miércoles, 15 de junio de 2011

No Pronuncies Mi Nombre: poesía completa III

                                                          Roque Dalton



                         PRESENTACIÓN



"Sólo el asombro limpia la mirada del muerto"
                                                          R.D.



Y LLEGAMOS, por fin, a la tercera y última entrega de No pronuncies mi nombre, el único esfuerzo editorial que de momento reúne la obra poética completa de Roque Dalton, sin duda el autor salvadoreño más conocido y celebrado en el mundo. Con enorme expectativa iniciamos este proyecto y lo cerramos hoy con inocultable satisfacción. CONCULTURA, a través de la Dirección de Publicaciones e Impresos, sabe muy bien que el presente tomo constituye, junto a los dos anteriores, un hito bibliográfico incomparable, ya no solo porque recopila por vez primera todos los poemas de Dalton, sino porque brinda a sus lectores y críticos una visión amplia, rigurosamente entera, de la obra que, sin dejar de ser un referente indiscutible de la literatura comprometida latinoamericana, es también la prueba fidedigna de un talento genuinamente universal.

En efecto, Roque Dalton se nos está saliendo de las casillas. Sigue respirando hondo por la poesía, su patria sin fronteras, y nos está invitando a conminar las trampas de las urgencias, de las coyunturas, de las volubles circunstancias que no pueden (o no saben) compartir se en ese "esperanto de siempre" que es la realidad versificada. El fenómeno de limitación extra-literaria en que se ha visto envuelta la obra de Dalton, a veces por enjundiosas "necesidades" políticas, parece ahora estar haciendo espacio, antes que nada, al reconocimiento tácito de su efectividad como autor, con independencia de los pormenores biográficos y de las posteriores reseñas doctrinariamente interesadas. No significa esto, desde luego, que las simpatías por la figura política del poeta, con sus consiguientes y bien declaradas militancias, estén perdiendo fuerza. Por el contrario, se trata de advertir que ni siquiera el imperio de esas apologías nacidas de la mera afinidad ideológica hacen mella en los alcances globales que merece la poesía daltoniana.

Aunque basta leer la honesta introducción de Miguel Mármol' para encontrar las claves del apasionado instrumento político en que se ha convertido, por propia y consciente vocación, el encendido verbo de Dalton, acusar a nuestro poeta de ser el primer responsable de algunas reducciones en que ha caído el estudio de su obra es bastante injusto.
Si el propio Roque se llamó a sí mismo, sin cortapisas, revolucionario, como revolucionario habremos de juzgar su razonamiento y, por ende, la categoría que ese razonamiento ocupa en la estructuración de su mensaje, en las rutas de su evolución estilística y en buena parte de las virtudes que caracterizan a su vasta producción literaria. Rebatir o esconder que Roque Dalton fuera, en esencia, un convencido del aporte sustancial que el socialismo podía hacer a los pueblos americanos equivale a cercenar la identidad vital de un hombre que se comprometió abiertamente con una causa, haciendo uso del derecho que todos los seres humanos tenemos de comulgar, amparados en nuestro talante, con las posturas políticas que consideremos más cercanas a la verdad o al objetivo idealizado. Las innecesarias coerciones aparecen cuando pretendemos someter el análisis literario a las circunstancias anteriormente descritas, porque lo que estaremos contagiando de relatividad no serán las ideas -cuyo carácter provisional demuestra una y otra vez el devenir histórico-, sino las condiciones (internas y externas) que hacen grande a un poeta y le confieren vigencia. Jorge Luis Borges, chuscamente, lo expresó así: "Yo tenía entendido que solo había buena y mala literatura. Eso de literatura comprometida me suena lo mismo que equitación protestante o zanahorias endecasílabas".

El arte es un espacio de permanente trasiego cultural, un lugar en el que coinciden o colisionan valores, conceptos, formas y, por supuesto, las más variadas convicciones. Ello no implica, sin embargo, que falten las reglas o fundamentos que rijan su interpretación y su valoración a través del tiempo. Si bien existen teorías que señalan las ventajas específicas de ahondar en los variados ángulos biográficos de un artista, no más útiles que estas teorías acaban siendo aquellas en las que esta información es un aspecto que no determina -porque no puede- el valor intrínseco de la obra artística. En el caso de ese ilustre muerto indócil que es Roque Dalton, la trayectoria política supone una clave de su estudio, pero no es la única. Tampoco es, probablemente, la esencial. Está claro que para entender su estética debemos atender, entre otras cosas, el carácter ''social'' de la misma -para explicarla en muchos sentidos, repetimos, y no para aceptarla-, pero el poeta, precisamente por ser el artista que fue por sobre todas las cosas, escapa con creciente agilidad de los valladares que podríamos imponerle al subrayar demasiado su renuncia a la neutralidad ideológica.

Quien explicó muy bien esta cualidad común a los genios universales de las letras fue César Vallejo, uno de los autores más admirados por Dalton. Tras conceder, congratulándose, que el campo de acción política del artista es "múltiple ", Vallejo evita confundir esta (a veces ineludible) particularidad con el esfuerzo y la calidad que reclama, por sí y para sí mismo, el arte: "Cualquier versificador como Maiakovsk  puede defender, en buenos versos futuristas, la excelencia de la fauna soviética; pero solamente Dostoievski puede, sin encasillar el espíritu en ningún credo político concreto y, en consecuencia, ya anquilosado, suscitar grandes y cósmicas urgencias de justicia humana ". Sin lugar a dudas, Roque Dalton tenía, a lo Dostoievski, ese tipo de sensibilidad creadora. Que la haya puesto al servicio de una ideología no la hace menos excepcional; únicamente la arriesga, en todo caso, a ser limitada por quienes valoran en exceso las circunstancias que rodean la génesis del producto estético. La actitud artística es, a fin de cuentas, el resultado de espíritus que quieren ser libres, y eso explica la capacidad de Roque para comprometerse universalmente con el ser humano, aunque abogue con pasión por un ideario determinado.

Las concreciones ideológicas hacen poco por Roque Dalton, el poeta, frente a la posteridad. En cambio, su honestidad intelectual, su coherencia estética, el absoluto rigor de su propuesta poética, su diáfano virtuosismo, la responsabilidad artística que casi siempre antepuso a otras consideraciones -lo más seguro es que él mismo las creyera accidentales- al momento de encausar su aguda sensibilidad, son las facultades que apuntalan su vigencia y globalizan su obra, desembarazándole cada vez más de lecturas que, por políticamente cautivas, terminan siendo pertinazmente hemipléjicas. Roque Dalton sintetiza, con vida y obra, la trayectoria del ser humano que se rebela, habla, combate y encuentra la muerte en su persecución del ideal. Pero es en la calidad indiscutible de sus versos donde hallamos, si nos atenemos al rigor del análisis literario, la explicación inmortal de su existencia. No es al contrario. Después de todo, como lo señala Rudyard Kipling, "a un gran escritor puede estarle permitido inventar una fábula, pero no la moraleja".



FEDERICO HERNANDEZ AGUILAR
Presidente de CONCULTURA

                               San Salvador, noviembre de 2008



Fuente: Dalton, R. (2008). No Pronuncies Mi Nombre: poesía completa III.
             San Salvador: Dirección de Publicaciones e Impresos.

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