martes, 26 de julio de 2011

Ensayos Literarios

                                                 Matilde Elena López


                        PRESENTACIÓN


Matilde Elena López: Un destino creador.

Cuando se menciona en El Salvador el nombre de Matilde Elena López, la primera imagen que surge es la de la maestra académica incansable, que ha formado en el campo de las letras sucesivas generaciones de universitarios. Hablar de Matilde Elena López: es referirse a una voluntad sin tregua, a una conducta sin mácula, a una permanente visión de avanzada, a una inspiración creadora sostenidamente fresca y servicial. Ensayista, poeta, cuentista, dramaturga, su obra desborda varios decenios, desde finales de los años treinta, cuando comenzó a publicar en diarios y revistas sus versos de adolescencia. Y en ese desbordamiento sin desmesura, el hilo de su espíritu cultivado en la literatura, la filosofía y la sociología ha ido formando una especie de collar de luces preciosas, en el centro del cual brilla una inteligencia superior, pulida en el amor a la cultura universal y en el fervor por la propia y esforzada cultura nacional.

Matilde Elena López pertenece a la segunda gran hornada de voces femeninas en el decurso del siglo presente. Entre 1895 y 1905, nacieron cinco grandes mujeres creadoras de literatura: Alice Lardé de Venturino, Claudia Lars, Lydia Valiente, Tula van Severén y Lillian Serpas. Entre 1918 y 1924, la segunda gran eclosión de la centuria nos dejó cuatro nombres muy significativos: Juanita Soriano, Lilliam Jiménez, Matilde Elena López; y Claribel Alegría. Todas ellas son poetas; pero sólo una es ensayista de magnitud excelente, a más de reconocida cultora del cuento y el teatro: Matilde Elena.

Desde la adolescencia, el intelecto de esta mujer inquieta y batalladora mostró destellos excepcionales. Comenzó publicando versos en los periódicos y revistas de la época, a finales de los años treinta. De inmediato, su energía se expandió hacia los ámbitos de la lucha social, en la marejada democrática que acompañó la caída de la dictadura del general Hernández Martínez: Su participación en aquellas jornadas fue relevante, pese a su juventud; y su nombre brilló en iniciativas como el Comité de Escritores Antifascistas, el Manifiesto de la Poesía Coral y el Grupo Seis. Todo ese movimiento se aglutinó en lo que podríamos llamar la Generación del 44, año vital para el destino político de El Salvador, de cara a la segunda mitad del siglo. Matilde Elena López; se hizo presente en todas aquellas jornadas con un espíritu de lucha cívica verdaderamente ejemplar, y eso le valió el exilio, que tuvo como primera estación la Guatemala revolucionaria que se había inaugurado en 1945.

En el hermano país trabajó y estudió, con gran ímpetu juvenil.

Inició sus estudios superiores en la Universidad de San Carlos de Guatemala, que alternaba con su incansable actividad política. Su primer libro fue publicado en Guatemala, en 1954: Masferrer, alto pensador de Centro América, cuya edición quedó atrapada en el asalto que lanzaron las fuerzas oscurantistas contra el gobierno de Jacobo Arbenz; aquel mismo año.

Matilde Elena salió hacia un nuevo exilio en el Ecuador, y allí se dedicó a concluir su formación académica en Filosofía y Letras. Se distinguió como una estudiante de notable brillantez. Y su tesis de grado sobre tres poetas ecuatorianos mereció las más altas distinciones, así como el favor de la crítica especializada. En 1957, a la luz de una política coyuntural de apertura del Gobierno salvadoreño de entonces, Matilde Elena regresó al país, para establecerse definitivamente. Provista de extraordinarios instrumentos académicos, fogueada en las adversidades de un largo extrañamiento de la propia tierra, ungida por su inteligencia excepcional e impulsada por una incomparable voluntad de trabajo, se incorporó a la Universidad Autónoma de El Salvador como Doctora en Letras, y de inmediato dedicó sus mejores energías a la tarea de formación docente.

A lo largo del tiempo, Matilde Elena fue articulando el trabajo magisterial en el campo de la Educación Superior con la labor creadora, especialmente en el ámbito de la investigación literaria. Su principal empeño dentro de la tarea investigadora ha sido la fundamentación filosófica y estética del realismo. Sus aportes al respecto son históricos en el marco de la cultura centroamericana, y pueden mensurarse por la calidad de su ensayo mayor titulado Interpretación social del arte, ganador de un premio centroamericano, y publicado dos veces: en 1965 y 1974, en versión ampliada. En este ensayo, Matilde Elena pone en evidencia sus mejores cualidades como ensayista consumada: su claridad de ideas, su sobriedad de conceptos, su habilidad de síntesis, su estilo fluido y eficaz. En permanente complemento de su trabajo ensayístico y docente, ha venido desarrollando Matilde Elena un ejercicio devoto en el campo de la poesía lírica. Conocida su raíz filosófica, que le permite el acercamiento a las profundidades del ser, es natural que la poesía sea, en nuestra autora, una constante interrogación existencial. Su poesía se yergue, en el convivio de las voces centroamericanas de nuestro tiempo, como una sabia lección de emotividad arraigada en los avatares del vivir. El momento perdido (1976), Los sollozos oscuros (1982), En los vastos espacios del olvido (en prensa), son etapas personalísimas de la aventura del alma en trance de comunicación. El amor -vital, incansable, asediado- es el protagonista de la poesía de Matilde Elena. Un amor que ella expresa con palabra sencilla y escueta, que deja fluir sin barreras la intensidad del sentimiento. Poesía intensa, porque el ser de nuestra autora es intenso. Basta leer el hermosísimo epistolario amoroso Cartas a groza (1962), para tener constancia de esta nunca desmentida intensidad vital y creadora.

En el cuento y en el teatro, Matilde Elena tiene incursiones esporádicas, pero muy fructuosas. Los cuentos autobiográficos de La niña del laberinto están entre lo más fino y perfecto que ha producido el género en el país. Y su drama histórico-simbólico La balada de Anastasio Aquino es una inmersión de gran valor exponencial en el campo del teatro con clara vocación popular. Esta obra, también premiada en certamen centroamericano, es material de estudio en las escuelas salvadoreñas, y constituye la primera parte de una trilogía histórica cuyas dos partes siguientes se refieren a los sucesos de 1932 y a la guerra interna reciente. A lo largo del tiempo, Matilde Elena López: ha mostrado una especial predilección para el análisis de la poesía, como fenómeno general y como experiencia personalizada. Su denso libro recopilatorio Estudios sobre poesía (1973), recoge mucho de tal aporte hasta aquella fecha. Los clásicos y los recientes, los nacionales y los extranjeros, múltiples autores han motivado el espíritu investigador de nuestra ensayista. Sin descanso ha venido analizando en el tiempo la poesía salvadoreña, señalando rumbos y tendencias, perspectivas y sesgos, luces y sombras. Nadie en El Salvador, como Matilde Elena, ha puesto tanta atención al desarrollo de nuestra cultura poética. Y ello ha tenido, además, la virtud paciente de ir descubriendo, entre los jóvenes, las voces verdaderamente prometedoras. Su delicada intuición -sustentada en el conocimiento cultivado- le permite una certeza impecable en el juicio vaticinador. Desde los años cincuenta, todas las promociones literarias del país se han acercado a Matilde Elena López -bien como grupos, bien como individualidades- en busca de orientación, consejo, apoyo y amistad. Y ella, en gesto que pone de relieve su talante de ciudadana volcada hacia los sueños, anhelos y aspiraciones de la colectividad, ha estado siempre ahí, en las duras y en las maduras, para todos. Su magisterio en la cátedra y en el libro se derrama constantemente sobre las avideces del entorno.

Los ensayos escogidos que se reúnen en este volumen representativo son una muestra del quehacer infatigable de Matilde Elena López. Su finura analítica, su poder sintético, su capacidad selectiva están ahí, desvelándonos personajes y obras. Matilde Elena -que es cultura de una perfecta fidelidad ética en la misión intelectual y en su función social- está en todo momento por encima de las cambiantes opiniones del ambiente. Ella dice su palabra y sienta su juicio con rigurosa independencia, dando cátedra de plenitud integral también en esto. Domina el análisis. Integra en él la filosofía y la ciencia. Y hace fluir por sus ensayos -verdaderos mosaicos de vida- la nitidez de su ideario, con exquisita entereza femenina. Todo lo anterior lo afirmo sin ambages porque conozco a Matilde Elena desde mi adolescencia, en la Universidad Autónoma de El Salvador, durante mis estudios de Filosofía y de Sociología; y, muy pronto, entonces, en la cálida atmósfera de las afinidades culturales, a la luz de los conocimientos de la gran maestra que enseña con suavidad y orienta sin vacilaciones.

Matilde Elena López: es nuestra primera ensayista nacional en el tiempo y en la excelencia y en el friso de la cultura patria, su nombre refulge con destellos de diamante.


DAVID ESCOBAR GALINDO
15 de mayo de 1998.


Fuente: Lars, C. (1998). Ensayos Literarios. San Salvador: Dirección de Publicaciones e Impresos.

1 comentario:

Anónimo dijo...

porque no ponen los ensayos a disposicion facil de utilizarlo