lunes, 20 de junio de 2011

Toda la razón dispersa

                                           Alfonso Kijadurías


Alfonso Quijada Urías es uno de los principales poetas salvadoreños de las últimas décadas. Nació en la localidad de Quezaltepeque, departamento de La Libertad, El Salvador, el 8 de diciembre de 1940.
Le toca en suerte iniciar su carrera literaria al fin de la década de los cincuenta y el inicio del decenio siguiente. En el país se respira una cierta apertura democrática, cosa que no duraría mucho. En ese momento hay una intensa vida cultural. Surgen publicaciones que, desde un inicio, cobrarían importancia especial para nuestra vida literaria: Cultura (cuyo primer número salió a la luz en 1955, bajo la dirección de Manuel Andino) y Guión literario (fundado un año después, con Ricardo Trigueros de León como director y Claudia Lars y Alfonso Orantes en calidad de redactores). Aunque la revista La Universidad fuera fundada en 1875, a partir de 1960 cobra nuevos bríos, primero bajo la batuta de José Enrique Silva y, más adelante, del poeta Ítalo López Vallecillos. Silva  Lopez Vallecillos y la escritora Mercedes Durand constituirían en 1961 el Consejo de Redacción de la revista Vida Universitaria, que, en palabras del segundo, llegó a ser "una verdadera tribuna de las diversas tendencias filosóficas y literarias del momento". Entre sus colaboradores figuraron, amén de Quijada Urías, Salarrué, Mauricio de la Selva, Oswaldo Escobar Velado, Guillermo Manuel Ungo, Claribel Alegría y Hugo Lindo.
Alfonso empezó a publicar sus primeros poemas en los espacios de difusión literaria de los periódicos de la época. Por ejemplo, en las páginas culturales de La Prensa Gráfica, dirigidas por Luis Mejía Vides; Sábados de Diario Latino, espacio mantenido por Juan Felipe Toruño y Filosofía, Arte y Letras, páginas que, desde su fundación en 1945 por Trigueros de León, sigue publicándose actualmente en El Diario de Hoy.
La obra de Alfonso empieza a tener reconocimiento a nivel nacional. Entre ellos se encuentra un premio de poesía de la Facultad de Humanidades de la Universidad de El Salvador (segundo lugar, otorgado en 1962), así como los premios de los Juegos Florales de Usulután y Santa Tecla, en 1965 y 1966, respectivamente.
Quijada Urías se relaciona con un grupo de poetas constituido por Ítalo López Vallecillos, José Roberto Cea, Roberto Armijo, Manlio Argueta y Tirso Canales. Comienzan a trabajar en la Editorial Universitaria, que dirige el primero. Juntos escriben para las publicaciones de la institución: La Universidad, Vida Universitaria... El grupo también da inicio a una revista literaria fundamental: La Pájara Pinta -que conjugaría constancia y calidad desde su primer número que data de 1966, hasta su desaparecimiento en 1979.
Con Argueta, Canales, Cea y Armijo, Alfonso publicaría la antología poética De aquí en adelante, en 1967. Ese mismo año obtiene el segundo lugar en los Juegos Florales Centroamericanos y de Panamá, celebrados en Quezaltenango, Guatemala. Sobre su obra primera escribió el crítico salvadoreño Luis Gallegos Valdés: "Su poesía se desliga de toda sentimentalidad, de lo obvio enclavado en lo formal, para dejar a su palabra libre y anchurosa, al ritmo del sueño y de la imaginación.: Esta poesía es el triunfo del surrealismo en El Salvador que anduvo tanteando su presencia desde tiempo atrás en la expresión de otros poetas que no llegaron a su plena posesión".
Ya para este momento, Quijada Urías publica, en importantes revistas como Cultura, artículos sobre grandes maestros de la literatura, como el galés Dylan Thomas, o Fernando Pessoa, el fabuloso poeta portugués que escribía por la mano de sus heterónimos.
Quijada Urías tiene en ese momento
27 años.
En 1969, obtiene mención honorífica en el importante certamen literario de Casa de las Américas, Cuba, con el libro Sagradas escrituras. Roque Dalton comentaría ese mismo año: "Quijada Urías se ha colocado a la vanguardia de los jóvenes poetas salvadoreños, aportando una visión de mundo y del hombre desenfadadamente contemporánea. Como quizás nadie antes en la poesía salvadoreña, Quijada Urías introduce en sus poemas los
objetos, las visiones, los miedos, las neurosis del hombre que a finales de los años setenta habita las ciudades de la América Central". Al año siguiente, en 1970, Quijada Urías vuelve a obtener mención honorífica en el mismo certamen con el poemario
El otro infierno. Posteriormente en 1971 obtuvo el primer premio en la primera Bienal de poesía Latinoamericana en Panamá, Panamá.
Llegado 1971, publica una serie de relatos unidos bajo el título Cuentos y un libro que, a mi juicio, es vital para los poetas de las hornadas venideras: Los estados sobrenaturales. Es el producto de una búsqueda interior, entre los ángeles y demonios del alma del poeta. José Roberto Cea describe el trabajo que está haciendo Quijada Urías: "Su última etapa es diabólica, interesante; él ha comprendido que los jóvenes heredan de los inmediatamente anteriores, no una obra, sino un instrumento y una situación para crear esa obra" (Antología general de la poesía en El Salvador, Editorial Universitaria, 1971).
"En la poesía de Alfonso Quijada advierto también un hálito a lo Gerónimo [sic] Bosch" -escribiría Roberto Armijo desde París-. "Expreso esa hipótesis porque encuentro en muchísimos versos de Quijada Urías ese toque desproporcionado entre la realidad y el sueño, entre la metáfora y la profecía".
Durante esta misma década, Alfonso escribe también narraciones. Otras historias famosas y La fama infame del famoso (ap)átrida, publicados en 1976 y 1979, respectivamente, son, junto al ya mencionado Cuentos, los tres títulos que publica en el género narrativo durante ese decenio.
Al comenzar la guerra civil salvadoreña en 1981, Alfonso sale del país. Cuatro estaciones hace en su camino: México, La Habana, Managua y la ciudad canadiense de Vancouver. Vive, trabaja, padece, ama, añora y escribe bajo esos cielos. Esos años, tremendamente
duros, le ayudaron a ver al país en perspectiva y a permearse de nuevas influencias culturales. Ello, según dice el poeta, le posibilitó abrir sus horizontes a su creación literaria.
En la editorial hondureña Guaymuras, Quijada Urías publica el libro de cuentos Para mirarte mejor, en 1987, con un epílogo de Manlio Argueta. En este volumen reúne cuentos de Otras historias famosas y de La fama infame... junto a otras narraciones escritas posteriormente.
Durante su vida en el exterior, su obra es traducida a diferentes idiomas. Ruso, holandés, francés, italiano e inglés. Uno de sus traductores a este último idioma fue un hombre cuya vida y obra se ligaron profundamente a América Latina. Su nombre era Darwin Flakoll, compañero vital y literario de Claribel Alegría. Este tradujo una selección de poemas de Quijada Urías en 1991 bajo el título They come and knock on the door (Curbstone Press, Estados Unidos), traducción del nombre de uno de los escritos antologados (Vienen y tocan la puerta). Otra de sus traductoras al inglés fue la norteamericana Barbara Paschke. Ella vertió a su idioma los poe-mas Antes de la muerte y Crónica, incluidos ambos en la antología Volcán: Poems from Central America (City Light Books, Estados Unidos, 1983).
Llegada la década de los noventa, Kijadurías (así empieza a firmar sus trabajos, siguiendo la escritura fonética de sus apellidos) alterna su residencia en Vancouver con breves temporadas en el país. En 1992, año de la firma del cese al enfrentamiento armado en
El Salvador, publica una antología poética titulada
Reunión (Claves Latinoamericanas, México), dedicada a la memoria del poeta Alfonso Hernández, muerto en el frente de guerra. A Hernández: quien fuera su amigo entrañable, dedicó, años antes, un emocionado
prólogo para la compilación póstuma de sus poemas
Esta es la hora (Ediciones Plural, 1989).
En 1993, Kijadurías publica su tomo de cuentos cortos Gravísima, altisonante, mínima, dulce e imaginada historia También incursiona en el género novelístico. Su libro, Lujuria tropical, publicado en 1996, es, en clave de novela, un homenaje a los grandes escritores del barroco americano: José Lezama Lima, Severo Sarduy, así como a la verbalidad festiva de Guillermo Cabrera Infante. En 1997, la editorial Mazatli, de El Salvador, imprimió en plaquette su poemario Obscuro. Este título fue impreso de manera artesanal por el autor en México con anterioridad.
En la antología que sigue, preparada por el autor, hay una muestra bastante amplia de su trayectoria poética. Casi treinta años de poesía están reunidos en estas páginas.
La muestra comienza con sus primeros poemarios: El otro infierno, y por supuesto, Los estados sobrenaturales. Más adelante, siguen poemas que sólo se conocieron en El Salvador de manera fragmentaria: los de El gran método, Canto errante y aquellos que están incluidos en el poemario que da nombre a esta selección, Toda razón dispersa. Esta antología se cierra con dos de los títulos más recientes de Alfonso: De este tiempo (1994) y Alteración del orden (1996).
En fin, tenemos ante nosotros a un escritor apasionante. Sus textos son una aventura para el alma. Sea ésta una buena oportunidad para que nos encontremos con una escritura que abre grandes posibilidades expresivas.

LUIS ALVARENGA


NOTA DEL EDITOR
La selección de los poemas contenidos en este volumen fue realizada por el propio autor.


LA OTRA VOZ

Que vas a morir
vas a morir
la muerte está a tu izquierda
de nada valen magia o poder
La tierra es la mujer
la madre que te llama:
hijo ya es hora de acostarse
apaga el libro
cierra la luz
de Dios mismo la muerte
concibe y pare
en la hora de todos
no hay nada que aprender
y no será que asciendas
a los cielos
o desciendas
al infierno
no
soplo del aire es el mundo
cuando percibes otro mundo
¿será la eternidad?
ya madre ya

Fuente: Kijadurías, A. (1998). Toda la razón dispersa. San Salvador: Dirección de Publicaciones e Impresos.

No hay comentarios: