costillas se estuvo quieto, lamentándose de su suerte, diciéndome que yo no lo entendía que él me quería mucho y las mismas babosadas. "Mirá, José Eduardo, al nomás acabanne el sorbete me voy a la casa, ¿oís?," le advertí. Casi se pone a llorar, que él quería pasar conmigo todo el tiempo, que mi presencia era lo único importante para él, me suplicó que me quedara otro rato. Le dije que no. Entonces salió con que había decidido separarse de su esposa, Sonia, que vive en San Salvador. "Quiero iniciar una relación con usted, Mónica, yo sé que nos llevaremos bien, que usted será comprensiva, incluso se puede ir desde hoya mi apartamento," decía. Vieras qué pendejo. Una barbaridad de cursilerías. Te apuesto que es el tipo más cerote con el que una pueda encontrarse. "Ya me voy," le anuncié. Porque en esa época yo vivía aquí en Coyoacán, cerca del mercado. Puta, vos, a mi ya no me cabe, acabáte ese pedazo de pizza. Pues sí, y entonces el baboso me rogó: "No, Mónica, no me haga eso, quédese conmigo, yo la necesito." De plano, así es. Pero esperáte, falta lo mejor. Me pidió que me fuera a acostar con él. "Véngase conmigo, Mónica, le juro que no la voy a tocar. Duerma a mi lado. Lo que necesito es tenerla cerca, poder despertanne junto a usted. Le prometo que si no quiere ni siquiera la rozo. Acepte. Vamos. No sea mala."
Te podés imaginar semejante pendejada. Me cagó. Le dije que ya me iba y que por favor no me fuera a seguir. ¿Pedimos un café? Comencé a caminar hacia la casa, pero el maje de necio a mi lado. Hasta que lo amenacé: "Mirá, José Eduardo, te juro que si no te vas a la chingada ahora mismo nunca más te voy a dirigir la palabra. Entendé que no estoy bromeando." Puso una cara de chucho ahuevado, que casi me cago de la risa.

Continué caminando. Al rato me di cuenta que me venía siguiendo, como media cuadra atrás. Me dieron ganas de esperado y pegarle la puteada del año, pero mejor decidí ignorarlo. Tal como imaginaba, no tenía ni cinco minutos de haber entrado a mi cuarto, cuando sonó el teléfono. Me dio una gran rabia. "Perdón, Mónica no quiero molestarla, pero es que olvidé un cassette en su bolso y me urge. ¿Puedo pasar a recogerlo ahorita?" Le dije que esperara un rato. Fui a ver a mi bolso: ahí estaba el maldito cassette. Sin duda, lo había zampado en un descuido, porque yo no recordaba que me lo hubiera dado. "Yo ya voy a salir, así que te lo voy a dejar para que pasés por él," le indiqué.
Insistió en que le urgía ahorita mismo. "Pues, pasá si querés, cerote, pero ya te dije que yo no voy a estar." Le colgué. Me entró una gran cólera, pues además yo tenía pedos con la vieja del pupilaje y si José Eduardo empezaba a hostigar con el teléfono, la cosa se me iba a poner peor. Ya de por sí casi no me pasaban las llamadas telefónicas. Pero ese es otro bonche. Desde ese día no lo he vuelto a ver. Pasó. Supe que había regresado a San Salvador. Su hija se había enfermado, creo. Me dijeron que se contentó con Sonia y que ella vendrá a México en estos días. Supongo que a vivir con él. No, no la conozco. Pero no entiendo cómo puede aguantar a semejante cerote. Ya te digo. Así que no me vayás a salir vos ahora con que querés que vayamos al cine y el mismo cuento. ¿Okey?


Fuente: Castellanos Moya, H. (1989). Perfil de Prófugo. San Salvador: UCA Editores

Fábulas

                                                                    León Sigüenza


Considerando el primer fabulista salvadoreño en el estricto sentido del término, las crónicas y los trabajos en verso de León Sigüenza (1895- 1942), aparecieron en revistas y periódicos nacionales e hispanoamericanos de la época, como peculiares formas de crítica contra funcionarios públicos y otras conductas humanas. Es así como Sigüenza se convierte en el principal cultor salvadoreño de la fábula y se constituye en un digno sucesor de autores como Esopo, Fedro, Samaniego e Iriarte. Diputado a la Asamblea Nacional en 1933, Sigüenza se desempeñó como regidor y alcalde temporal de la ciudad de Cojutepeque. También fue diputado y miembro del cuerpo diplomático salvadoreño en las ciudades de Nueva York y Tokio. Su único libro, Fábulas, fue sacado a la luz de manera póstuma por iniciativa de sus familiares. A juicio de Carlos Cañas-Dinarte, prologuista de este libro, la obra de Sigüenza está imbuida por la tradición oriental del apólogo, incorporando elementos de la flora y fauna centroamericanas.
Sigüenza fue descrito como un ameno conversador, "con maneras y cortesía de oriental” que al igual que Oscar Wilde quiso hacer de su vida una obra de arte.


Los Dos Perros

Eran dos perros, cual más lanudo
que se tenían tal ojeriza.
que fue el motivo de las palizas
que les dio el amo, muy a menudo.
Y cierta tarde que se mordían
rabos, orejas, lomos y piernas,
hicieron públicas cosas internas
que por privadas no lo debían.
Tú el verdugo eres de los pichones
-dijo uno de ellos con timbre airado.
A lo que el otro responde, agriado:
Tú te has comido varios lechones.
En ese instante, por mala suerte,
llegaba el amo, con pasos largos,
y como oyese tan graves cargos
a los dos Perros les dio la muerte.
Hay animales que así les pasa
porque se olvidan de este consejo
que siempre es nuevo por ser tan viejo:
La ropa sucia se lava en casa.

Fuente: Sigüenza, L. (1998). Fábulas. (5a. Ed.). San Salvador: Dirección de Publicaciones e Impresos

lunes, 8 de agosto de 2011

Fábrica de Sueños

                                                Waldo Chávez Velasco


               ¿DÓNDE ESTÁ UBICADA LA "FÁBRICA DE SUEÑOS"?



Es la pregunta que uno se hace después de leer la obra teatral de Waldo Chávez Velasco, "Fábrica de Sueños". ¿Dónde se ubica esta fábrica tan novedosa y que promete ser un negocio redondo en la humanidad? ¿Está esta fábrica en los terrenos de la filosofía? ¿Está más bien dentro de los límites de la psicología psiquiátrica? ¿O quizá incluso toca conceptos que pertenecen a la teología? La inquietud teológica no ha sido nunca ajena a la mente de Waldo Chávez Velasco. Al contrario, ha habido siempre en su producción poética un afán de trascendencia y de espiritualidad. Al Waldo que estuvo en Italia en sus años mozos le conmovía profundamente el ambiente oloroso a Francisco de Asís y se preguntaba si aquello era la poesía de la religión o la religión de la poesía.

La temática de "Fábrica de sueños", aunque su ejecución sea de gran calidad artística, no es poética sino dura- mente filosófica y conmovedoramente psicológica. Está allí el dolor del fracaso y la decepción. Están allí la amargura de la ingratitud, el vacío de la desesperanza, la crueldad del odio y la estupidez del olvido. En el fondo de todo, naturalmente, hay como supuestos esenciales afirmaciones de criptofilosofía. El autor trabaja con la idea del deseo, la cual nos hace remontarnos al budismo y al Bagavadghita. La razón de ser de la vida es el deseo, es decir, el impulso, I'elan, como diría Bergson. Esta es una afirmación metafísica a la cual sigue un problema de carácter psicológico y patológico: que el hombre no sabe definir su deseo. La mayoría de los hombres no saben lo que quieren. Un sueño, para que sea importante, tiene que definirse y precisarse. Y eso es un duro trabajo. El hombre que ha logrado saber con precisión y seguridad lo que quiere está ya camino del éxito y el que no sabe ni él mismo para dónde va... pues no llegará a ninguna parte. Esta es una importantísima tesis filosófica que está entre líneas en "Fábrica de sueños".

La parte teológica de la obra está en que no hay una separación tajante entre el mundo y el trasmundo, entre el más allá y el más acá. El tranquilo regreso de don Carlos, sin dejarse ver, para continuar resolviendo problemas y negocios terrenales, así como el hecho de que al otro lado de la vida, en lo que allí convencionalmente se llama infierno, ha seguido trabajando en negocios parecidos, todo ello está de acuerdo con un nuevo concepto que se está poniendo vigente acerca de la realidad metafísica del más allá. Pero sobre todo llama la atención la interpretación de los tormentos del infierno como un estado en que el alma se lamenta de no haber sido lo que debió ser. Una interpretación muy interesante que no deja de tener su fundamento teológico.

Veamos con más detalle esta interesante teoría del infierno. "El infierno es la frustración, la horrible certeza de que lo inalcanzable estuvo a nuestro lado... Nadie lo molesta a uno cuando ha muerto. Pero cotidianamente, como en una pantalla interior, se proyecta la visión de todos los caminos que nosotros cerramos... “(P. 57-58). ¿No es esto semejante al llanto y al crujir de dientes? ¿Y no arde en la conciencia ese remordimiento como un fuego inextinguible? El ser, el nunca deja de ser, el ser cada vez más: es lo que apetece el ser. Luego el estarse lamentando de lo que se debió ser y no se fue constituye el mayor tormento.
Es el tormento ontológico. Es el infierno metafísico, según "Fábrica de sueños". La vida terrenal, por otra parte, queda, como en la más pura ortodoxia católica, como un período de prueba en el que hay que hacer méritos. El mérito en "Fábrica de sueños" se define también en términos metafísicos como el deber de ser que tiene el ser. El ser tiene el deber de ser. iAy de los seres que no aprecian su existencia y se desperdician en la frivolidad y en la vulgaridad!

En el caso de Juan Barrios, que lo abandonaría todo por la felicidad suprema de cometer el deseado delito, se repite el drama de Fausto y en todos los casos llegados a la secretaría de la fábrica se sostiene la tesis de que lo que mantiene el interés de la vida no es la realización de algo sino el deseo de realizarlo, de modo que, al materializarse el anhelo, la vida pierde interés, lo que prueba que las cosas deseadas no son suficientes ni absolutas. El alma vuelve a quedarse vacía, como la de Flora cuando se casó con el hombre que tanto amaba. A un teólogo o un filósofo cristiano esto le estaría indicando que sólo el bien absoluto vale la pena de ser deseado y satisface al alma completamente. Sin embargo en "Fábrica de sueños" no se concluye así. Por el contrario, se llega, al final de la obra, al desenlace nihilista de los orientales que ponen la felicidad en el nirvana u olvido de todo y supresión de toda conciencia. La felicidad es no desear nada, no saber nada, olvidarlo todo, es decir: no ser nada. Con un razonamiento filosófico estricto se objetaría que este final es absurdo. Es absurdo y es contradictorio porque renglones antes se han hecho afirmaciones de gran vitalidad ontológica: la grandeza y la felicidad de dar sin interés, de dar por dar y que en ese prodigarse (bonum est diffusivum sui, el bien tiende a difundirse a sí mismo) está la felicidad...

Este dar y actuar sin apegarse a los resultados de la acción es muy del Bagavadghita y es también muy cristiano. Pero el dar no es necesariamente autodestructivo ni tiene por qué llegar al nirvana del olvido.

                                        
                                                                   Matías Romero


Fuente: Chávez Velasco, W. (2002). Fábrica de Sueños. San Salvador: Clásicos Roxsil

viernes, 5 de agosto de 2011

Dolor de Patria

                                                José Rutilio Quezada

 
                                                NOTAS SOBRE DOLOR DE PATRIA

"DOLOR DE PATRIA" es una novela sobre el campo salvadoreño; pero no una novela concebida con intención de mostrar un folklorismo mal entendido, sino con el propósito de ahondar, como su nombre lo indica, en el dolor, en la condición sufriente del campesino salvadoreño sometido a las viejas prácticas de la explotación y la vejación. Es también una novela de la esperanza de cara a la desesperación. Y esa esperanza tiene mucho que ver con la toma de conciencia de unas condiciones inhumanas, con la organización solidaria tendida hacia el logro de condiciones más justas, más plenas, y con la formulación de una utopía donde la patria del dolor viene a ser patria de la plenitud, patria de la justicia, la democracia y la paz. Toda novela es una lectura de la realidad del mundo.
En este sentido, "DOLOR DE PATRIA" es una lectura de la salvadoreñidad, una gran metáfora sobre la condición salvadoreña que, en cuanto tal, contiene su ser actual y positivo, su deber ser prospectivo y utópico, y los mecanismos para transitar de la actualidad a la utopía. A este respecto, el presbítero Carlos Álvarez, en su tesis que tuvo como materia objeto esta novela en cuestión, expresa: "En nuestra pista de lectura encontramos una relación entre patria y parto. El parto requiere un largo proceso de gestación, iniciado a partir del concurso de dos personas. Un proceso semejante es necesario para la gestación de la patria. Se requiere el concurso-de dos o más individuos, de un grupo, de todo un pueblo, que aprende a tomar conciencia con la ayuda del otro, frente a la realidad de la explotación a causa de la soledad en que vive, y de la necesidad de organizarse para, todos juntos, conquistar sus derechos. El dolor de parto es aquí la lucha que traerá la paz... 'Cuando la paz venga después de la lucha'. Así como el proceso de gestación dura ¿nueve meses para el nacimiento de un nuevo ser, así la conquista de la paz no se dará sino después de un largo proceso de lucha que es como un dolor de parto, un dolor de patria". (Cfr. Carlos Álvarez et. al., "Análisis Literario de Autores Centroamericanos", tesis de grado, Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, El Salvador, 1987).
"DOLOR DE PATRIA" es una novela política, en el mejor sentido del término, o si se quiere: una condición política novelada por un autor lúcido que, provisto de las facultades ya dichas -observación, retención, intuición y elaboración- desea hacer luz sobre las estructuras primarias de un país al que ama y al que quiere ver redimido. El hilo conductor de la "historia" en esta novela es el decurso de la relación entre Nicho y Tono, dos campesinos de Chalatenango que, sumergidos en el mundo de la pobreza y de la opresión, hallan la muerte violenta como respuesta a la práctica de la actividad organizada. Esa "historia" responde a las condiciones sociopolíticas que el país vivió explosivamente a lo largo de la década pasada, pero cuyos orígenes se remontan a décadas anteriores. Con toda probabilidad, el germen de esta novela puede situarse en 1942, cuando Rutilio, a la edad de doce años y poseedor ya de una conciencia sensitiva ante el dolor colectivo, escribió este poema que, a pesar de sus imperfecciones en el metro, habla ya de una preocupación que años después conduciría a su autor al trabajo narrativo.
Una valoración de "DOLOR DE PATRIA" a partir de los criterios estrictamente técnicos expresados de algún modo en la primera parte de estas notas, permite elaborar un perfil como el que sigue. Los personajes de la novela pertenecen a la categoría del tipo. Construidos con los recursos de la prosopografía, la etopeya y el retrato; construidos también con la descripción de sus acciones y la consignación de sus locuciones, estos personajes -Nicho, Toño, Licha, Juana, Petronila, entre otros- son entes que vienen del mundo real salvadoreño, se instalan en el mundo literario de la narración y tipifican, desde allí, las peculiaridades físicas, psicológicas y sociales de la salvadoreñidad rural. Con toda seguridad Rutilio, para construirlos, ha debido hacer uso de los recuerdos de la imaginación creadora que funde y sintetiza, en un solo ente, la multiplicidad de seres humanos que han pasado por las vivencias y experiencias reales de la vida actual o pasada del autor. Los ambientes, tratados con el recurso estilístico de la topografía, son de una prolijidad inobjetable. En ellos, Rutilio deja en evidencia sus condiciones de atento y acucioso observador, y su conocimiento a fondo de la flora, la fauna y las costumbres de la vida campesina salvadoreña. El espíritu del lugar y el espíritu de la época también están patentes en la narración. Aún cuando la fiesta campesina ocupa sitio en la configuración ambiental de la novela la atolada, la cruz de mayo, el 15 de septiembre, la graduación, etc.- el espíritu general que la narración recostruye es pesaroso, sufriente. En él, la fiesta es sólo un paréntesis en el dolor por el que transcurre la vida campesina que, al final de la narración, llega al verdadero horror.
La acción, que teóricamente supone conflicto y progresión, aparece con logros y limitaciones importantes de señalar. El conflicto está presente. El padre Álvarez, en la obra ya citada, ha descubierto nueve pares de elementos conflictivos que sostienen por dentro el andamiaje de la acción: conformismo-rebeldía; explotación-justicia; soledad-unidad; entre otros.
La progresión, el avance progresivo de los acontecimientos sí ofrece una limitación: hay morosidad, lentitud narrativa. Según opiniones diversas, esto puede deberse a varios factores: a que el autor deja el hilo de la acción para entrar a detalladas construcciones de personajes y ambientes; a que el autor tiene el propósito de narrar con morosidad para reproducir el sentido del tiempo cronológico y psicológico en el campo; o a que el autor maneja a sus personajes en el ámbito de los recuerdos, ámbito en donde la prolijidad y el tiempo psicológico adquieren proporciones extensas. Puede deberse, también, a un problema de técnica narrativa. En este sentido, el problema radicaría en el fraseo, más concretamente: en la ausencia de una adecuada distribución de frases de período corto, medio y largo en el interior de un párrafo, que es el recurso formal definitivo para lograr el ritmo exterior en una narración. Un examen de la página final del capítulo VI, tomada al azar, vendría a hacer sostenible esta última hipótesis. Si se examina bien, en esa página hay un predominio evidente del fraseo con período medio. La sumatoria de frases del mismo período -se trate de diálogos, descripciones o consignación de acciones particulares -vuelve moroso el avance de la acción general, en esta o en cualquier narración. No se trata, sin embargo, de un problema que quiebre por la base y deslegitime la obra. Se trata más bien de un escollo técnico propio de un primer trabajo narrativo, que tal es "DOLOR DE PATRIA" respecto de su autor.
Al margen del elemento ya discutido, la novela tiene un gran peso de verosimilitud. Los personajes y los ambientes tienen la suficiente densidad en su construcción como para hacerlos creíbles. Lo mismo pasa con el sentido de la acción. Quizá esta verosimilitud explique la demanda que la novela ha ido teniendo desde su primera edición en 1983. El lector salvadoreño se encuentra y encuentra al país en las trescientas y tantas páginas de la obra. Aunque el recurso de algunas cartas intercaladas en la novela dan lugar a narradores testigo, o protagonista, en la gran totalidad de la obra predomina la entidad del narrador omnisciente. Esta entidad, como ya se ha dicho antes, en ningún modo se identifica con la identidad del autor, aún cuando mucho de lo narrado pudiera eventualmente pertenecer a la experiencia real de Rutilio.
"DOLOR DE PATRIA" es pues, una novela. Una novela sobre el mundo y la identidad de los salvadoreños. Cuando se abren sus páginas y se desarrolla la operación de leer, va viviendo y desarrollándose frente al lector un mundo autónomo -peculiaridad fundamental de la novela en oposición a la peculiaridad del cuento que es la actualización de un pasado, de un "algo" que ya pasó y que sólo vuelve a vivir por la narración- mundo autónomo, se dice, en cuyas coordenadas literarias queda impreso mucho de las coordenadas de la vida real. Con su universo donde la exaltación de la naturaleza y el lamento por la depredación ecológica son por correlato de la exultación de la vida y el anonadamiento por el deslave social, "DOLOR DE PATRIA" se instala en la novelística salvadoreña, como producto del trabajo de un científico y de un humanista que ha ido haciendo lo suyo, con la fuerza de la fe y la firmeza de la perseverancia.
          
                San Salvador, febrero de 1992.


                                                                     Francisco Andrés Escobar.

Fuente: Quezada, J. R. (2001). Dolor de Patria. (3a. Ed.). San Salvador: Clásicos Roxsil