jueves, 26 de abril de 2012

Cuzcatlan Donde Bate la Mar del Sur

Manlio Argueta




“… me partí a otro pueblo que se dice Acaxual, donde bate la mar del Sur en él… ví los campos llenos de gente de guerra. ... con sus armas ofensivos y defensivos, en mitad de un llano... y llegando o esta ciudad de Cuxcaclan, hallé todo el pueblo alzado; y mientras nos aposentábamos, no quedó hombre de ellos en el pueblo, que todos se fueron a las sierras ... ".
 (Carta-Relación de Pedro de Alvarado a Hernán Cortés, 27 de julio de 1524; se refiere a la conquista de Cuzcatlán, ahora El Salvador).
 "¿Encontrarás bella esta montaña? Yo la odio. Para mí significa la guerra. Nada más que el teatro para esta guerra de mierda... "
 (Responde el Cdte. Jonatán a un periodista extranjero que le hace solicitud para tomar fotos de las montañas, Frente Oriental, El Salvador, 1983).

Opiniones:

Algunas opiniones expresadas por profesores de universidades norteamericanas que han estudiado la obra del autor:

"En entrevistas y artículos sobre Manlio Argueta la atención suele centrarse en el aspecto político, negando la intencn literaria profunda que hay en sus obras". Ineke Phaf, de la Universidad de Virginia.

 "Cuando se asume de manera frontal una responsabilidad testimonial (personalmente peligrosa) ante la historia, Argueta y su obra contribuyen enormemente a definir un cánon más justo en todo sentido". Wilfrido H. Corral, colaborador de Revista Vuelta, México, y profesor de la Universidad de Stanford.

 "Su discurso participa de la autobiografía, la crónica, el reportaje periodístico, la novela, el cuento, el relato mítico". Monique Sarfati-Arnaud, Universidad de Montreal.

 "Manlio Argueta crea un discurso de gran complejidad narrativa y alto contenido estético, cuyos paradigmas pueden encontrarse en las grandes narrativas burguesas de los siglos XIX y XX,I. Nicasio Urbina, de.la Universidad de Tulane.

 "Escritores como Manlio Argueta aparecen como en la sierra de repente sale un hilo de agua". Fernando Alegría, profesor de la Universidad de Stanford.

Fuente: Argueta, M. (2006). Cuscatlán Donde Bate la Mar del Sur. (11ª. Ed.). San Salvador: Adelina Editores.

miércoles, 25 de abril de 2012

Literatura de El Salvador: desde la época precolombina hasta nuestros días


                   María B. de Membreño



                       
                                   PREAMBULO

El  conocimiento de nuestra Literatura es deficiente, aun dentro del propio país. No es de extrañar, pues, que las obras publicadas en España y Sud América sobre poesía y letras, se ocupen muy poco de nuestros poetas y literatos, y hasta existan autores que pretendan ignorarlos o los ignoren por completo. Esto viene a demostrar palmariamente la necesidad de divulgar la hermosa y fecunda producción bibliográfica nacional, y a tal fin tiende nuestro esfuerzo por medio de la presente obra de LITERATURA DE EL SALVADOR, en el cual, además de presentar citas de autores nacionales de diferentes épocas, hemos tratado de ofrecer una antología de poetas, pensadores y literatos salvadoreños.
La notoria escasez de obras de consulta sobre la materia no nos ha permitido ofrecer un caudal mayor, acorde con la frondosidad de nuestra producción lírica y literaria. No obstante, sin dejar de reconocer que hay muchas lagunas en nuestro modesto trabajo, creemos hacer con él una contribución para el mejor conocimiento de los autores líricos y literarios de El Salvador.
Hace algún tiempo, en una interesante entrevista que el poeta salvadoreño Hugo Lindo celebró en Santiago de Chile con Ricardo Latchman, este eminente crítico y hombre de letras expresó, entre otras cosas, lo que sigue: "Por lo que a mí toca, que también he estudiado Centro- América, -y he reunido todos los materiales que he podido, creo que el problema de Centro-América es primero el de reunir los materiales. Todavía no se ve un trabajo previo a los estilísticos, o a métodos de investigación más modernos. Todavía está por hacerse una historia, o general o parcial, de lo que comprende la literatura de Centro América".
Por su parte, el Dr. Hugo Lindo ha expresado que" como en Centro-América no están muy avanzadas las investigaciones histórico-literarias, todo intento parcial, cualesquiera sean sus deficiencias, “Viene a ser contribución útil al trabajo que alguien, alguna vez, emprenderá para armar, con las piezas que hoy se dejen, el rompecabezas orgánico".
La autora de esta obra, sin pretensiones de ninguna clase, ha tratado de poner su grano de arena ofreciendo' algo de lo mucho que en literatura posee El Salvador y que, no obstante el volumen y la calidad, permanece casi inédito, como se comprueba al leer obras de consulta y antologías hispanoamericanas. en donde nuestras poetas y escritores no aparecen sino por excepción.
Ya para finalizar la entrevista, el señor Latcbman dijo a nuestro distinguido compatriota:
"No soy partidario de empezar por la cúpula, es decir, por el método estilístico. Hay que empezar por reunir el acervo nacional".
Aunque fragmentario, el presente trabajo tiende a tan importante finalidad, como el de todos cuantos admiramos las bellas letras de nuestro país. A medida que avancemos en este trabajo, lo iremos enriqueciendo con hallazgos literarios que incluiremos en los próximos tomar, conforme a un orden cronológico y por materias.
Esta modesta obra la dedicamos al Magisterio y a la Juventud estudiosa de Centro América.
                                      María B. de Membreño
Fuente: De Membreño, M. B. (1955).  Literatura de El Salvador: desde la época precolombina hasta nuestros días. Tomo I. San Salvador: Tipografía Central.






   María B. de Membreño

Fuente: De Membreño, M. B. (1955).  Literatura de El Salvador: desde la época precolombina hasta nuestros días. Tomo I. San Salvador: Tipografía Central.

martes, 24 de abril de 2012

Al Otro Lado del Mar y Otras Voces; Dramaturgia de Jorgelina Cerritos

Jorgelina Cerritos


En Centroamérica la dramaturgia está siendo desterrada progresivamente de los anaqueles, las libreras y librerías. Esto responde al poco interés que existe en los lectores hacia el teatro como literatura, quizás por la calidad de lo que se escribe actualmente o por el constante bombardeo del cine y la televisión. Las editoriales prefieren publicar una novela o un poemario, que les resultará más rentable, antes que una comedia o una tragedia. El teatro se está convirtiendo, entonces, únicamente en un arte escénico, un hecho artístico efímero.
Es reconfortante encontrar, pues, dramaturgos y dramaturgas necias, empecinadas en eso de que el teatro también es literatura, que no niegan la necesidad de la escena pero que ven la dramaturgia como la base fundamental del teatro y que generan obras dramáticas que pueden ser montadas o leídas indiscriminadamente.
Jorgelina Cerritos es un ejemplo de esas dramaturgas necias y necesarias. Sus dramas han sido reconocidos a nivel internacional y han hecho visible este estrecho territorio centroamericano en la vasta dramaturgia universal. Sus personajes manejan un lenguaje cotidiano y sus estructuras responden a las necesidades propias del drama alejándose del simple formalismo. El ritmo dramático se subordina también a las necesidades de los personajes contrastando diálogos sumamente picados, que hacen sentir en el lector una cierta violencia, con monólogos internos llenos de poesía y calma.
En Al otro lado .del mar, Cerritos coloca frente a frente a dos personajes sumamente contrastantes: Dorotea y Pescador. Dorotea es la representación de lo establecido, de "lo que debe ser", es la personificación de alguien que se encuentra en un sistema donde todo funciona "correctamente", ese sistema que nos convierte a todos en engranes y nos obliga a perder nuestra humanidad manidad, nuestros sueños, nuestra esencia. Ella incluso ve la vida como algo que debe vivirse porque así está establecido. Dorotea únicamente escapa en sus soliloquios, sus monólogos interiores donde se encuentra con aquellos que nunca fueron porque el sistema no se lo permitió: sus hijos que nunca existieron, el hombre al que ama que nunca existió, su vida misma, su esencia. Pescador, en cambio, pareciera que ha crecido en un mundo paralelo, aislado totalmente de todo y de todos. Experimenta, ahora que es adulto, todo lo que cualquiera, a su edad, ya ha vivido: el encuentro con otras personas, la amistad, el amor. Pescador descubre y nombra todo lo que se encuentra con la misma potestad que tuvo Adán en su Paraíso, nombra las cosas por lo que son y no por lo que los demás quieren que sean, por eso el perro es Perro y la barca es Barca porque no se necesita otra cosa más que la esencia de cada cosa. Sólo le hace falta algo: descubrirse a él mismo. Pescador es un personaje puro, sin contaminantes, sin cargas ajenas y sin pendientes. Dorotea le debe la vida al deber y siente que su obligación es cumplir con lo que se le ha asignado.
El encuentro entre estos dos personajes tan contrastantes podría haber sido bastante violento pero la autora nos regala un encuentro muy tranquilo, mágico incluso, que nos hace recordar Macondo y el París de Cortázar. En el plano metafórico Al otro lado del mar puede representar el encuentro de dos culturas en la actualidad, ese mismo encuentro que se dio hace más de 500 años y que cambió el curso de la historia. Pescador es esa Latinoamérica que busca lo que se le fue arrebatado, ese desarrollo natural que se le fue negado y sustituido por otro desarrollo extranjero, impuesto y que además ya había madurado. Esa Latinoamérica que exige ser reconocida pero no bajo los patrones establecidos por la historia de los conquistadores, de los invasores, sino reconocida por su esencia misma. Por eso él inicia su propio génesis, su propia creación sin artificios y sin ayuda de terceros, su propio creador es él mismo y sólo pide el reconocimiento. Dorotea es el claro ejemplo de una persona conquistada, con deberes que le son ajenos y que la han hecho desperdiciar su propia vida. Ella carga con esa historia que se enseña en las escuelas, esa historia dictada por los ganadores, llena de prejuicios y omisiones. Pescador, en cambio, no ha sido afectado por esa historia que tiene Dorotea en su espalda, esa historia de los que imponen y crean máquinas que necesitan ensamblajes y no personas. Pescador exige ser reconocido pero no como parte de esa maquinaria sino que pide se respete su esencia misma: él es un pescador y por eso es Pescador. La Latinoamérica que plantea Jorgelina Cerritos en Al otro lado del mar es la que acaba de nacer en pleno siglo XXI, esa que va caminando a pasos grandes hacia el futuro y que no se conforma con ver simplemente al horizonte sino busca atravesarlo.
En Respuestas para un menú Cerritos presenta los resultados de la incomunicación. Clara y Héctor viven la rutina del día a día y se dejan llevar por ella, pero son arrastrados a corrientes poco amistosas. Pero es Clara la que despierta de ese letargo y trata de escapar conscientemente de esa relación destructiva por su pasividad. Héctor parece no darse cuenta de lo que pasa alrededor y por eso, cualquier esfuerzo por mantener su unión con Clara provoca más distancia entre los dos. Las conversaciones entre ambos se convierten en verdaderas batallas donde ninguno sale vencedor. Los personajes no hablan, pelean. Pero, al igual que en Al otro lado del mar, los personajes encuentran un escape dentro de ellos mismos y es en los monólogos internos donde su verdadero yo asoma. Sin embargo no hay paz en esos escapes, hay una tortura constante ante las decisiones contundentes que desde mucho tiempo se debieron tomar, antes de llegar al automatismo y sentirse bien así. Los personajes ya no quiere ni siquiera cerrar los ojos para no entrar en los sueños ... en esos sueños que les hacen escapar y como consecuencia les aprisionan, ellos prefieren ver las figuras que se hacen en el techo de su habitación o esconderse en el silencio con tal de no torturarse. Héctor y Clara son dos personajes que nacieron para estar acompañados, el problema es que son incompatibles, uno no está hecho para el otro. Sin embargo la misma casa, la misma rutina, son los elementos que paradójicamente los mantienen unidos y a la vez los separan cada día más y más. Clara es consciente que ha dejado pasar su vida encerrada en esa casa de vidrio frio y silencioso; seguramente Héctor también ha dejado pasar su vida pero no es consciente de eso y se aferra a Clara de tal forma que sólo acelera la inminente separación. Ambos anhelan una vida mejor pero se han dado cuenta que la felicidad se ha ido con el tiempo, con la infancia. Se han dado cuenta que la vida no da segundas oportunidades.
El drama se dirige hacia un final necesario y que contiene un elemento perturbador y provocativo: la insoportable necesidad del otro. Pareciera que la autora nos dice que la vida misma repele la soledad y ese cuento de hadas del que habla Clara donde no cabe Héctor, es un verdadero sueño imposible y aunque parece un final cerrado nos deja la terrible espina de la duda de un posible encuentro futuro y el retorno a la tortura del convivir.
En Una ronda para José, Cerritos nos presenta una familia típica centroamericana, salvadoreña para ser exactos, de clase baja, trabajadora, en crisis: Ulla ha sido despedida de su trabajo, Memeyo no ha concretado un negocio importante y Gina siente cierto malestar en sus piernas que no terminamos de entender. El llanto de José y la aproximación de una fuerte tormenta son el marco ambiental de este drama que se desarrolla de manera simple y que recuerda la estructura de Edipo Rey, donde la llegada de personajes externos completa la información que necesitamos para comprender la historia y su mensaje. Las cosas no van bien en esa casa y Gina busca en personajes externos (el Padre, la Enfermera y el Psicólogo) la ayuda que necesita para calmar a José pues ellos son incapaces de resolver nada. Sin embargo, accidentalmente encuentran un momento de paz. La nostalgia y los recuerdos son el sitio de escape para poder sobrevivir este día a eso que amenaza afuera. Como en Al otro lado del mar la magia se siente y se centraliza especialmente en el llanto del niño y la tempestad que se aproxima. Los personajes son totalmente realistas y representan, con ciertos estereotipos, grupos sociales y profesionales de la actualidad.
A diferencia de los héroes clásicos los héroes actuales no surgen de las cunas de alta alcurnia sino que surgen del propio pueblo, de la pobreza incluso. Un héroe se enfrenta a algo superior, algo que lo sobrepasa y que, inminentemente, lo destruye. Así Edipo se enfrenta a su destino, Otelo a sus propias pasiones y John Proctor a una estructura social/religiosa que lo devora. La familia de José no le envidia nada a estos héroes. El llanto del niño y la tempestad que se aproxima son señales de aquello que esta familia, en específico, no puede manejar; aquello que es más grande que ellos, así como Edipo no puede pelear con su destino, esta familia no puede contra eso tan grande que los termina convirtiendo en héroes.
Pero a diferencia de Jasón, Edipo o Antígona, los familiares de José encuentran el arma que hace transformar las cosas: su propia niñez. Al regresar a su niño, a su niña, los adultos encuentran ese arma que los hace vencedores. El mal tiempo y el llanto de José se transforman en claridad y risa... un respiro realmente, el respiro que necesitan para irse a dormir y enfrentar el día siguiente que los espera y que seguramente mostrará su fea cara, pero ellos van armados, armados con sus recuerdos, con sus rondas, con la felicidad hallada y compartida, eso que tienen en común incluso con José: Ellos también fueron niños, fueron niñas, llora- ron sí, pero sobre todo rieron y eso los hace vencedores.
Cabe mencionar un rasgo estilístico de la dramaturgia de Jorgelina Cerritos: el uso de las acotaciones. En su teatro las didascalias se convierten en necesarias, por ejemplo la acotación final de Al otro lado del mar, esa entrada de Perro a escena es totalmente necesaria e indescartable ya que si bien podríamos tener un poco de duda sobre la historia que Pescador ha contado sobre él mismo y sus seres queridos, la llegada de Perro convierte en realidad todo el pasado de Pescador, y por consiguiente nos lleva al mundo de los posible. La mención de los días que van pasando no sólo dan una referencia a los días de la Creación sino que también hacen posible esos saltos temporales que hacen más dinámica la obra teatral.
En Respuestas para un menú la ceremonia de enterramiento de la muñeca en la arena se convierte en una analogía perfecta de la vida de Clara en esa casa de vidrio y hay que resaltar que, al igual que el encierro de Clara, el enterramiento de la muñeca es realizado por ella misma.
En Una ronda para José, la tormenta que se acerca y se ve a través de la puerta, el llanto de José y los dolores de piernas de Gina, representan al antagonista abstracto de la obra y al suprimir cualquiera de estos elementos, descritos en las acotaciones, el enfrentamiento final, con canciones y rondas, no podría llevarse a cabo.Aunque su conocimiento y manejo escénico es basto, el uso del lenguaje, el ritmo de sus dramas, la manera de enfrentar los temas y el desarrollo de sus personajes, convierten a Jorgelina Cerritos en una verdadera literata.
Jorgelina ha logrado trascender el teatro centroamericano y lo ha llenado de poesía, de realismo mágico y ha generado nuevamente la necesidad de poner el teatro, no sólo en las tablas, sino en los anaqueles, en las llbreras, en las mesas de noche y en las librerías.

René Estuardo Galdámez.
Dramaturgo y Director teatral.
Guatemalteco. 


Jorgelina Cerritos

Actriz y dramaturga salvadoreña. Premio Literario Casa de las Américas, 2010, en el género Teatro. Inició su formación artística en la disciplina de Teatro en 1990, habiéndose desarrollado como actriz desde 1993 y como dramaturga desde el año 2000, manteniendo una presencia constante en la escena salvadoreña hasta la fecha. Su voz dramática la ha ido conformando a partir de experiencias tan disímiles como formativas: el retorno a los orígenes con el maestro Filánder Funes, la ventana de la Creatividad sin Fronteras del maestro Fernando Umana y las didascalias de los dramaturgos José Sanchis Sinisterra y Arístides Vargas. Su obra literaria teatral cuenta con los reconocimientos: 


Gran Maestre en Dramaturgia Infantil, El Salvador, 2004.

Premio Literario Casa de las Américas, La Habana, Cuba, 2010.

Premio Latinoamericano de Teatro George Woodyard, Estados Unidos, 2011.

Sus obras El Coleccionista y Respuestas para un menú, han sido llevadas a escena por su grupo de teatro Los del Quinto Piso y presentadas tanto a nivel nacional como internacional.

Además del Teatro cultiva la Poesía, géneros en los que escribe tanto para niños como para adultos.

A partir de los reconocimientos internacionales obtenidos, ha sido invitada a diferentes eventos literarios y teatrales para realizar lecturas, charlas y conversatorios sobre su obra en diversos países de Centro y Sur América.

Fuente: Cerritos, J. (2012). Al Otro Lado del Mar y Otras Voces; Dramaturgia de Jorgelina Cerritos. San Salvador, El Salvador: Pedagógica Ediciones



La Botija

                                                                                (Cuento)
                                                                                 Salarrué


José Pashaca era un cuerpo tirado en un cuero; el cuero era un cuero tirado en un rancho; el rancho era un rancho tirado en una ladera. Petrona Pulunto era la nana de aquella boca: -¡Hijo: abrí los ojos, ya hasta la color de que los tenés se me olvidó! José Pashaca pujaba, y a lo mucho encogía la pata. -¿Qué quiere mama? -¡Qués nicesario que tioficiés en algo, yastás indio entero! -Agüén!...Algo se regeneró el holgazán: de dormir pasó a estar triste, bostezando. Un día entró Ulogio Isho con un cuenterete. Era un como sapo de piedra, que se había hallado arando. Tenía el sapo un collar de pelotitas y tres hoyos: uno en la cabeza y dos en los ojos.
-¡Qué feyo este baboso! -llegó diciendo. Se carcajeaba-; ¡es meramente el tuerto Cande!... y lo dejó, para que jugaran los cipotes de la María Elena. Pero a los dos días llegó el anciano Bashuto, y en viendo el sapo dijo:
-Estas casitas son obra denantes, de los agüelos de nosotros. En las aradas se incuentran catizumbadas. También se hallan botijas llenas dioro. José Pashaca se dignó arrugar el pellejo que tenía entre los ojos, allí donde los demás llevan la frente. -¿Cómo es eso, ño Bashuto? Bashuto se desprendió del puro, y tiró por un lado una escupida grande como un caite, y así sonora. -Cuestiones de la suerte, hombré. Vos vas arando y ¡plosh!, derrepente pegás en la huaca, y yastuvo; tihacés de plata. -¡Achís!, ¿en veras, ño Bashuto?
-¡Comolóis! Bashuto se prendió al puro con toda la fuerza de sus arrugas y se fue en humo. Enseguiditas contó mil hallazgos de botijas, todos los cuales el "bía prisenciado con estos ojos". Cuando se fue, se fue sin darse cuenta de que, de lo dicho, dejaba las cáscaras.
Como en esos días se murió la Petrona Pulunto, José levantó la boca y la llevó caminando por la vecindad, sin resultados nutritivos. Comió majonchos robados, y se decidió a buscar botijas. Para ello, se puso a la cola de un ara- do y empujó. Tras la reja iban arando sus ojos. Y así fue como José Pashaca llegó a ser el indio más holgazán y a la vez el más laborioso de todos los del lugar. Trabajaba sin trabajar -por lo menos sin darse cuenta- y trabajaba tanto, que las horas coloradas lo hallaban siempre, sudoroso, con la mano en la mancera y los ojos en el surco.
Piojo de las lomas, caspeaba ávido la tierra negra, siempre mirando al suelo con tanta atención, que parecía como si entre los borbollos de tierra hubiera ido dejando sembrada el alma. Pa que nacieran perezas; porque eso sí, Pashaca se sabía el indio más sin oficio del valle. El no trabajaba. El buscaba las botijas llenas de bambas doradas, que hacen "¡plocosh!" cuando la reja las topa, y vomitan plata y oro, como el agua del charco cuando el sol comienza a ispiar detrás de lo del ductor Martínez, que son los llanos que topan al cielo.
Tan grande como él se hacía, así se hacía de grande su obsesión. La ambición más que el hambre, le había parado del cuero y lo había empujado a las laderas de los cerros, donde aró, aró, desde la gritería de los gallos que se tragan las estrellas, hasta la hora en que el güas ronco y lúgubre, parado en los ganchos de la ceiba, puya el silencio con sus gritos destemplados.
Pashaca se peleaba las lomas. El patrón, que se asombraba del milagro que hiciera de José el más laborioso colono, dábale con gusto y sin medida luengas tierras, que el indio soñador de tesoros rascaba con el ojo presto a dar aviso en el corazón, para que éste cayera sobre la botija como un trapo de amor y ocultamiento. Y Pashaca sembraba, por fuerza, porque el patrón exigía los censos. Por fuerza también tenía Pashaca que cosechar, y por fuerza que cobrar el grano abundante de su cosecha, cuyo producto iba guardando despreocupadamente en un hoyo del rancho, por siacaso.
Ninguno de los colonos se sentía con hígado suficiente para llevar a cabo una labor como la de José. "Es el hombre de jierro", decían; "ende que le entró asaber qué, se propuso hacer pisto. Ya tendrá una buena huaca... "
Pero José Pashaca no se daba cuenta de que, en realidad, tenía huaca. Lo que él buscaba sin desmayo era una botija, y siendo como se decía que las enterraban en las aradas, allí por fuerza la incontraría tarde o temprano.
Se había hecho no sólo trabajador, al ver de los vecinos, sino hasta generoso. En cuanto tenía un día de no poder arar, por no tener tierra cedida, les ayudaba a los otros, los mandaba descansar y se quedaba arando por ellos. Y lo hacía bien: los surcos de su reja iban siempre pegaditos, chachados y projundos, que daban gusto. -¡Onde te metés, babosada! -pensaba el indio sin darse por vencido-: Y tei de topar, aunque no querrás, así mihaya de tronchar en los surcos.
Y así fue; no lo del encuentro, sino lo de la tronchada. Un día, a la hora en que se verdeya el cielo y en que los ríos se hacen rayas blancas en los llanos, José Pashaca se dio cuenta dé que ya no había botijas. Se lo avisó un desmayo con calentura; se dobló en la mancera; los bueyes se fueron parando, como si la reja se hubiera enredado en el raizal de la sombra. Los hallaron negros, contra el cielo claro, "voltiando a ver al indio embruecado, y resollando el viento oscuro".
José Pashaca se puso malo. No quiso que naide lo cuidara. "Dende que bía finado la Petrona, vivía íngrimo en su rancho".
Una noche, haciendo juerzas de tripas, salió sigiloso llevando en un cántaro viejo su huaca. Se agachaba detrás de los matochos cuando óiba ruidos, y así se estuvo haciendo un hoyo con la cuma. Se quejaba a ratos, rendido, pero luego seguía con brío su tarea. Metió en el hoyo el cántaro, lo tapó bien tapado, borró todo rastro de tierra removida y alzando sus brazos de bejuco hacia las estrellas, dejó ir liadas en un suspiro estas palabras:
-¡Vaya: pa que no se diga que ya nuai botijas en las aradas! ...