Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Salarrué

Larga vida o buena muerte para Salarrué...

Larga vida o buena muerte para Salarrué Dios lo bendiga y lo haga un santo don Salarrué Chas gracias por sus dulces guáshpiras por los tentuntazos de ternura con que me ha zomatado las arganillas del corazón que si se muere mañana es viernes las Animas Benditas los cundundeyen y lo hagan seguir camino que San Pascual Bailón me lo ampare y me le tape las veredas del chimbolero y que la Virgen del Perpetuo Socorro y la Virgen de Candelaria Me lo manden bien a la llama para el cielo caballero en un caballo bien maiciado que no sea sombristo ni tan entelerido como el de mi genera Claramount y que para mientras tanto en la vida me lo tenga galán y chelón que no le falte la salud el pisto ni el amor necesario que coma sus tres tiempos y le sobren amigos la pura mar y sus conchas como si hubiera obtenido la piedra azul que vomita la zumbadora cuando es derrotada por un hombre de bien que me le caiga también la bendición del Cipitillo y la del Cadejo Blanco ...

“Mi respuesta a los patriotas” de Salarrué”

                                                      Álvaro Darío Lara                                                              SALARRUÉ Vivimos tiempos tumultuosos, dramáticos. Salarrué y el país los vivieron intensamente, ese enero sangriento de 1932, y en la noche del militarismo que continuó por décadas. También nosotros lo padecimos en la guerra civil, y ahora, en esa otra guerra que se libra en los pueblos, caseríos, cantones y ciudades, cargada de frenética violencia irracional, que sólo expresa  nuestras grandes debilidades institucionales y nuestro resquebrajamiento íntimo, familiar y social. Asimismo, nos situamos ante la suplantación del real ejercicio po...

Cuentos de Barro

                                                                     SEMOS MALOS Loyo Cuestas y su «cipote» hicieron un «arresto», y se «jueron» para Honduras con el fonógrafo. El viejo cargaba la caja en la bandolera; el muchacho, la bolsa de los discos y la trompa achaflanada, que tenía la forma de una gran campánula; flor de «lata» monstruosa que «perjumaba» con música. -Dicen quen Honduras abunda la plata. -Sí, tata, y por ái no conocen el fonógrafo, dicen… -Apurá el paso, vos; ende que salimos de Metapán trés choya. -¡Ah!, es que el cincho me viene jodiendo el lomo. -Apechálo, no siás bruto. «Apiaban» para sestear bajo los pinos chiflantes y odoríferos. Calentaban café con ocote. En el bosque de «zunzas», las «taltuzás» comían sentaditas, en un silencio nervioso. Iban llegando al Chamelecón ...

EL PADRE

EL PADRE Salarrué EL PADRE         La iglesia del pueblo era pesada, musgosa y muda como una tumba. detrás estaba el convento, encerrado entre tapiales, con su gran arboleda sombría; con su corredor de ladrillo colorado; de tejado bajero sostenido por un pilar, otro pilar, otro pilar...; pilares sin esquinas embasados en piedra tallada y pintados de un antiguo color.         El patio era de un barro blanco y barrido, propicio a las hojas secas. Las sombras y las luces de las hojas ponían  agüita  en el suelo; en aquel suelo pelón lleno de paz, por el cual pasaban, gritonas, las gallinas  guineas .         Largo era el corredor: la mesa, el  kinké,  una silla, un sofá, un barril, una destiladera, un viejo camarín, unos postes durmiendo; otra silla, la hamaca, el cuadro bíblico; un cajón; un...

LA PETACA

LA PETACA Salarrué Era pálida como la hoja mariposa; bonita y triste como la virgen de  palo  que hace con las manos el  bendito ; sus ojos eran como dos grandes lágrimas congeladas; su boca, cómo no se había hecho para el beso, no tenía labios, era una boca para llorar; sobre los hombros cargaba una joroba que terminaba en punta: La llamaban la  peche  María.        En el rancho eran cuatro: Tules, el  tata , La Chon su  mamá , y el robusto hermano Lencho. siempre María estaba un grado abajo de los suyos. Cuando todos estaban serios, estaba llorando; cuando todos sonreían, ella estaba seria; cuando todos reían, ella sonreía; no rió nunca. Servía para buscar huevos, para lavar trastes, para hacer  rir ...         - ¡Quitá diay, si no querés que te raje la petaca!        - ¡Peche, vos quizá sos hija del cerro!   ...

El Negro

  SALARRUÉ El negro Nayo había llegado a la costa dende muy lejos. Sus veinte años morados y murushos, reiban siempre con jacha fresca de jícama pelada. Tenía un no sé qué que agradaba, un don de dar lástima; se sentía uno como dueño de él. A ratos su piel tenía tornasombras azules, de aun azulón empavonado de revólver. Blanco y sorprendido el ojo; desteñidas las palmas de las manos; gachero el hombro izquierdo, en gesto bonachón, el sombrero de palma dorada le servía para humillarse en saludos, más que para el sol, que no le jincaba el diente. Se reiba cascabelero, echándose la cabeza a la espalda, como alforja de regocijo, descupiendose toduel y con gárgaras de oes enjotadas.         El negro Nayo era de porái…: de un porái dudoso, mescla de Honduras y Berlice, Chiquimula y Blufiles de la Costelnorte. De indio tenía el pie achatado, caitudo, raizoso y sin uñas -pie de jenjibre-; y un poco la color bronceada de la piel, que no alcanza...

Cuentos de Barro

                                                                Salarrué LA BOTIJA José Pashaca era un cuerpo tirado en un cuero; el cuero era un cuero tirado en un rancho; el rancho era un rancho tirado en una ladera. Petrona Pulunto era la nana de aquella boca: - ¡Hijo: abrí los ojos, ya hasta la color de que los tenés se me olvidó! José Pashaca pujaba, y a lo mucho encogía la pata. -¿Qué quiere mama? -¡Qués nicesario que tioficiés en algo, yastás indio entero! - ¡A guén! ... Algo se regeneró el holgazán: de dormir pasó a estar triste, bostezando. Un día entró Ulogio Isho con un cuenterete. Era un como sapo de piedra, que se había hallado arando. Tenía el sapo un collar de pelotitas y tres hoyos: uno e...