martes, 31 de mayo de 2011

Catleya Luna


EN EL DESVÁN

Prefacio

Hay grandes novelas, pobres novelas y novelas de desván. Esta es una novela de desván.
La novela de desván es una novela de juventud (no importa a qué edad se escriba), es una
novela de esfuerzo juvenil; una que aprende el vuelo para saber cómo vuela una gran novela.
Una novela así no es nunca una mala o pobre novela. Es un esfuerzo de emulación, un
esfuerzo de superación plausible por los escasos elementos con que el escritor de desván
cuenta.
El desván es el rincón de los ensueños y proyectos del joven poeta.
Allí el poeta trata de contar un cuento maravilloso a los niños adultos que son las mil cosas
en los desvanes: baúles, valijas, cajas, marcos antiguos, barriles, algún destartalado maniquí
sin cabeza, algunos sacos llenos de utensilios, rollos de antiguas alfombras, haces de
almohadas desenfundadas, libros polvorientos, instrumentos de labranza, viejas escobas, en
fin... y uno que otro ser que alienta, como el gato, el ratoncillo, el murciélago y las arañas
decorativas.
En resumen el cuento se lo cuenta el poeta a sí mismo y es su oído el que atiende en todos
losobjetos que lo escuchan.
Esto no es que el autor se excuse modestamente. El autor escribe una novela de desván
simplemente porque se metió al desván a escribirla por particular afición a los rincones, no
porque sea incapaz de escribir algo más cuidadoso, una verdadera gran novela, grande por
amor de literatura depurada y no por el tamaño.
El autor de desván sabe perfectamente que él hará un día una gran novela. En él está el poder,
si el día no llega, eso no es su culpa.
La novela de desván es pues, el "blue print" de una gran novela. Una gran novela en negativo
y aquí negativo debe tomarse en su cualidad misteriosa de transparencia y alrevesamiento y
no de negación. Ningún negativo fotográfico es realmente negativo, es, al contrario, la raíz del
positivo.
Estamos alineando ideas y moviéndolas para acá y para allá sobre la mesa como pajaritas de
papel.
Si los pulcros escritores y críticos literarios se han creído que toda novela debe ser una gran
novela, una novela impecable, se equivocan de medio a medio.
Se escriben novelas de desván, para ser leídas en desvanes, bajo los árboles, en las playas,
en los parques, en los trenes y en las cubiertas de los barcos y no en las bibliotecas o
estudios, universidades o colegios, ateneos y peñas literarias.
Con la novela de desván se estimula la imaginación de los jóvenes imberbes; se conmueve
hasta la lágrima a las muchachas románticas y a las damas que aspiran a lo noble y a lo
bueno.
La novela de desván tiene siempre el asentimiento de todos los hombres reflexivos y
comprensivosque saben cuándo es la hora del recreo literario y cuándo la del estilo verdadero.
Cada cosa es cada cosa.
Me da la gana escribir una novela en el desván. Me pongo en el estilo de los veinte años
escribiendo esto entre los cuarenta y los cincuenta y cinco. Tengo todavía el encanto de lo
juvenil e imperfecto. Estoy (joven escritor siempre primitivo) escribiendo en mi rincón. ¡Quiera
Dios que no se me haga una excelente novela esta mi novelita tan primitiva, tan sencilla y
tonta y a la vez tan hábilmente armada.
Y veo mi pequeña y gran novela y casi no lo creo. He escrito una novela, lo que no es cosa
tan sencilla. Pero la verdad es que ya soy viejo aunque no quiera creerlo nunca. Yo debí
hacer otra cosa, una cosa con más cuidado, con pulcritud, con síntesis, con abstracción, una
verdadera joya de literatura.
¿Quién dijo que yo no lo podría hacer si me lo propusiera? La haré, la haré tan terrible
que por modestia no le ponga un prefacio o un prólogo. Por respeto, por buen gusto, por
pulcritud profesional. ¡Aquella sí que será el diamante bien tallado, no el trocito de vidrio
rinconera tan poquita cosa pero tan lindo en su color y su transparencia que casi es una joya!
Pero me gusta a ratos el juego, el componer, el ordenar con belleza en lo desordenado. Oiga
usted al muchacho diciendo: "En este libro hay un sinnúmero de ideas, de pensamientos, de
palabras que estaban revueltas, que no decían nada. Yo lo he ordenado todo con gran rapidez
y tal acierto que todo aquel desorden y ruido de vocablos dice algo y lo puede uno seguir del
comienzo al fin, más o menos deslizado sin esfuerzo. Hay las personas, los lugares, las
situaciones, las sugerencias; cosas de verdad y cosas de mentira. Lo realmente histórico
(o que se tiene por tal) y lo imaginativo; lo que pudo suceder y no sucedió. Lugares realmente
geográficos y al lado lugares que no son tangibles por muy superpuestos que estén en escena
como en nombre. ¿Por qué ha de ser la vida sólo lógica y la novela sólo realista, moldeada
en moldes de geografía y de historia?
Yo he barajado en uno los dos naipes hasta no saberse dónde anda cuál; he barajado para
un juego de mi invención, el de lo positivo y lo fantástico; el opaco y el transparente o traslúcido;
"¡corte, vuelva a tajar, baraje, reparta!"
Se llama eso una novela y como la novela suele ser un relato con sucesos y personas
interesantes eso he puesto yo allí. Juvenilmente (ya lo he dicho); no se hacen novelas de
desván de otro modo. Si se hace depuración resultan un ensayo o un poema. Estas cosas las
hago yo también, cada cosa a su hora. No hablemos de ello porque me pongo serio y
trascendental; no se juega con el estilo; se está uno como en misa. Y sigue diciendo el
mancebo: "Soy yo tan hábil para resolver acertijos, que compongo la novela del empastelado
que es la existencia entera, alzándola tipo por tipo, columna por columna y como si no fuera
eso bastante, con todo lo que tiene con entretenimiento juvenil de inteligencia, le pongo aquí
y allá tonalidades de poema, la leo después estremecido y me rueda una lágrima. Sigo con el
tejido de sucesos y personas, palabras y paisajes; gentes, animales, aves, plantas,
¿qué no?.. ", una novela, un hacer y devenir de situaciones filosóficas y sicológicas.
Lista la sugerencia, velada un poco la alusión simbólica o apuntándola enfáticamente cuando
está a nuestro juicio, demasiado escondida.
Esta "Catleya Luna" es una novela sencilla; novela de orquídea y rosa, de pétalo y espina, de
estrella y pájaro, de Luna y Sol. Todo está revisado y comparado y como toda novela,
gira alrededor de una mujer encantadora y de un hombre interesante. Hay mucha curva y
plenitud de adjetivos, quiero decir (no te confundas lector): este es un estilo muy usual y hasta
será del agrado de muchos lectores poco exigentes en la forma, amantes del buen fondo lleno
de interés, por el dibujo del personaje, por el paisaje y por la anécdota.
La novela es un relato. Si no relato es ya otra cosa. Si se contrae por pulcritud, para
cristalizarse,se hace un cuento y si se depura mucho se hace un ensayo y hasta un poema.
Dejo a los intelectuales de Cáteo el decir Ia última palabra. Y sólo repito: no estoy defendiendo
mi novela, porque no necesita defensa, es excelentemente inimportante o inimportantemente
excelente.
Sólo estoy queriendo prevenir al lector con demasiada exigencia para que no pierda el poco
de tiempo que le costaría hallaría sin suficiente sabor para su gusto.
Pero en el desván (que no es el escritorio con máquina) se dicen también (así, como
quien no dijo mucho) cosas asombrosas, cosas lindas, palabras que cayeron como flores del
ramaje del alma. A mis posibles lectores diré ahora: "Entretened vuestra imaginación con
los relatos anecdóticos, pero también, cuando sintáis caer uno de estos pétalos que son de lo
alto, de lo que en el poeta es lo que él no es, porque es lo que él Es (si se entiende), tomadlos
con ternura entre los dedos y trata de distinguir el perfume sutil, indefinido, que nos
transporta allá a ciertos sitios donde estuvimos un día, un asaber qué sitio de un asaber
qué día. Seguramente diréis entonces: "Esto..., no está del todo mal, en verdad... sabe a algo,
me trae el aroma de no sé qué”...

                                                                                            El Autor

Fuente: Salarrué. (1980). Catleya Luna. (2a. Ed.). San Salvador: Dirección de Publicaciones.

lunes, 30 de mayo de 2011

Poemas Clandestinos




Sea cual sea su calidad, su nivel, su finura, su capacidad creadora, su éxito, el poeta para la burguesía sólo puede ser:
SIRVIENTE,
PAYASO o
ENEMIGO
El payaso es un sirviente "independiente" que nada maneja mejor que los límites de su propia "libertad" y que un día llegará a enrostrarle al pueblo el argumento de que la burguesía "sí tiene sensibilidad". El sirviente propiamente dicho puede tener librea de lacayo o de ministro o de representante cultural en el extranjero, e inclusive pijama de seda para entrar en la cama de la distinguidísima señora.
El poeta enemigo es ante todo el poeta enemigo. El que reclama su pago, no en halagos ni en dólares sino en persecuciones, cárceles, balazos. Y no sólo va a carecer de librea y de frac y de trajes de noche, sino que se va a ir quedando cada día con menos cosas, hasta tener tan sólo un par de camisas remendadas, pero limpias como la única poesía. Parafraseando a Althusser, diremos que él que "Instruido por la realidad aplastante y los mecanismos ideológicos dominantes, en constante lucha contra ellos, capaz de emplear en su práctica poética -contra todas las "verdades oficiales" - las fecundas vías abiertas por Marx (prohibidas y obstruidas por todos los prejuicios reinantes), el poeta enemigo, no puede ni pensar en realizar su tarea, de naturaleza tan compleja y requerida de tanto rigor, sin una confianza invencible y lúcida en la clase obrera y sin una participación directa en su combate".

                                                                                                Los Autores*

* En verdad, "los autores" es únicamente Roque Dalton, quien para disfrazar su presencia en el país publica sus poemas con diferentes seudónimos, los cuales se han conservado en esta edición: Vilma Flores, Timoteo Lúe, Jorge Cruz, Juan Zapata y Luis Luna.


 Fuente: Dalton, Roque. (2000). Poemas Clandestinos. (2ª. Ed.). San Salvador: UCA Editores


                                                           Portada de libro Edición Ocean Sur


Cinco poetas, cada uno con su retórica personal, se dan cita en este cuaderno para, desde el prisma de cada cual, redimir a la poesía como forma de lucha, como acción revolucionaria y no como mero ejercicio de distanciamiento burgués. Cada «autor» echa mano a sus argumentos, estilos e ironías para abrazar sus tesis; pero todos tienen algo en común: no son más que seudónimos de Roque Dalton.
Aunque este libro se ha publicado en varias ocasiones bajo la denominación de Poemas clandestinos, la presente edición de Ocean Sur ha querido entregarlo a sus lectores con su
título original, inseparable del compromiso político del gran poeta salvadoreño, una de las voces eternamente jóvenes de América Latina.

Los policías y los guardias

Siempre vieron al pueblo
como un montón de espaldas que corrían para allá
como un campo para dejar caer con odio los garrotes.
Siempre vieron al pueblo con el ojo de afinarla puntería y entre el pueblo y el ojo
la mira de la pistola o la del fusil.
(Un día ellos también fueron pueblo
pero con la excusa del hambre y del desempleo
aceptaron un arma
un garrote y un sueldo mensual
para defender a los hambreadores y a los desempleadores.)
Siempre vieron al pueblo aguantando
sudando
vociferando
levantando carteles
levantando los puños
y cuando más diciéndoles:
«Chuchos hijos de puta el día les va a llegar».
(Y cada día que pasaba
ellos creían que habían hecho el gran negocio
al traicionar al pueblo del que nacieron:
«El pueblo es un montón de débiles y pendejos -pensaban-
qué bien hicimos al pasamos del lado de los vivos y de los fuertes»).
y entonces era de apretar el gatillo
y las balas iban de la orilla de los policías y los guardias
contra la orilla del pueblo
así iban siempre
de allá para acá
y el pueblo caía desangrándose
semana tras semana año tras año
quebrantado de huesos
lloraba por los ojos de las mujeres y los niños
huía espantado
dejaba de ser pueblo para ser tropel en guinda
desaparecía en forma de cada quién que se salvó para su casa y luego nada más
solo que los Bomberos lavaban la sangre de las calles.
(Los coroneles los acababan de convencer:
«Eso es muchachos -les decían-
duro y a la cabeza con los civiles
fuego con el populacho
ustedes también son pilares uniformados de la Nación
sacerdotes de primera fila
en el culto a la bandera el escudo el himno los próceres
la democracia representativa el partido oficial y el mundo libre
cuyos sacrificios no olvidará la gente decente de este país
aunque por hoy no les podamos subir el sueldo
como desde luego es nuestro deseo»)
Siempre vieron al pueblo
crispado en el cuarto de las torturas
colgado
apaleado
fracturado
tumefacto
asfixiado
violado
pinchado con agujas en los oídos y los ojos
electrificado
ahogado en orines y mierda
escupido
arrastrado
echando espumitas de humo sus últimos restos
en el infierno de la cal viva.
(Cuando resultó muerto el décimo guardia nacional.
[Muerto por el pueblo
y el quinto cuilio bien despeinado por la guerrilla urbana
los cuilios y los guardias comenzaron a pensar
sobre todo porque los coroneles ya cambiaron de tono
y hoy de cada fracaso le echan la culpa
a «los elementos de tropa tan muelas que tenemos»),
El hecho es que los policías y los guardias
siempre vieron al pueblo de allá para acá
y las balas solo caminaban de allá para acá.
Que lo piensen mucho
que ellos mismos decidan si es demasiado tarde
para buscar la orilla del pueblo
y disparar desde allí
codo a codo junto a nosotros.
Que lo piensen mucho
pero entre tanto
que no se muestren sorprendidos
ni mucho menos pongan cara de ofendidos
hoy que ya algunas balas
comienzan a llegarles desde este lado
donde sigue estando el mismo pueblo de siempre
solo que a estas alturas ya viene de pecho
y trae cada vez más fusiles.



Fuente: Dalton, Roque. (2010). Historias y poemas de una lucha de clases. (1a. Ed.). México:
               Ocean Sur


                     

domingo, 29 de mayo de 2011

Luciérnagas en El Mozote


Deseamos hacer una reflexión sobre la importancia cultural que, para los salvadoreños de hoy
y del mañana, tienen obras como Luciérnagas en El Mozote, presentada en esta oportunidad
por El Museo de la Palabra. Algunos consideran que rememorar nuestra historia reciente, significa subvertir el proceso de paz, y por tanto esos acontecimientos deben ser olvidados y sepultados junto a sus setenta mil muertos. En El Salvador el temor hacia la verdad histórica se ha mezclado con la falta de conocimiento de ella. Esta actitud se ha convertido en una norma institucionalizada desde nuestros inicios como nación y asimilada traumáticamente como herencia cultural.
Es ilógica la renuencia, la incomodidad, ante la evocación reflexiva sobre la pasada guerra cívíl, en tanto esta constituye el hecho trasformador más importante en la vida de la nación. Es necesario, apartar la visión partidista en el estudio de la historia, para encontrar en ella las claves de nuestra identidad. Como complemento del proceso de maduración que experimenta la sociedad salvadoreña, es necesario que desaparezcadefinitivamente el temor a enfrentar nuestra propia historia.
Como lo demuestra Mark Danner, la masacre de El Mozote se trató de ocultar a través de medios poderosos y sofisticados, al igual que otras páginas históricas que, por horrendas, se pretendieron borrar de la memoria colectiva. Existen muchas verdades por reconocer y aceptar públicamente, no importa cuán terribles sean. Para consolidar la paz es preciso evitar el ocultamiento del pasado. "Sin historia no se es y con una historia falsa, ajena, se es otro, pero no uno mismo", señala Guillermo Bonfil Batalla. Los salvadoreños debemos recuperar y reconstruir nuestra propia historia: este es uno de los tantos mensajes que nos da la lectura de Luciérnagas en El Mozote, publicación que nos hace comprender que la paz no se puede alcanzar plenamente de espaldas a la verdad; y que esta no puede establecerse sin el conocimiento de la historia. Evidentemente, la verdad histórica, por sí sola, no trae consigo la paz. Es necesario aunar a ella la justicia social. Estas páginas constituyen un acto de evocación a los mil salvadoreños sacrificados en El Mozote; tornar conciencia crítica sobre la demencia que motivó este hecho, es el mejor homenaje que podemos rendirle, junto a la solidaridad del recuerdo, en la busque da de formas de vida mas humanas y equitativas.En ese sentido, compartimos la idea expresada por los pobladores de Nueva Esperanza en Usulután, quienes celebraron un aniversario de su repatriación, con el lema: De la memoria nace la esperanza! La memoria histórica de los salvadoreños debe ser viva, activa y efectivamente solidaria. Pero, ¿cómo lograrlo, en una sociedad que no sabe ni conoce el valor de su historia y cree vivir en paz, cuando no ha alcanzado aún la paz con su pasado?
Es necesario tener claro que el fin del enfrentamiento armado es sólo una parte de la globalidad en el concepto verdadero sobre la paz de una nación. Hace falta ganar la paz social deteniendo la guerra que la pobreza, el hambre, la enfermedad, el analfabetismo y la delincuencia están librando contra la población. Si realmente deseamos construir un futuro sobrecimientos sólidos, también es necesaria la paz con nuestra historia. Si se considera que para lograr esta paz histórica es necesario perdonar, es erróneo que sea necesario olvidar. Unir el perdón con el olvido ha sido una regla constante que de muchas maneras se ha aplicado en nuestra historia latinoamericana. Esto ha derivado en graves consecuencias; ante la ausencia de memoria histórica, reincidimos constantemente en los errores del pasado, sin poder anticipamos a sus males.
Ignacio Ellacuría afirmó que es en la injusticia económica, especialmente, donde "radica el principio básico de todos los problemas sin cuya solución los conflictos rebrotarán incesantemente". "A lo largo de la historia, tanto en el período colonial corno en el independiente, ha habido conatos de protesta y cambio de una situación que se hacía insostenible objetivamente, sea para determinados grupos sociales, sea para el conjunto de la sociedad". La guerra civil salvadoreña fue un rebrote más, pero el más pronunciado de toda una larga cadena histórica de protestas y rebeliones. Por ello, no podemos aceptar que esta fue una fatalidad y, corno tal, estaba inscrita en nuestro destino colectivo. Corno también resulta demasiado fácil aceptar que en El Salvador fuimos simples víctimas de la guerra fría.
En su discurso del 16 de enero de 1992, el entonces presidente de la república, Alfredo Cristiani, reconoció las principales causas de la guerra civil salvadoreña cuando expresó: "Nos quedaríamos injustamente cortos si viéramos sólo hacia el pasado inmediato para medir la magnitud de lo que ocurre en El Salvador. De un tiempo a esta parte, la crisis en que se vio envuelta la nación salvadoreña en el último decenio, no surgió de la nada ni fue producto de voluntades aisladas. Esta crisis tan dolorosa y trágica tiene antiguas y profundas raíces sociales, políticas, económicas y culturales. En el pasado una de las perniciosas vallas de nuestro esquema de vida fue la inexistencia o insuficiencia de los espacios y mecanismos necesarios para permitir el libre juego de las ideas, el desenvolvimiento natural de los distintos proyectos políticos derivados de la libertad de pensamiento y de acción. En síntesis. la ausencia de un verdadero esquema democrático de vida". La guerra civil salvadoreña fue por tanto  una confrontación anunciada, pero si en verdad se anunciaba, ¿cómo no pudo verse y evitarse? ¿cómo se permitió su desarrollo infernal al grado que se llegó a masacrar a poblaciones enteras en nombre de la patria? ¿Cómo se permitió que tantos niños inocentes murieran víctímas de las minas o de los operativos militares? ¿cómo se llegó al grado de cegar la vida de más de 70.000 personas? ¿cómo fue posible que en un país tradicionalmente católico se asesinara a monjas, sacerdotes y hasta a un obispo como Monseñor Romero? De haber existido en la población salvadoreña de los años 70, y principalmente entre la clase dirigente de esa época, memoria histórica que posibilitara reconocer que la guerra civil se anunciaba, el conflicto fratricida posiblemente se hubiera evitado. La interrogación fundamental es entonces, ¿por qué en
El Salvador no hemos tenido una inclinación a conocer y estudiar nuestra propia historia?
A nuestro juicio una de las causas radica, en el ocultamiento, en el embargo que desde el poder. se ha hecho de la historia real, paralelo a la manipulación que los intereses partidistas de todos los colores han hecho de la interpretación histórica. Todos hemos naufragado en el simple esquema de los buenos y los malos y en el temor a miramos al espejo donde afloran las verdades.
Es interesante detenernos en la parte final del testimonio de Rufina Amaya, cuando nos dice: "Siento un poco de temor al hablar de todo esto. pero al mismo tiempo reflexiono que mis hijos murieron inocentemente. ¿Por qué voy a sentir miedo de decir la verdad? Ha sido una realidad lo que han hecho y tenemos que ser fuertes para decirlo. Hoy cuento la historia ... "
Aquí encontramos una clave interesante sobre la dramática y cierta necesidad que tenemos los salvadoreños de preservar la memoria. apartando los temores hacia la verdad para construir la nación que deseamos y avanzar hacia el futuro, como dice Leopoldo Zea, únicamente por medio de la historia podremos "tomar conciencia no sólo de lo que somos, sino también de por qué somos así y no de otra manera".Estar en paz con el pasado significa, por tanto, conocer y aceptarlo tal como fue. Para conocerlo y aceptarlo es necesario recuperarlo y reconstruirlo, con una sistemática labor de investigación y estudio. En esa tarea, es necesario revisar a fondo el sistema educativo en lo relativo a la enseñanza de la Historia. Debemos respondernos algunas preguntas y elaborar propuestas. ¿Dónde y cómo se han de formar los profesores en Historia, Antropología o Arqueología, en un país donde no existen estas ciencias como carreras universitarias? ¿Qué podemos hacer para animar a nuestros jóvenes al estudio de estas disciplinas, y aprovechar el interés que estas despiertan en ellos, cuando se les facilita materiales y técnicas de enseñanzas atractivas?
Al mismo tiempo, debemos actuar con urgencia para rescatar nuestro patrimonio cultural e histórico, preservando las fuentes historiográficas abandonadas a las condiciones climáticas y a la desidia. En esta tarea, trata de dar su aporte El Museo de la Palabra y la Imagen.
Estos empeños deben formar parte de la agenda nacional, en el esfuerzo colectivo de refundar
El Salvador, mirando hacia el futuro, sin odios ni intolerancia. La memoria histórica es imprescindible para consolidar la paz, construyendo una verdadera justicia social, garantía de que jamás retorne el lenguaje de las armas ni se repita la locura de El Mozote.


Fuente: Amaya, R., Danner, M. y Henríquez Consalvi, C. (2008). Luciérnagas en el Mozote.
            (8ª. Ed.). San Salvador: Museo de la Palabra y la Imagen.

sábado, 28 de mayo de 2011

Patria Exacta



“Patria Exacta es la síntesis de un pensamiento llevado a la poesía, tras años de dolor
y sufrimiento. El poeta descarga toda su ira, su indignación, su impotencia, para decimos: "/Esta
es mi patria/ un montón de hombres; millones/ de hombres; un panal de hombres/ que no
saben siquiera/ de dónde viene el semen/ de sus vidas/ inmensamente amargas/".
Patria Exacta y Moriré... Morirá son dos de los mejores poemas de Escobar Velado. En el primero nos habla de esa realidad tremenda en que vive la mayoría de salvadoreños: desnutridos, analfabetos, descalzos, enfermos, desempleados, dolorosos y tristes. Una realidad que Escobar Velado no puede ni quiere ocultar, él la canta "aunque le cueste el alma". Es la opción del intelectual comprometido con su pueblo.
En Moriré... Morirá deja constancia de su voz, de su testamento poético. Es un llamado a proseguir el canto popular, en esos momentos en que presiente la muerte, cuando los médicos le han dicho que el cáncer que le aqueja es grave, maligno. “  

Ítalo López Vallecillos

PATRIA EXACTA


Esta es mi Patria:
un montón de hombres; millones
de hombres; un panal de hombres
que no saben siquiera
de dónde viene el semen
de sus vidas
inmensamente amargas.
Esta es mi Patria:
un río de dolor que va en camisa
y un puño de ladrones
asaltando
en pleno día
la sangre de los pobres.
Cada Gerente de las Compañías
es un pirata a sueldo; cada
Ministro del Gobierno Democrático
un demagogo
que hace discursos y que el pueblo
apenas los entiende.
Ayer oí decir a uno de los técnicos
expertos en cuestiones
económicas, que todo
marcha bien; que las divisas
en oro de la patria
iluminan las noches
de Washington; que nuestro crédito
es maravilloso ; que la balanza
comercial es favorable; que el precio
del café se mantendrá
como un águila ascendiendo y que somos
un pueblo feliz que vive y canta.
Así marcha y camina la mentira entre nosotros.
Así las actitudes de los irresponsables.
y así el mundo ficticio donde cantan
como canarios tísicos,
tres o cuatro poetas,
empleados del Gobierno.
Digan, griten, poetas del alpiste,
Digan la verdad que nos asedia.
Digan que somos un pueblo desnutrido.
Que la leche y la carne se la reparten
entre ustedes
después que se han hartado
los dirigentes de la cosa pública.
Digan que el rábano no llega
hasta las mesas pobres; que diariamente
mueren cientos sin asistencia médica
y que hay mujeres que dejan
la uva de su vientre
a plena flor de calle.
Digan que somos lo que somos:
un pueblo doloroso,
un pueblo analfabeto,
desnutrido y sin embargo fuerte
porque otro pueblo ya se habría muerto.
Digan que somos, eso sí, un pueblo excepcional
que ama la libertad muy a pesar del hambre
en que agoniza.
Yo grito, afirmo y aseguro.
En todas partes donde vivo, el cerro.
En todas partes donde canto, el hambre.
El hambre y el dolor junto a los hombres.
La miseria golpeándoles la vida
hasta quebrar el barro más cocido del alma.
y a esto amigo se le llama Patria
y se le canta un himno
y hablamos de ella como cosa suave,
como dulce tierra
a la que hay que entregar el corazón hasta la muerte.
Mientras tanto al occidente de la casa que ocupo
hay una imagen encaramada en el mundo
( ¡mayor razón para que viera claro!)
y allá junto a sus pies de frío mármol
una colonia alegre
se va en las tardes
cantando, a los Cinemas.
Bajo la sombra de "El Salvador del Mundo"
se mira el rostro de los explotadores.
Sus grandes residencias con ventanas que cantan.
La noche iluminada para besar en Cadillac
a una muchacha rubia.
Allá en el resto de la patria, un gran dolor
nocturno: allá y yo con ellos, están los explotados.
Los que nada tenemos como no sea un grito
universal y alto para espantar la noche.
Allá las mesas de pino; las paredes
húmedas; las pestañas de los tristes candiles;
la orilla de un marco de retrato
apolillado; los porrones
donde el agua canta; la cómoda
donde se guardan las boletas
de empeño; las desesperadas
camisas; el escaso pan junto a los lunes
huérfanos de horizontes; el correr
de los amargos días; las casas
donde el desahucio llega y los muebles
se quedan en la calle
mientras los niños y las madres lloran.
Allá en todo esto, junto a todo esto,
como brasa mi corazón
denuncia al apretado mundo,
la desolada habitación del hombre que sostiene
el humo de las fábricas.
Esta es la realidad.
Esta es mi Patria; 14 explotadores
y millones que mueren sin sangre en las entrañas.
Esta es la realidad.
¡Yo no la callo aunque me cueste el alma!

                                                                Oswaldo Escobar Velado

Moriré… Morirá
Moriré no hay duda, pero quedará mi grito
como tambor sonando.
Moriré y en mi muerte os invito
a continuar gritando.
Ayer decía, dije, que andaba la injusticia por el mundo
como perro loco:
Pero hoy aquel decir vale tan poco...
¿Verdad, Luna y Zapata?..
¿No es cierto Farabundo?
La injusticia camina sin cesar y sabe
a quien ha de golpear eternamente ...
La injusticia es la poderosa clave
del que quiere vivir en el presente.
Del que tiembla ante un mundo más humano,
repartidor de leche y de semillas,
iniciador de auroras donde el grano
será del hombre que hoy siembra de rodillas.
Decid conmigo,
cantad conmigo,
gritad conmigo
que una patria mundial ya se divisa
donde ha de damos su alegría el trigo
para que nos florezca tu sonrisa ...
y sabremos reír humanamente
y el mal habrá escondido su piedra calcinada,
y la paz como un ángel entregará su frente
para que se la bese, cantando, un camarada ... ¡
Todo será distinto ... hasta el amor más puro.
La vida irá corriendo sobre las sementeras
sin pensar en la guerra, ni en su fruto maduro
ni en las rotas banderas.
Load conmigo...
LA INJUSTICIA MUERE
                   Morirá...No hay duda...
                  Dejadla    seré, tal vez, al último que hiere
pero ya morirá en Wall Street desnuda.
Morirá vomitando banqueros con levita,
asqueada de bananos con los ojos abiertos
de piedra que crepita
y quedará en la calle como dejó a sus muertos ...
morirá y moriré, pero estará mi grito
como tambor sonando;
más si he de morir antes de la injusticia, ahito
mi corazón de pie continuará gritando:
¡POETAS, OS INVITO
A PROSEGUIR EL GRITO que he venido cantando...



Regalo para el Niño

Te regalo una paz iluminada.
Un racimo de paz y de gorriones.
Una Holanda de mieses aromada.
y Californias de melocotones.
Un Asia sin Corea ensangrentada.
Una Corea en flor, otra en botones.
Una América en fruto sazonada.
y un mundo con azúcar de melones.
Te regalo la paz y su flor pura.
Te regalo un clavel meditabundo
para tu blanca mano de criatura.
y en tu sueño que tiembla estremecido
hoy te dejo la paz sobre tu mundo
de niño, por la muerte sorprendido.

Fuente: Fuente. Escobar Velado, Oswaldo. (1988). Patria exacta. (3ª. Ed.). San Salvador: UCA Editores.