jueves, 22 de junio de 2017

Lista de cien libros cuya lectura mejorarán la cultura salvadoreña

                                       Alberto Masferrer por Valero Lecha (1968)

Víctor Manuel Guerra Reyes

Masferrer, en su artículo La cultura por medio del libro propone la fundación de Bibliotecas Públicas en los municipios, que contengan al menos cien libros que sirvan para la formación cultural de los salvadoreños y afirma que “si fundáramos las bibliotecas municipales sobre la base de lectura amena, habríamos hecho algo muy importante en este ramo de crear diversiones para el pueblo.” Concluye asimismo que “en nuestra lista no han de figurar sino libros que, por ser divertidos no sean mentirosos, y que no sean obscenos y que no dejen un concepto demasiado estrecho de la vida y que no exijan demasiada técnica como algunos del encantador de Julio Verne. ¿Bastaría con eso? amenidad, inteligencia, decencia, verdad, amplitud y sencillez, paree casi todo lo que deberíamos exigir en los libros que vamos a poner en manos de nuestro pueblo.” En este sentido para Masferrer, “todo lo que han creado de hermosura, de arte, de verdad, de bondad, los grandes escritores que son, por ello, los mejores y más grandes maestros de la humanidad.”  Cien libros de primer orden que sean obras de arte, obras amenas, sanas, discretas, optimistas, instructivas y sugestivas. Como si dijéramos, cien diamantes o cien rubíes extraídos de las minas de la literatura, de la historia, de la ciencia, de la religión, de la moral. Para él, “no es perfecta la lista que hemos formado, hay en ella una veintena de obras que podrían substituirse ventajosamente con otras; pero ello no es posible por el momento. En todo caso, estamos seguros de no haber incluido en nuestra lista ningún libro tonto ni perverso.”.
He aquí la lista:
1. Fábulas, de Samaniego.
2. Cuentos, de Charles Perrault
3. Cuentos, de Hans Christian Andersen
4. Cuentos y Fábulas, de León Tolstoi.
5. La Tierra, de Vidal de la Blache.
6. El África Tenebrosa, de Enrique M. Stanley.
7. El Arroyo, de Eliseo Reclús.
8. Luz y Vida, de Karl Georg Büchner.
9. Colección de Cartillas Científicas, de Edwar V.Appleton.
10. Teatro Selecto, de Calderón de la Barca.
11. Dramas, de Friedrich Schiller.
12. Comedias, de Bretón de los Herreros.
13. Un enemigo del pueblo, Henrik Ibsen
14. El Avaro, de Moliere
15. Comedias Escogidas, de Juan Ruiz Alarcón.
16. Comedia de equivocaciones, deWilliam Shakespeare.
17. La Tempestad, de W. Shakespeare
18. Sueño de una noche de verano, de W. Shakespeare.
19. Macbeth, de W. Shakespeare.
20. Dramas y Leyendas, de José Zorilla.
21. El Bufón de las familias
22. El Pájaro, de Michelet
23. El Insecto, de Michelet
24. Las Abejas, de Maeterlinck
25. Viajes escolares, de Topffer
26. Las Flores animadas, de Grandville
27. La Vuelta al mundo en ochenta días, de Julio Verne
28. Miguel Strogolff, de Julio Verne.
29. Viajes del capitán Grant, de Julio Verne
30. El País de las Pieles, de Julio Verne
31. Libro del hombre de bien, de Benjamín Franklin
32. Ayúdate, de S. Smiles.
33. Vida y Trabajo, de S. Smiles
34. La vida Sencilla, Ch. Wagner
35. Junto al hogar, de Ch. Wagner
36. La Alegría de vivir, de Orison Swett Marden
37. El Poder del pensamiento, de O. S. Marden
38. Los Nueve libros de la Historia, de Herodoto
39. Historia de la conquista del Perú, de Guillermo H. Prescott
40. Historia de la conquista de México, Antonio de Solís
41. Bolívar y la emancipación hispanoamericana, de Mancini
42. Vidas Paralelas, de Plutarco
43. Memorias del príncipe, de Piort Kropotkine
44. Memorias, de Benvenuto Cellini
45. Civilizadores y Conquistadores, de Alphonse de Lamartine
46. Rimas, de Gustavo A. Becquer
47. Versos, de Francisco Gavidia
48. Cantos del hogar, de J. de DiosPeza
49. Poesías Líricas, de Espronceda
50. Poesías Escogidas, de Campoamor
51. El Cancionero, (traducción de Llorente).
52. Tierras del Cielo, de Flamarión
53. Los tres Mosqueteros, de Alejandro Dumas
54. Veinte años después, de Alejandro Dumas.
55. La Dama de Montsoreau, de A. Dumas.
56. Rob Roy, de William Scott
57. Quintin Durward, de Walter Scott
58. Ivanhoe, de Walter Scott
59. Fabiola, de Cardenal Wisseman
60. Diario de un niño de pecho, de Carlos Eugenio Smidt
61. Educación de las Madres de familia, de Aimé Martín
62. El cuerpo y el alma del niño, de Aimé Martín.
63. Cuentos, de Grimm y de Perrault
64. Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes
65. Educación de los Jóvenes, de Fenelón
66. Novelas ejemplares, de Miguel de Cervantes
67. Lazarillo de Tormes, de H. de Mendoza.
68. Viajes de Gulliver a Liliput
69. El príncipe perro, de Laboulaye
70. El Gobierno Municipal en Estados Unidos
71. Cartas y Discursos, de Abraham Lincoln
72. La conquista del pan, de Piort Kropotkine
73. Los hombres en el año tres mil, de Guiton Onoffre
74. El Trabajo, de Timoteo Bodareff
75. Orlando furioso, de L. Ariosto
76. Las Mil y una noches, Anónimo
77. La vida devota (traducción de Quevedo), San Francisco de Sales
78. Florecillas de San Francisco de Asis
79. El Libro del Trópico, de Arturo Ambrogi
80. La hija del adelantado, de José Milla.
81. La Odisea, de Homero.
82. El País de los Ciegos, de H. Wells
83. Robinson Crusoe, de Daniel Defoe
84. La Isla del Tesoro, de Stevenson
85. David Copperfield, de Charles Dikens
86. El Príncipe feliz, de Oscar Wilde
87. El Vicario de Wakefield, de Goldsmith
88. Los Trabajadores del mar, de Víctor Hugo.
89. El Noventa y tres, de Víctor Hugo
90. Los Miserables, de Víctor Hugo
91. Corazón, de D´Amicis
92. La cabaña del tío Tom, de Beecher-Stowe.
93. Abajo las Armas, de Berta de Sutner
94. Resurrección, de León Tolstoi
95. Amor y Matrimonio, de León Tolstoi
96. La muerte de Iván Ilych, de León Tolstoi
97. Historias extraordinarias, de Edgard Alan Poe
98. Confesiones de un médico, de Veresaief
99. La Ciudad y las Sierras, de E. de Queiroz
100. Obras de fígaro, de Mariano José de Larra


Fuente: Guerra Reyes, Víctor Manuel. (2013). El Vitalismo masferreriano: un modo de hacer filosofía en El Salvador de principios del siglo xx. (Tesis Doctoral). Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, UCA: San Salvador, El Salvador

EL PADRE


EL PADRE
Salarrué

EL PADRE

        La iglesia del pueblo era pesada, musgosa y muda como una tumba. detrás estaba el convento, encerrado entre tapiales, con su gran arboleda sombría; con su corredor de ladrillo colorado; de tejado bajero sostenido por un pilar, otro pilar, otro pilar...; pilares sin esquinas embasados en piedra tallada y pintados de un antiguo color.
        El patio era de un barro blanco y barrido, propicio a las hojas secas. Las sombras y las luces de las hojas ponían agüita en el suelo; en aquel suelo pelón lleno de paz, por el cual pasaban, gritonas, las gallinas guineas.
        Largo era el corredor: la mesa, el kinké, una silla, un sofá, un barril, una destiladera, un viejo camarín, unos postes durmiendo; otra silla, la hamaca, el cuadro bíblico; un cajón; un burrro con una montura; un freno colgado de un clavo y al final, ya para salir las gradas, unos manojos de pasto verde, el picadero y la cutacha. Después empezaba la alfombra de sol hasta la cocina; y allá contra la tapia, como una casita de juguete, con su chimenea de lata azul, el excusado.
        El padre se paseaba en la tarde. Era la hora en que la paz le traía el cielo; el cielo de agradables matices, que llegaban a sentarse en la montaña lejana, pensativo como un hombre; pensativo hasta quedarse dormido, soñando en las estrellas, cada vez más profundamente.
        El sacristán tocaba el ángelus para que todo se callara. Y todo se callaba.
        La Coronada llegaba entonces penosamente, con su riuma y sus platos, a ponerle la mesa. Se sentaba el padre, siempre mirando al cielo, con su cara igual de triste. Con un pespuntar de máquina de cocer, sus labios hilvanaban un larga oración de gratitud. Humillaba los párpados y se persignaba. Luego, cogía calmosamente la cuchara y empezaba a probar la sopa. Estaba caliente. La Coro, encendía el kinké. Las gallinas empezaban a volar de rama en rama, con torpes aleteos. A lo lejos se oía pasar el tren por el puente de hierro, como una amenaza de tormenta.
        La Chana era una cipota chulísima. había crecido de diadentro, al servicio del cura. hacía mandados, lavaba los trastes, les daba de comer a las gallinas y se comía lazúcar. Cuando el padre estaba bravo, como no tenía en quien descargar, regañaba a la Chana. La Chana no se quedaba chiquita y le contestaba cuatro carambas.
        - ¡Agüen, usté! ¡Asaber que lián confesado las biatas y descarga en yo!...
        El padre, en vez de enojarse, la estrechaba contra su pecho y le daba un beso en la frente. Se estaba viendo en ella, como decía la Coro.
        En un dos por tres se había hecho mujer. De la mañana a ña tarde echó rollo, se cantonió y le brillaron los ojos. Ya se trataba una flor en el delantal, con un gancho, muy alto, muy alto, para podérsela oler poniendo cara interesante. Seguido se cachaba logas; por el tacón muy encumbrado, por unos papeles colorados para untarse los labios, por andar suspirando muy dentro. El cura la miraba de lejos. La miraba pasar, disimuladamente, y alejándose. Se cogía el mentón azul y su cara de cuarentero se ponía grave. Temblaba por ella. Hubiera querido podarla un poco. Se paseaba, se paseaba por el largo corredor, campaneando la lustrosa sotana vieja, como si en ella se hamaqueara su inquietud. Apretaba, sin querer, el crucifijo de plata que llevaba siempre colgado al cuelo. Si hubiera sido de cera, lo habría convertido pronto en una hostia. Allá a lo lejos, la risa de la Chana sonaba como una campanilla mundana. Cuando pasaba a su lado, apagaba los olores del incienso con un fuerte aroma de jabón diolor. Por el corredor silencioso, sus tacones pasaban, clavando la tranquilidad.
        La niña Queta y la niña Menches, la una fea de tan vieja, y la otra vieja de tan fea, entraron apuradas en busca del padre para un asunto urgente. La puerta estaba entreabierta y empujaron. Y fue como si hubieran empujado su alma en un abismo. El padre estaba todo él sentado en un sillón y la Chana estaba toda ella sentada en el padre. Su cachete rosado se posaba dulcemente en el cachete azul del cura, como una madrugada sutil se posa sobre áspera montaña.
        -¡Virgen pura!..
        Dos lágrimas corrían por las mejillas marchitas del padre. Repitió su excusa:
        - Un afán, un vago deseo de ser padre. Es como mi hija...
        Su voz era oscura.
        - Los niños despertaron siempre en mi alma una dulce inquietud...
        -¡Hm!
        Apretó el obispo sus labios temibles y lanzó al cura su más irónica mirada. Pero él se irguió austero, nobilísimo y puro, el rostro del acusado, encendido en radiante sinceridad; irresistible en su sencillez; tal si el mismo Dios mirara por sus ojos húmedos, abatiendo al instante la austeridad, la insolencia y el rango.

Fuente: Salazar Arrué, Salvador. (1999). Narrativa completa de Salarrué. San Salvador: Dirección de Publicaciones e Impresos.

LA PETACA



LA PETACA
Salarrué

Era pálida como la hoja mariposa; bonita y triste como la virgen de palo que hace con las manos el bendito; sus ojos eran como dos grandes lágrimas congeladas; su boca, cómo no se había hecho para el beso, no tenía labios, era una boca para llorar; sobre los hombros cargaba una joroba que terminaba en
punta: La llamaban la peche María.
       En el rancho eran cuatro: Tules, el tata, La Chon su mamá, y el robusto hermano Lencho. siempre María estaba un grado abajo de los suyos. Cuando todos estaban serios, estaba llorando; cuando todos sonreían, ella estaba seria; cuando todos reían, ella sonreía; no rió nunca. Servía para buscar huevos, para lavar trastes, para hacer rir...
       - ¡Quitá diay, si no querés que te raje la petaca!
       - ¡Peche, vos quizá sos hija del cerro!
       
Tules decía:
       - Esta indizuela no es feya; en veces mentran ganas de volarle la petaca, diún corvazo!
       
Ella lo miraba y pasaba de uno a otro rincón, doblaba de lado la cabecita, meciendo su cuerpecito endeble, como si se arrastrara. Se arrimaba al baul, y con un dedito se estaba allí sobando manchitas, o sentada en la cuca, se estaba ispiando por un hoyo de la paré a los que pasaban por el camino.
       Tenían en el rancho un espejito ñublado del tamaño de un colón y ella no se pudo ver nunca la joroba, pero sentía que algo le pesaba en las espaldas, un cuenterete que le hacía poner cabeza de tortuga y que le encaramaba los brazos: La Petaca.
       Tules la llevó un día onde el sobador.
       - Léi traido para ver si uste le quita la puya, pueda ser que una sobada....
       - Hay que hacer perimentos difíciles, vos, pero si me la dejás unos ocho días, te la sano todo lo posible.
       
Tules le dijo que se quedara.
       Ella se jaló de las mangas del tata; no se quería quedar en la casa del sobador y es que era la primera vez que salía lejos, y que estaba con un extraño.
       - ¡Papa, paíto, ayéveme, no me deje!
       - Ai tate, te digo; vuá venir venir por vos el Lunes.
       
El sobador la amarró con sus manos huesudas.
        - Anadate ligero, te la vuá tener!
       
El tata se fue a la carrera. El sobador se estuvo acorralándola por los rincones, para que no se saliera. Llegaba la noche y cantaban gallos desconocidos. Moqueó toda la noche. El sobador vido quera chula.
       - Yo se la sobo; ¡ajú!- pensaba, y se reiba en silencio.
       Serían las doce, cuando el sobador se le arrimó y le dijo que se desnudara, que le iba a dar la primera sobada. Ella no quiso y lloró más duro. Entonces el indio la trinco a la juerza, tapándole la boca con la mano y la dobló sobre la cama.
       - ¡Papa, papita!.....
       
Contestaban las ruedas de la carretera noctámbulos, en los baches del lejano camino.
       El lunes llegó Tules. La María se le presentó gimiendo...el sobador no estaba.
       - ¿Tizo la peración, vos?
       - Sí papa...
       - Te dolió vos?
       - Sí, papa...
       - Pero yo no veo que se te rebaje...
       - Dice que se me vir bajando poco a poco....
       Cuando el sobador llegó, Tules le preguntó cómo iba la cosa.
        - Pues, va bien -le dijo-, sólo quiay que esperarse unos meses. Tiene quirsele bajando poco a poco.
       
El sobador viendo que Tules se la llevaba, le dijo que porqué no se la dejaba otro tiempito, para más seguridá; pero Tules no quiso, porque la peche le hacía falta en el rancho.
       Mientras el papa esperaba en la tranquera del camino, el sobador le dió la última sobada a la niña. Seis meses después, una cosa rara se fue manifestando en la peche María. La joroba se le estaba bajando a la barriga. Le fue creciendo día a día de un modo escandaloso, pero parecía como si la de la espalda no bajara gran cosa.
       - ¡Hombre! -dijo un día Tules-, ¡esta babosa tá embarazada!
       - ¡Gran poder de Dios! -
dijo la nana.
       - ¿Cómo jué la peración que te hizo el sobador, vos?....ella explicó gráficamente.
       - ¡Ayjuesesentamil! -rugió Tules- ¡mianimo ir a volarle la cabeza!
       
Pero pasaba el tiempo de ley y la peche no se desocupaba. La partera, que había llegado para el caso, uservó que la niña se ponía más amarilla, tan amariya, que se taba poniendo verde. Entonces diagnosticó de nuevo.
       - Esta lo que tiene es fiebre pútrida, manchada con aigre de corredor.
       - ¡Eee?......
       - Mesmamente, hay que darle una güena fregada, con tusas empapadas en aceiteloroco, y untadas con kakevaca.
       
Así lo hicieron. Todo un día pasó apagándose; gemía. Tenían que estarla volteando de un lado a otro. No podía estar boca arriba, por la petaca; ni boca abajo por la barriga.
       En la noche se murió.
       Amaneció tendida de lado, en la cama que habían jalado al centro del rancho. Estaba entre cuatro candelas. Las comadres decían:
       - Pobre, tan güena quera; ¡ni se sentía la indizuela de mansita!
       - ¡Una santa! ¡Si hasta, mirá, es meramente una cruz!
       Más que cruz, hacía una equis, con la línea de su cuerpo y la de las petacas. Le pusieron una coronita de siemprevivas. Estaba cómo en un sueño profundo; y es que ella siempre stuvo un grado abajo de los suyos, cuando todos estaban riendo, ella sonreía; cuando todos sonreían, ella estaba seria; cuando todos estaban serios, ella lloraba; y ahora, que ellos estaban llorando, ella no tuvo más remedio que estar muerta....

Fuente: Salazar Arrué, Salvador. (1999). Narrativa completa de Salarrué. San Salvador, Dirección de Publicaciones e Impresos

El Negro

 SALARRUÉ

El negro Nayo había llegado a la costa dende muy lejos. Sus veinte años morados y murushos, reiban siempre con jacha fresca de jícama pelada. Tenía un no sé qué que agradaba, un don de dar lástima; se sentía uno como dueño de él. A ratos su piel tenía tornasombras azules, de aun azulón empavonado de revólver. Blanco y sorprendido el ojo; desteñidas las palmas de las manos; gachero el hombro izquierdo, en gesto bonachón, el sombrero de palma dorada le servía para humillarse en saludos, más que para el sol, que no le jincaba el diente. Se reiba cascabelero, echándose la cabeza a la espalda, como alforja de regocijo, descupiendose toduel y con gárgaras de oes enjotadas.
        El negro Nayo era de porái…: de un porái dudoso, mescla de Honduras y Berlice, Chiquimula y Blufiles de la Costelnorte. De indio tenía el pie achatado, caitudo, raizoso y sin uñas -pie de jenjibre-; y un poco la color bronceada de la piel, que no alcanzaba a velar su estructura grosera, amasada con brea y no con barro. Le habían tomado en la hacienda como tercer corralero. No podía negársele trabajo a este muchacho, de voz enternecida por su propio destino. Nada podía negársele al negro Nayo: así pidiera un tuco e dulce, como un puro o un guacal de chicha. Pero, al mismo tiempo era -pese a su negrura- blanco de todas las burlas y jugarretas del blanquío; y más de alguna vez lo dejaron sollozante sobre las mangas, curtidas con el barro del cántaro y la grasa de los baldes. Su resentimiento era pasajero, porque la bondad le chorreaba del corazón, como el suero que escurre la bolsa de la matequilla. Se enojaba con un "no miablés”…y terminaba al día siguiente el enojo, con una palmada en la paletiya y su consiguiente: "¡veyan qué chero éste!".... y la tajada de sonrisa, blanca y temblorosa como la cuajada.
        Chabelo "boteya", el primer corralero, era muy hábil. Tenía partido entre las cipotas del caserío, por arriscado y finito de cara; por miguelero y regalón; pero, sobre todo, porque acompañaba las guitarras con una su flauta de bambú que se había hecho, y que sonaba dulce y tristosa, al gusto del sentir campesino. Nadie sabía cuál era el secreto de aquel carrizo llorón. Bía de tener una telita de araña por dentro, o una rendija falsa, o un chflán carculado...... La Fama del pitero Chabelo, se había cundido de jlores como un campaniyal. Lo llamaban los domingos y ya cobraba la vesita, juera de juerga o de velorio, de bautizo o de simple pasar. Un día el negro Nayo se arrimó tantito a Chabelo "boteya", cuando éste ensayaba su flauta, sentado en el cerco de piedras del corral. Le sonrió amoroso y le estuvo escuchando, como perro que mueve el rabo.
       - ¡Oyí negró, querés que tenseñe a tocar?....Por la cara pelotera del negrito, pasó un relámpago de felicidad.
       - Mire, chero, y yo le vuá a pagar el sábado, pero no me vaya a tirar...
       Después de las primeras lecciones. Chabelo el pitero, le arquiló la flauta al negro para unos días. El negro se desvelaba, domando el carrizo; y lo domó a tal punto, que los vecinos más vecinos que estaban a las tres cuadras, paraban la oreja y decían:
        - ¡Oiga, puero ese Chabelo! es meramente un zinzonte el infeliz.....
        - Mesmamente; diayer paroy, le arranca el alma al cristiano como nunca.
        Callaban.....y embarcaban sus silencio en el cayuco bogante de aquella flauta apasionada, que los hundía en la dulzura de un recordar sin recuerdos, de un retornar sin retorno. En poco tiempo, el negro Nayo sobrepasó la fama de Chabelo. Llegaban gente de lejos para oírlo; y su sencillez y humildad de siempre se coloreaban de austeridad y poderío, mientras su labio cárdeno soplaba el agujero milagroso. El propio Chabelo, que creyó, todos los secretos del carrizo, se quedaba pasmado, escuchando -con un sí es, no es, de despecho- el fluir maravilloso de un sentimiento espeso que se cogái con las manos.
       Una tarde dioro en que el negro estaba curando una ternera trincada, con una pluma de pollo untada de creolina, Chabelo se decidió por fin; y un tanto encogido, se acercó y le dijo:
       -Mirá, negro, te pago dos bambas si me decis el secreto de la flauta. Vos le bís hallado algo que le pone esa malicia... seya chero y me lo dice...

       El negro se enderezó, desgreñado, blanca la boca de dientes amigos y franca la mirada de niño. Tenía abiertos los brazos como alas rotas, sosteniendo en una mano la pluma y en la otra el bote.......miró luego al suelo empedrado y meditó muy duro. Luego. como satisfecho de pensada, dijo al pitero:
       -No me creya egóishto, compañero, la flauta no tiene nada: soy yo mismo, mi tristura…, la color....

FUENTE: Salazar Arrué, Salvador. (1999). Narrativa completa de Salarrué. San Salvador: Dirección de Publicaciones e Impresos.

miércoles, 21 de junio de 2017

Anastasio Aquino



Anastasio Aquino
Poema de Pedro Geoffroy Rivas

Todavía es ajena la tierra en que reposas
Viejo abuelo de piedra. Tu raza indestructible
Todavía se afana bajo el yugo. Imposible
Es el grito que duras gargantas presurosas,
Bajo el amargo signo del trópico impasible,
aprientan como gajo lacerante de rosas.
Se curvan las espaldas, sangrantes, dolorosas,
Surcadas por las huellas del látigo terrible.
Ya no duermas abuelo. Vencedor de la muerte,
Alza tu voz antigua, consoladora y fuerte,
Y que otra vez se escuche tu gran grito de guerra.
Erguida para siempre, alta en el sol la frente,
Repetirá tu raza de levante a poniente 
El eco milenario de “Tierra, Tierra, Tierra”.

Fuente: Geoffroy Rivas, Pedro. (1996). Los nietos del jaguar. (1a. Ed.). San Salvador: CONCULTURA. 

martes, 20 de junio de 2017

La Sirvienta y el Luchador

La Sirvienta y el Luchador de Horacio Castellanos Moya

Por Miguel Huezo Mixco

Hemos construido una sociedad horrible.
El Salvador se describe con tres v: violenta, vil y vacía. Sí, muy vacía. Vacía y vil. Pero, sobre todo, violenta. El asesinato como forma de resolver las diferencias se ha arraigado desde hace décadas en la cultura salvadoreña mediante un continuado y cada vez más sofisticado ejercicio. La Mara Salvatrucha, nacida en Los Ángeles, que castiga los barrios más pobres de las ciudades del país, y que se ha ramificado como epidemia por buena parte de Centroamérica y México, es hija directa de los torturadores de finales del siglo pasado. Y también de la guerra de liberación. Tres generaciones van ya dándose un festín con los cadáveres esparcidos por doquier como calabazas reventadas en una noche de brujas. Ahora la violencia campea desnuda de ideologías.
Las escenas que se viven a diario, escandalosamente magnificadas por los periódicos y la televisión, parecen venir de la imaginación de un psicópata. Este asunto rebasa la posibilidad de cualquier localismo. Aunque se esfuerce por mantenerse a la vanguardia, El Salvador es solo uno de los peores. La violencia se llena los carrillos y sopla por toda Latinoamérica, y no solo produce cadáveres y mutilaciones, sino que también hace palidecer las ficciones de los escritores, incluidos los más bizarros. En nuestros países –desiguales, corrompidos, penetrados por el narco y donde muchos jóvenes deben emigrar o unirse a una pandilla para sobrevivir– la realidad amenaza con volverse cada vez más gruesa. Frente a un horizonte que promete incrementar nuestro bestiario, el trabajo del escritor, ha dicho Horacio Castellanos Moya, consiste en tragar y digerir la cruda realidad “para luego reinventarla de acuerdo con las leyes propias de la fabulación literaria”.
La sirvienta y el luchador, la más reciente novela de este autor, forma parte de una saga que tiene como eje la historia de una familia arrastrada al remolino de la violencia política. Son cuatro libros, publicados entre 2004 y 2011, que debieran leerse como capítulos de una gran novela de época.
El primero, Donde no estén ustedes (2004), cuenta la historia de amor y traición de Alberto Aragón, un alcoholizado exdiplomático que goza de la confianza de los grupos rebeldes y de sectores del gobierno militar durante la guerra civil, y que encuentra la muerte de manera oscura. Luego le siguió Desmoronamiento (2006), que transcurre en 1969, el año de una breve y cruenta guerra entre Honduras y El Salvador, episodio que hace estallar los conflictos entre la hondureña Teti Mira –casada con el comunista salvadoreño Clemente Aragón– y su dominante madre Lena. La historia de los Aragón regresa en Tirana memoria (2008), novela que tiene como trasfondo el alzamiento contra el dictador Maximiliano Hernández Martínez, en abril de 1944. Pericles Aragón, periodista liberal y enemigo del régimen, es llevado a la cárcel, mientras su hijo Clemente escapa de ser atrapado por los militares.
La sirvienta y el luchador es, entre todas, la novela que más crudeza destila en el lenguaje y en las situaciones que describe. Quizás sea como un supremo esfuerzo por arañar la inenarrable realidad de los primeros años de la guerra civil salvadoreña.
La trama transcurre en San Salvador durante unos pocos días de 1980. Los jóvenes esposos Albertico y Brita son secuestrados por un escuadrón de la muerte y llevados a las cámaras de tortura del cuartel de la Policía Nacional, conocido como “el Palacio Negro”. Albertico es hijo del exdiplomático Alberto, sobrino de Clemente y nieto de Pericles Aragón, aparecidos en novelas anteriores.
En torno al secuestro se juntan las historias de El Vikingo, un sicario y exluchador profesional; María Elena, empleada doméstica de la familia Aragón, que emprende un viaje al corazón de las tinieblas tratando de dar con el paradero de la pareja; y Joselito, un universitario que apenas ha comenzado a cocerse al vapor de los grupos revolucionarios. Con estos personajes, Castellanos Moya relata no solo las crispadas relaciones de una sociedad que se encamina a la guerra civil, sino también las de los habitantes de los calabozos del cuerpo policial, quienes se disputan los cuerpos de sus víctimas no solo para martirizarlas, sino también para procurarse placer sexual. El Vikingo participa en aquel jolgorio: propina puntapiés, abofetea y hasta le escupe en el ano a una de las prisioneras. La novela incursiona también en el mundo de María Elena. Ella es un alma buena que no sabe dónde se encuentra parada. Pronto se dará cuenta de que camina sobre un estercolero. Guarda el origen de su hija, Belka, como un oscuro secreto personal. A su vez, Belka, que trabaja como enfermera en el Hospital Militar, es seducida por el médico jefe y reclutada para atender a los sicarios heridos en las operaciones encubiertas. Luego, están los grupos revolucionarios, sus procesos de iniciación, su azarosa vida secreta, viviendo sus combates con la emoción de un juego peligroso y despiadado.
Todos los personajes se miran envueltos en una vorágine de conspiraciones, luchas callejeras, capturas, tiroteos, sesiones de tortura. Es una sociedad sin descanso ni tregua por causa de la violencia. Y las muertes se repiten, una tras otra. Muerte contra muerte. La novela está claveteada con una violencia que asalta e interpela al lector y lo convierte también en una víctima. La violencia es el gran personaje de esta novela y de toda la saga de la que forma parte. Una violencia que Horacio Castellanos Moya utiliza para iluminar la tragedia de tres generaciones.


Fuente: Huezo Mixco, Miguel. (2017, 20 de junio). La Sirvienta y el Luchador de Horacio Castellanos Moya. Letras Libres. Recuperado de: http://www.letraslibres.com/mexico-espana/la-sirvienta-y-el-luchador-horacio-castellanos-moya

Corina Bruni


Corina Bruni, escritora salvadoreña nacida en Santa Ana en 1930. Se inició en el oficio de escribir en 1977. Su fuerte es la prosa y poesía y la mayoría de sus libros son de literatura para niños. Básicamente su obra se encuentra de forma dispersa en revistas culturales y en periódicos de cobertura nacional como El Diario de Hoy donde se inició como escritora, La Prensa Gráfica, Diario El Mundo y Diario Latino.  
Algunas de sus publicaciones para niños son:
Dijo la Aurora a la Brisa
Y hablaron los animales
Arriba el telón
Nube Escuela
Hormiguita y Hormigón
Juguemos a contar cuentos
Leyendas y algo más
La casa de papel
Pompas de Jabón
Sol-So-Bri-Sol
Luna de Algodón
77 fabulas y algo más
Lights and Colors (Bilingüe)
Rataplán
Podemos mencionar dentro de sus libros para un público lector adulto los títulos siguientes:
Amen
Prisionera en el planeta
Altibajos
Auroras y Ocasos
Patria Valiente


YO NO CREO

Yo no creo en las flores
Sobre las tumbas frías,
Ni en el llanto que mana
De los ojos ingratos;
Tampoco en las plegarias
Monótonas… tardías.
No creo en los lamentos
Que recogen las nubes
Y los inquietos vientos.
Creo en una sonrisa,
En la palabra suave,
Creo en una caricia,
En la tierna mirada
Que eterniza el instante;
Creo en la comprensión
Que comparte el dolor;
En el leve suspiro
Del pecho palpitante…
¡Y creo en el amor!

Fuente: Bruni, C. (1991). Prisionera en el Planeta. (1a. Ed.). San Salvador: Imprenta y Offset Ricaldone

sábado, 17 de junio de 2017

Biblioteca Municipal: un encuentro entre la información, el conocimiento y la cultura


Los capitalinos cuentan con una moderna Biblioteca Municipal ubicada en el segundo nivel del Mercado Cuscatlán. Fue inaugurada por el alcalde Nayib Bukele el 16 de diciembre del año pasado y se considerada una de las obras más emblemáticas del edil, ya que es la primera en su género administrada por el gobierno municipal de San Salvador.
El acervo bibliográfico de la Biblioteca es de 5,000 volúmenes y reúne títulos de las diversas áreas del conocimiento: obras generales, filosofía y psicología, religión, ciencias sociales, lenguas, ciencias puras y aplicadas, arte, recreación y deportes, literatura y geografía e historia.
La Biblioteca municipal se ha convertido en un espacio de encuentro entre la información, el conocimiento y la cultura. Niños, jóvenes y adultos acuden diariamente a deleitarse con una buena lectura, a satisfacer sus necesidades de información, a realizar sus tareas escolares y a cultivar la lectura por placer y recreativa. Al cumplir medio año de haber sido inaugurada, la Biblioteca ha recibido más de 90,000 visitas. Algunos datos que se destacan de la Biblioteca municipal son los siguientes:
Es la única biblioteca del país que brinda servicio todos los días del año, incluyendo días festivos y es además la única que cierra a las 12 de la noche. La modalidad de consulta es de estantería abierta, permitiendo a los lectores el acceso directo a los libros. Su fondo bibliográfico es totalmente actualizado y cuenta con ediciones de lujo y de editoriales de prestigio y con autoridad en sus respectivas áreas de difusión. Cuenta con 32 computadoras debidamente equipadas y con acceso a internet.
Wifi de 40 megas de velocidad. Además, área de ludoteca, de lectura con adecuada iluminación y aire acondicionado.
La Biblioteca cuenta con un programa de extensión bibliotecaria que incluye Recitales de Poesía, cuentacuentos, presentaciones de libros, conversatorios, clubs de lecturas, talleres de lecto-escrituras, talleres de lecturas, proyecciones de cine, conciertos de música en formato acústico, visitas guiadas a centros escolares y talleres de computación.
Los capitalinos de todas las edades encontraran en la Biblioteca Municipal la opción para satisfacer sus necesidades de información, de culturizarse y de deleitarse con el placer que produce la lectura. Miles de libros, independientemente de la nacionalidad de los autores, del género y del periodo o movimiento literario al que pertenecen esperan por ti. El alcalde Nayib Bukele ha asegurado que diferentes comunidades como la IVU e Iberia tendrán bibliotecas modernas como la del Mercado Cuscatlán ya que, según el edil, los niños y los jóvenes de la capital que históricamente han sido marginados merecen tener infraestructuras de calidad.

Fuente: Riverac (16 de junio de 2017). Biblioteca Municipal: un encuentro entre la información, el conocimiento y la cultura. Diario La Portada. Recuperado de http://diariolaportada.com/