domingo, 22 de mayo de 2011

Cuentos de Cipotes


¿QUE HAY EN LOS CUENTOS DE CIPOTES?

¿Será una impertinencia del autor hacer una corta serie de preguntas
de este tipo?
-¿Qué hay en los Cuentos de Cipotes?
-¿Qué son los Cuentos de Cipotes?
-¿Qué dicen los Cuentos de Cipotes?
Parece una pedantería, una insolencia y una tontería. Debiera decirlo el crítico, el prologuista, el editor, o simplemente el lector.
No estamos queriendo que el crítico no lo diga: ¡que lo diga! No hay prologuista porque no nos gusta el prólogo ajeno. El editor no se opone a que el autor mismo opine sobre un género de cuentos creados por él, según sus pretensiones; el lector va ganando con las explicaciones preliminares del autor. Estamos introduciendo al lector a un libro que contiene la serie de cuentos más desconcertantes que se haya presentado en este lugar (quisiéramos decir en Centro América; quisiéramos decir en América; quisiéramos decir en el mundo; porque amamos los cuentos de cipotes con entrañable amor y los queremos elevar hasta donde sea posible y es que no son nuestros, en verdad, sino de él, del cipote, nuestro amable compañero de siempre).

-¿Porqué son desconcertantes?

Porque son los cuentos que nuestro tuno nos está contando, a su manera. No a mi manera sino a su manera. Mi manera de contar cuentoses bien conocida de todos. Los cuento de modo un tanto distinto en "Cuentos de Barro" de como los cuento en "Eso y Más" y en "O-Yarkandal", pero la diferencia sólo obedece a cambios de ambiente y tiempo. Yo también podría contar (y tal vez lo haga un día si Dios me lo permite) cuentos para niños. Los contaría acaso a lo Andersen o a lo Wilde, quienes me han contado los más bellos cuentos para niños en este mundo.
Pero los cuentos de cipotes no son cuentos para niños, son cuentos de niños, primero, y cuentos de niños cuscatlecos, después.

-¿Se cuentan esos cuentos entre los cipotes? Si se cuentan:

¿se cuentan así como en este libro?

Se cuentan en todas partes, pero el adulto no está escuchando por una sencilla razón: porque no cree al niño capaz de contar un cuento que pueda oír un mayor sino que cree que lo cuenta para su compañero o compañeros de juego. El no quiere descender hasta ese plano mínimo de la atención y el propósito del niño falla; quizá nace fallido porque sabe de antemano que el adulto no lo entiende; pero sabe además, que el niño compañero lo entenderá menos y no teniendo el cuento de cipotes la atención concentrada del adulto se reduce el cuento a mera chacota, divierta, motivo de risa crónica; lo cual, si bien cumple la misión del contento, no entrega todo su caudal encantador. Con estos cuentos de cipotes pretendemos fijar esa atención del adulto sobre la capacidad del cuento del niño, para entretenerle, alegrarle y rejuvenecerle. Los cuentos de niños no son cuentos para niños sino cuentos para adultos. Si los adultos no los escuchan los cuentos se pierden o poco menos.

-¿Por qué no escuchan los adultos esos cuentos?

Pues si.  cuando los adultos centran su atención y se ponen en contacto con el niño universal, inmortal (que en ellos está siempre escondido), ellos lo escuchan como lo hice yo, como lo han hecho otros al influjo de estos cuentos. La generalidad de los mayores no oyen los cuentos de cipotes porque los cuentos de cipotes son los cuentos más estúpidos del mundo y en ello está su valor, porque son los estúpidos cuentos que no son del estupidismo repulsivo, sino del estupidismo que da risa, y ese es su gancho de prender. Entonces, ¿quién va a parar mientes en las mil tonterías que está contándonos el cipote shuco y fregón? Pues muy pocos. En cada adulto hay un niño de recuerdo, como en cada niño hay un adulto de esperanza. Allí duermen casi todo el tiempo. El cuento de cipotes es la magia que provoca al adulto que hay en el fondo del niño para consolar al niño que hay en el fondo del adulto. Este es el profundo misterio de los estúpidos cuentos de cipotes.

-¿Cómo nació la idea del cuento de cipotes?

En un lejano atardecer, en el cruce de tres caminos nos hallábamos esperando algo el adulto, el niño y yo. ¿Qué esperábamos? Ya hoy, no se sabe qué esperábamos, tal vez el Cuento de Cipotes, porque allí nació el Cuento de Cipotes. Era el adulto un polizonte del tráfico; estaba allí para saber los números de los vehículos que entraban y salían de la ciudad; estaba, además, para decir requiebros a las muchachas de servidumbre que acertaban a cruzar por allí. El niño era un cipote, era el cipote desconocido sobre todo en aquel -para mí memorable- momento. No pasaban ya los carros; no pasaban ya las hembras; la calle estaba oscura y casi desierta; el hombre se aburría visiblemente.
Yo esperaba el bus y ponía atención al paisaje y a los personajes. El niño hablaba incesantemente dirigiéndose al polizonte; parecía interesado en su aburrimiento; como que trataba de entretenerle con su charla alocada. El hombre tenía sueño y miraba a otra parte sin escuchar. El niño contaba su cuento con todas las interrupciones propias del cuento del niño, que es un cuento que se da sus propias alas, se atiza y se ríe de sí mismo. Entre cada dos párrafos hay un puentecito de chacota risueña, una dulce mala palabrita o un silbido incongruente.
Yo te oía, yo gozaba tu cuento loco, yo te aplaudía la tontería inimitable, esa inimitable tontería que es tu tontería y mi tontería encantadora! i Yo cogía allí en mi corazón la estúpida carambada deliciosa que es el Cuento de Cipotes, que aquí distribuyo para todos los aburridos polizontes del mundo; para que dejen un instante de estar importantes y se vuelvan hacia ti, te oigan con encanto y te agradezcan tu noble propósito!
-Literalmente hablando ¿qué es el Cuento de Cipotes?

-Es esta una pregunta tan importante que parece llena de pedantería refiriéndose al asunto que tratamos. Pero siempre podemos argüir algo en relación con los cuentos que nos ocupan, para situarlo en la pauta de los géneros y de los estilos.

 El autor está dando gran importancia a este pretendido género nuevo de cuentos. A decir verdad, se la dio siempre. En uno de los Lectur Seminary Groups del cual formó parte en la Conferencia de Educación celebrada en la Universidad de Michigan en julio de 1941, abordó personalmente este tema del cuento del niño (cuento hecho por el niño para el adulto), ante una nutrida asamblea de profesores, quienes se interesaron hasta el punto de hacer consultas en los días que siguieron. Algunos confesaron encontrar el tema sumamente novedoso y se proponían hacer experimentos en sus respectivos centros docentes. Querían saber si sus niños tenían para ellos cuentos originales. Si estas experiencias produjeron frutos, lo ignora el autor, pero lo desea de todo corazón.

-¿Hay una técnica del Cuento de Cipotes?

Esta fue la pregunta de una profesora joven a quien se le dio más o menos esta respuesta:
-Hay la misma técnica de los dibujos animados. Pero tanto aquí como allá sólo es dado aplicarla al productor que llegue a identificarse con el niño. Para esto es absolutamente necesario ser lo suficientemente loco y tonto para obtener pase a esa tierra maravillosa donde la razón es moneda falsa y la seriedad es la cosa que nos pone feos.

SALARRUE.





EL CUENTO DE LO QUE QUIERO Y NO QUIERO,
LAS MAGICONERIAS Y
OTRAS TONTERAS


        PUESIESQUE la Firulina le dijo a la Cocolina que tenía unos sus cuatro años: "¿Y vos qué quisieras tener?"  "Yo nada ¿y vos?" le dijo la Cocolina (porque quizás quería saber primero para querer una cosa más mejor queya).  "Yo" le dijo la Firulina haciendo así las manos, una casemuñecas que tocara uno y dijeran diadentro: « ¿Qué quería la que toca? »" "Pues yo" le dijo ya contenta la Cocolina, "yo quisiera una casemuñecas que tocara uno y de cada toquido se juera haciendo uno más chiquita, más chiquita, más chiquita, más chiquirristica... hasta que juera uno muñeca también y que al abrir la puerta una criada de manta reyena de zacate viruta, le dijera: «Pase adelante niña Cocolina, ai lastán esperando sus muñecas rubias para hablar de las niñas denfrente y de sus novios»“
"¡Tshá!" le dijo con desprecio la Firulina, "vos sólo cosas que no cueden ser decís; decí qué quisieras, pero que juera verdá que se pudiera hacer". "¡Ah, pue entonce... “le dijo la Cocolina, "yo quisiera una arcancía que se le echara un centavo y descués otro, y descués otro, y cuando lihubiera echado uno como ciento cincuenta veces labriera y ¡tas! hubieran doce riales adentro!" "¡Tonta!" le dijo Firulina, "te digo que no querrás cosas mágicas". "¡Sieso nués mágico!" le dijo la Cocolina "¡Comonó!" le dijo ya bien brava la Firulina, "¿Cómo no va a ser magiconería que echés centavos y te sangan riales?" Entonce le dijo la Cocolina: "¡Más magiconería es estar queriendo tener y que ni tiene uno nada!" "Entonce" le dijo la Firulina, "¿qué no quisieras tener más?" "Yo" le dijo la Cocolina, "no quisiera tener...: un gran chucho con rabia en el estómago que tirara mordidas por todos los güesos diadentro, y los hígados y los ñervos". "Eso es los que tienen hambre" le dijo la Firulina. "Yo no quisiera tener una bolejabón en el galiyo para que cada vez que bostezara me salieran bombas redondas". "Eso es tener güegüecho" le dijo la Cocolina.
"¡Tonta!" le dijo ya bien brava la Firulina, "yo digo bombas de vidrio de espuma con aigre adentro y colores que van volando". "¡Pues aunque seya!" le dijo la Cocolina, "porque siempre es tontera, ¿cómo se va andar bostezando con tamaña bolejabón en el galiyo? ¡Crés que no tiogabas ligerito con lo amargo y quiademás arde en la carneviva!" "¡Güeno, pués!" le dijo la Firulina, "entonce, ¿qué quisieras y no quisieras tener?" "Yo" le dijo la Cocolina, "quisiera tener y no quisiera tener unos dientes de quitar de noche como los de la niña Casilda. Quisiera porque asusta uno al que le da la gana y cuando se muere uno nues calavera dientes pelados, y no quisiera porque soy miedosa en loscuro y no miba gustar que sestuvieran riendo conmigo toda la noche adentro diun vaso". "Yo" le dijo la Firulina, "quisiera y no quisiera tener, una lamparita en el jundío como las luciérnagas. Quisiera porque me sacarían en carroza de culumbrón y además no necesitaría candela parir al común y las cucas se espantaban y no me mordían, y no quisiera porque cuando mi papá me diera pán-pán siba quemar la mano y también porque en el cine siban enojar las gentes y iban a gritar:
« ¡Que se caye el jundío esa muchachita diadelante que no deja ver bien! » "
Y se tiraron cuatro carcajadas y un rempujón caduna y diay salieron corriendo agarradas de la mano haciendo así y siacabuche.



http://www.youtube.com/watch?v=a9jV0WEPvrw