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El Bicentenario: un enfoque alternativo

                                                  Rafael Lara Martínez


RESUMEN DEL LIBRO

El libro se compone de cuatro artículos independientes que el lector puede leer sin un orden fijo. Su secuencia no es temática, sino cronológica. En primer lugar, "Castillo, "contra quien thodos hechan?- descubre la ambigüedad de la figura histórica de un presunto prócer, cuya imagen oscila entre un héroe y un traidor según las fuentes que se privilegien. El ensayo recopila una bibliografía exhaustiva sobre su semblante, para descubrir la falta absoluta de una voz propia del implicado. Lo curioso de quien se juzga como el verdadero prócer popular es tanto su silencio como la transformación de todos los testimonios acusatorios primarios en alabanzas tardías.
En segundo lugar, "Ríos de oro y ríos de sangre" rescata la visión pacifista y trágica que ofrece un escrito temprano de Alberto Masferrer sobre las matanzas que se organizan en nombre de la libertad luego de la independencia. El artículo analiza la doble vertiente contradictoria de la independencia, logro liberador, "oro", y matanzas que se justifican en nombre de ese ideario, "sangre". Se reproduce el artículo original ya que se halla ausente de la mayoría del corpus masferriano actual.
En tercer lugar, "La independencia como problema" rescata el legado de los fundadores del Ateneo de El Salvador quienes redoblan la crítica pacifista masferreriana sobre el legado trágico y mortuorio de la independencia. Sus escritos olvidados por un siglo de desdén convocan a las víctimas de las matanzas pos-independentistas como los testimoniantes más fidedignos de la longue durée de la historia de la violencia en El Salvador. Hay que interrogar la emancipación por las "pirámides de calaveras que se alzan en las llanuras", o bien por las "carnicerías humanas sin por qué ni para qué", en los mismos sucesos históricos que nuestra actualidad celebra en apoteosis. Si sus escritos los omite todo historia nacional -de izquierda a derecha- esto se debe a que esta generación del cambio de siglo XIX-XX estropea la celebración del primer centenario. Denuncia la falta de todo proceso independentista, la falta de una voluntad popular por la independencia salvadoreña, así como revela que a partir de 1821 "siempre se ha hermanado el ideal de la libertad con la sed de sangre de los vencedores".
Por último, "Inventar lo popular - Excluir lo africano" analiza una obra clásica: Apreciación de la independencia salvadoreña (UES, 1974) de Alejandro Dagoberto Marroquín. Descubre cómo su intención por rescatar una voz popular la empaña su idea de mestizaje, su ideal romántico que identifica la nación a una sola cultura y raza. Su proyecto bio-político de homogeneidad racial oculta la existencia de una población indígena, mermada por las guerras pos-independentistas, al igual que acalla la existencia de toda población afro-salvadoreña. En apéndice se inaugura un rescate de la contribución literaria de lo afro-salvadoreño a la cultura nacional.

 PALABRAS LIMINARES
Hacia la segunda década del siglo XXI, me pregunto si hay lugar para el debate, o toda posibilidad de explorar enfoques alternativos a la historia oficial se hallan censurados. Por el momento, juzgo que existe cada vez una mayor dificultad de proponer versiones que difieran del canon estatal, aun si se documenten con información de primera mano, ausente de los archivos nacionales salvadoreños, y de los libros especializados de historia. Las razones del encierro son obvias. Ante una crisis económica que arrecia sin punto final, la violencia al interior del país, y al exterior contra quienes emigran por necesidad, el desempleo sin solución inmediata, la propuesta gubernamental no es nueva. Se llama "civismo". Hay que evadir toda discusión sobre los momentos fundadores del hecho nacional. Interesa celebrar, inculcar valores, escribir historia heroica en loa a los precursores y entonar interjecciones de sorpresa y alabanza ante el despliegue festivo. Entablar una discusión razonada sobre el pasado, rescatar memorias y documentos enterrados, resulta secundario. Importa el consenso, la devoción y la obediencia. Sin embargo, el debate que el siglo XXI anhela olvidar desempeña un papel primordial hacia la celebración del primer centenario de la independencia, hace un siglo. Lo anticipa el propio maestro Alberto Masferrer hacia el despegue del siglo XX, pero todos sus seguidores actuales prefieren borrar ese escrito incisivo sobre las secuelas trágicas de la independencia que mantenerse fieles a su pensamiento. Leales a la crítica de Masferrer, reiteran "olvidamos el hecho [violento y sus víctimas] todo el pasado" (1901), en nombre de la celebración y del festejo cívico. La generación olvidada que funda el Ateneo de El Salvador prosigue ese debate sobre la falta de una voluntad popular por la independencia, las matanzas post-independentistas, hasta culminar en un desastre. En los hechos que el presente celebra, los ateneístas perciben una fatal confusión entre "ideal de libertad" y "sed de sangre de los vencedores". Pese a su advertencia, la actualidad rechaza toda visión crítica para que la marcha triunfal no se detenga. Por último, tampoco hay lugar para pensar a los excluidos de la historia. Junto a la reconocida supresión de lo indígena y su lengua, lo afro-salvadoreño se borra con una intencionalidad más flagrante en aras del mestizaje completo. Ante el ideario de una presunta historia crítica, la cual confunde los conceptos de raza y nación, exijo restituir la presencia de lo africano desde el despegue de lo nacional al presente.
Frente a la inconciencia actual, reclamo el silencio, que existe desde el siglo XIX a Masferrer, a los ateneísta, hasta concluir en la historia crítica de Alejandro Dagoberto Marroquín con su exclusión expresa de lo afro- salvadoreño desde la independencia. Reclamo una breve oportunidad para reflexionar sobre las "pirámides de calaveras que se alzan en las llanuras", desde la perspectiva de las víctimas y del olvido que forja una identidad nacional sin alternativa crítica. Al presente, el escándalo de Tamaulipas representa un evento insignificante frente a esas "montañas de cadáveres" que la historia nacional anhela olvidar. La enseñanza clave resulta simple. A la hora del "cambio" -de la alternancia del péndulo, precisaría- resulta de sumo interés historiográfico rastrear cuáles documentos primarios se privilegian, cuáles se colocan en segundo plano y, al cabo, cuáles se descalifican de toda discusión actual por oponerse a un nuevo ideal de hegemonía. El grupo de escritores olvidados que este libro rescata forma parte de esta última categoría de documentos primarios que la historia oficial desea erradicar de la memoria histórica nacional. No habría nada nuevo para quienes saben que los hechos históricos son más complejos que un simple número (5) y sus infinitas formas de nombrarlo (5=4+1 =3+2=2++1 =½+½…). La novedad existe sólo para aquella ortodoxia que anhela imponer un solo sentido de la historia (5=4+1) para erradicar cualquier otro sentido posible de narrar los hechos. Nombres ausentes del ideario histórico -Arturo Araujo y su ideario cultural, Adrián Arévalo, fundación del Ateneo de El Salvador (diciembre de 1912), José Dolores Corpeño, pacifismo, presencia afro-salvadoreña, Abraham Ramírez Peña, etc.- dan cuenta de mi fidelidad estricta a lo añejo. Rastreo lo Perdido, el Olvido expreso de toda memoria en boga.

Fuente: Lara Martínez, R. (2011). El Bicentenario: un enfoque alternativo. (1a. Ed.). San Salvador: Editorial Universidad Don Bosco.



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