martes, 31 de mayo de 2011

Catleya Luna


EN EL DESVÁN

Prefacio

Hay grandes novelas, pobres novelas y novelas de desván. Esta es una novela de desván.
La novela de desván es una novela de juventud (no importa a qué edad se escriba), es una
novela de esfuerzo juvenil; una que aprende el vuelo para saber cómo vuela una gran novela.
Una novela así no es nunca una mala o pobre novela. Es un esfuerzo de emulación, un
esfuerzo de superación plausible por los escasos elementos con que el escritor de desván
cuenta.
El desván es el rincón de los ensueños y proyectos del joven poeta.
Allí el poeta trata de contar un cuento maravilloso a los niños adultos que son las mil cosas
en los desvanes: baúles, valijas, cajas, marcos antiguos, barriles, algún destartalado maniquí
sin cabeza, algunos sacos llenos de utensilios, rollos de antiguas alfombras, haces de
almohadas desenfundadas, libros polvorientos, instrumentos de labranza, viejas escobas, en
fin... y uno que otro ser que alienta, como el gato, el ratoncillo, el murciélago y las arañas
decorativas.
En resumen el cuento se lo cuenta el poeta a sí mismo y es su oído el que atiende en todos
losobjetos que lo escuchan.
Esto no es que el autor se excuse modestamente. El autor escribe una novela de desván
simplemente porque se metió al desván a escribirla por particular afición a los rincones, no
porque sea incapaz de escribir algo más cuidadoso, una verdadera gran novela, grande por
amor de literatura depurada y no por el tamaño.
El autor de desván sabe perfectamente que él hará un día una gran novela. En él está el poder,
si el día no llega, eso no es su culpa.
La novela de desván es pues, el "blue print" de una gran novela. Una gran novela en negativo
y aquí negativo debe tomarse en su cualidad misteriosa de transparencia y alrevesamiento y
no de negación. Ningún negativo fotográfico es realmente negativo, es, al contrario, la raíz del
positivo.
Estamos alineando ideas y moviéndolas para acá y para allá sobre la mesa como pajaritas de
papel.
Si los pulcros escritores y críticos literarios se han creído que toda novela debe ser una gran
novela, una novela impecable, se equivocan de medio a medio.
Se escriben novelas de desván, para ser leídas en desvanes, bajo los árboles, en las playas,
en los parques, en los trenes y en las cubiertas de los barcos y no en las bibliotecas o
estudios, universidades o colegios, ateneos y peñas literarias.
Con la novela de desván se estimula la imaginación de los jóvenes imberbes; se conmueve
hasta la lágrima a las muchachas románticas y a las damas que aspiran a lo noble y a lo
bueno.
La novela de desván tiene siempre el asentimiento de todos los hombres reflexivos y
comprensivosque saben cuándo es la hora del recreo literario y cuándo la del estilo verdadero.
Cada cosa es cada cosa.
Me da la gana escribir una novela en el desván. Me pongo en el estilo de los veinte años
escribiendo esto entre los cuarenta y los cincuenta y cinco. Tengo todavía el encanto de lo
juvenil e imperfecto. Estoy (joven escritor siempre primitivo) escribiendo en mi rincón. ¡Quiera
Dios que no se me haga una excelente novela esta mi novelita tan primitiva, tan sencilla y
tonta y a la vez tan hábilmente armada.
Y veo mi pequeña y gran novela y casi no lo creo. He escrito una novela, lo que no es cosa
tan sencilla. Pero la verdad es que ya soy viejo aunque no quiera creerlo nunca. Yo debí
hacer otra cosa, una cosa con más cuidado, con pulcritud, con síntesis, con abstracción, una
verdadera joya de literatura.
¿Quién dijo que yo no lo podría hacer si me lo propusiera? La haré, la haré tan terrible
que por modestia no le ponga un prefacio o un prólogo. Por respeto, por buen gusto, por
pulcritud profesional. ¡Aquella sí que será el diamante bien tallado, no el trocito de vidrio
rinconera tan poquita cosa pero tan lindo en su color y su transparencia que casi es una joya!
Pero me gusta a ratos el juego, el componer, el ordenar con belleza en lo desordenado. Oiga
usted al muchacho diciendo: "En este libro hay un sinnúmero de ideas, de pensamientos, de
palabras que estaban revueltas, que no decían nada. Yo lo he ordenado todo con gran rapidez
y tal acierto que todo aquel desorden y ruido de vocablos dice algo y lo puede uno seguir del
comienzo al fin, más o menos deslizado sin esfuerzo. Hay las personas, los lugares, las
situaciones, las sugerencias; cosas de verdad y cosas de mentira. Lo realmente histórico
(o que se tiene por tal) y lo imaginativo; lo que pudo suceder y no sucedió. Lugares realmente
geográficos y al lado lugares que no son tangibles por muy superpuestos que estén en escena
como en nombre. ¿Por qué ha de ser la vida sólo lógica y la novela sólo realista, moldeada
en moldes de geografía y de historia?
Yo he barajado en uno los dos naipes hasta no saberse dónde anda cuál; he barajado para
un juego de mi invención, el de lo positivo y lo fantástico; el opaco y el transparente o traslúcido;
"¡corte, vuelva a tajar, baraje, reparta!"
Se llama eso una novela y como la novela suele ser un relato con sucesos y personas
interesantes eso he puesto yo allí. Juvenilmente (ya lo he dicho); no se hacen novelas de
desván de otro modo. Si se hace depuración resultan un ensayo o un poema. Estas cosas las
hago yo también, cada cosa a su hora. No hablemos de ello porque me pongo serio y
trascendental; no se juega con el estilo; se está uno como en misa. Y sigue diciendo el
mancebo: "Soy yo tan hábil para resolver acertijos, que compongo la novela del empastelado
que es la existencia entera, alzándola tipo por tipo, columna por columna y como si no fuera
eso bastante, con todo lo que tiene con entretenimiento juvenil de inteligencia, le pongo aquí
y allá tonalidades de poema, la leo después estremecido y me rueda una lágrima. Sigo con el
tejido de sucesos y personas, palabras y paisajes; gentes, animales, aves, plantas,
¿qué no?.. ", una novela, un hacer y devenir de situaciones filosóficas y sicológicas.
Lista la sugerencia, velada un poco la alusión simbólica o apuntándola enfáticamente cuando
está a nuestro juicio, demasiado escondida.
Esta "Catleya Luna" es una novela sencilla; novela de orquídea y rosa, de pétalo y espina, de
estrella y pájaro, de Luna y Sol. Todo está revisado y comparado y como toda novela,
gira alrededor de una mujer encantadora y de un hombre interesante. Hay mucha curva y
plenitud de adjetivos, quiero decir (no te confundas lector): este es un estilo muy usual y hasta
será del agrado de muchos lectores poco exigentes en la forma, amantes del buen fondo lleno
de interés, por el dibujo del personaje, por el paisaje y por la anécdota.
La novela es un relato. Si no relato es ya otra cosa. Si se contrae por pulcritud, para
cristalizarse,se hace un cuento y si se depura mucho se hace un ensayo y hasta un poema.
Dejo a los intelectuales de Cáteo el decir Ia última palabra. Y sólo repito: no estoy defendiendo
mi novela, porque no necesita defensa, es excelentemente inimportante o inimportantemente
excelente.
Sólo estoy queriendo prevenir al lector con demasiada exigencia para que no pierda el poco
de tiempo que le costaría hallaría sin suficiente sabor para su gusto.
Pero en el desván (que no es el escritorio con máquina) se dicen también (así, como
quien no dijo mucho) cosas asombrosas, cosas lindas, palabras que cayeron como flores del
ramaje del alma. A mis posibles lectores diré ahora: "Entretened vuestra imaginación con
los relatos anecdóticos, pero también, cuando sintáis caer uno de estos pétalos que son de lo
alto, de lo que en el poeta es lo que él no es, porque es lo que él Es (si se entiende), tomadlos
con ternura entre los dedos y trata de distinguir el perfume sutil, indefinido, que nos
transporta allá a ciertos sitios donde estuvimos un día, un asaber qué sitio de un asaber
qué día. Seguramente diréis entonces: "Esto..., no está del todo mal, en verdad... sabe a algo,
me trae el aroma de no sé qué”...

                                                                                            El Autor

Fuente: Salarrué. (1980). Catleya Luna. (2a. Ed.). San Salvador: Dirección de Publicaciones.

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