martes, 19 de agosto de 2014

El Tesoro del Cerro del Picacho



                                      EL TESORO DEL CERRO DEL PICACHO

Por José Villegas Recinos

En las noches silenciosas baja de la cumbre del Cerro del "Picacho" una gran bola de fuego que viene a caer a una poza del río Lempa -Baja a beber agua- aseguran los 1ugareños del caserío "El Conacaste" (jurisdicción de Santa Rosa Guachipilín). Enseguida vuelve a subir al cerro y se pierde entre las breñas. No se hace visible esta bola ígnea todas las noches, sino principalmente en las noches de Cuaresma -Es que en esa época, refieren, el Enemigo de las almas anda suelto por los cerros, despertando sus encantos para ver si hay todavía valientes en el mundo que quieran hacer pacto con él. Esa bola que parece de fuego, no es más que una gran bola de oro y el atrevido que llegara a posesionarse de ella se convertiría en el hombre más feliz. Esa bola ya en la casa, de noche, iluminaría todo el aposento de su poseedor y le atraería una gran felicidad.
En la noche del Viernes Santo, aseguran que es maravilloso contemplar las iluminaciones del encantado cerro del "Picacho" -Entonces, dicen los naturales no es sólo una bola de fuego la que aparece, sino varias, que vienen cerro abajo, a caer a las pozas del río para después volver a subir, ladera arriba, iluminándolo todo con su luz maravillosa. Esas bolas mágicas que todo lo iluminan, han sido el espanto de algunos pescadores del río, que sabiendo que son obra del dueño de los cerros, huyen al solo verlas, aunque refieren que más de alguno, allá en tiempos lejanos, se hizo rico obteniendo uno de esos encantos maravillosos del cerro del "Picacho".
Para hacerse dueño de uno de esos tesoros, enseñan los brujos que se hace lo siguiente: Se ayuna tres viernes de Cuaresma seguidos, procurando que el último sea Viernes Santo, se va a medianoche y se hacen Ias invocaciones del Ritual de Magia aborigen.
Al tercer viernes o sea el último, ya se va con entera decisión, siempre a media noche y entonces harán su aparición cien bolas brillantes en la cumbre del cerro, vendrán caminando -poco a poco- cerro abajo; pero las vendrán empujando, como en un deporte infernal, los mísmísimos demonios, en forma horrible, para ver si él que está allá abajo esperando el tesoro tiene valor y no retrocede en su temeraria empresa. Si el que está esperando el tesoro rodante es un pusilánime y por desgracia retrocede, corre peligro de que los demonios se lo lleven a la cumbre y desde allá lo despeñen a las pozas profundas del río; pero si el que desea poseer el encanto es valeroso, no se amedrenta y, con su daga de cruz, sostiene fiera lucha con los seres maléficos, logrará que éstos se retiren al fin vencidos dejando al valiente en posesión de una bola brillante. Este feliz mortal se volverá rico, a los pocos días. 
Así refiere la conseja que las ancianas cuentan al forastero en el caserío del "Conacaste", en las radiantes noches plenilunares, mientras el Lempa va entonando su canción, al son de las arpas de oro que pulsan los Silfos en la quietud de la noche tropical.

Fuente:  Síntesis. Revista Cultural de El Salvador. Año I. No. 8. Noviembre 1954