martes, 19 de agosto de 2014

Anastasio Rey



Pieza dramática en X retablos.
José Napoleón Rodríguez Ruíz

(Música de la Obra)

QUE GRAN EQUIVOCACION

Mi padre me dijo siempre
hijo! tú serás recolector,
Ay qué hermosa profesión:
Ni los curas, ni doctores,
ni políticos ladrones
ganan más que un recolector.
Cuántos diezmos y primicias!
las mazorcas, los collares,
los huipiles, las enaguas,
las pulseras, los anillos,
mucho oro, mucha plata,
cada día te darán.
¡Qué gran equivocación!
las mazorcas con dos granos,
los collares de pacunes,
ya no hay jade ni oxidiana,
mucho polvo y esqueletos
cada día encuentro más.
Por si eso fuese poco
españoles no me quieren
estos guardias no me quieren
los mestizos no me quieren
en cambio los indios me quieren…linchar.
en cambio los indios me quieren ... linchar.
Hasta ahora yo he vencido
pobres indios, eran pocos,
sin embargo me pregunto
si son muchos, si son muchos
podré vencer después,
tengo miedo, tengo miedo
mucho miedo, mucho miedo
del mañana, del mañana ...
tengo miedo.

SIN TOROTOROJIL

Al mirar tus ojos
bajo la lluvia
me pongo a llorar
en un ovny
en dos ovny
en tres ovny
en seis ovny
en mil ovny
vestido de azul
empiezo a cantar
Hay muchos reyes que perdieron la cabeza
María Antonieta, Luis Dieciséis
Marat y Robespierre
pero casi nadie sabe
de un extraño rey
¡El Rey de los Nonualcos!
Sin caramelos
sin torotorojil
sin gallina ciega
con túnica pipil
Al mirar tus ojos
bajo la lluvia
me pongo a soñar
en un ovny gris
en dos ovny azul
en tres ovny bis
en seis ovny idul
en mil ovny achis
vestido de rojo
empiezo a cantar
empiezo a cantar

REQUIEM PARA UNA CABEZA EXPUESTA
EN UNA JAULA

Por ahora
has muerto,
tu cabeza
aparece en esta jaula,
y brota ya
la primera hierba
de tus cenizas.
Húmedas quizá,
oorque llueve aquí,
la muerte sigue,
y crecen nuevos árboles.

LA CIUDAD PASADA A MACHETE

En aquella época abominable
tenebrosa, dura,
de nuestra implacable historia,
el pueblo de los nonualcos
vivió en gran abundancia.
Los criminales caudillos
montaban de noche y de día
en andaluces caballos
y de su cinto pendían
las espadas toledanas.
Todas las indias lucían
hermosos huipiles azules,
almidonadas enaguas
y los cabellos trenzados
con peinetas sevillanas.
San Vicente, ¡Oh ciudad de Lorenzana!
toda tu riqueza
tendrá que ser repartida
porque viene incontenible
la ira de los nonualcos.
Tú, de las joyas, más pura,
pasada serás a machete
¡Ah! desalmados pipiles
¿Por qué los dioses no acuden?
¡Qué horrendo tu destino!


EL PAIS DE LOS NONUALCOS

El indio Anastasio Aquino
le mandó decir a Prado,
que no peliara jamás
contra el pueblo de Santiago.
También le mandó decir
que los indios reinarían
porque este país era de ellos
como el taita lo sabía.
Aquino lo dijo así:
tan feyo el indio, pero vení.
Seré el rey poderoso
mataré a los ladinos,
a criollos y a extranjeros,
en justicia de mis indios.
Yo quemaré las ciudades
que los blancos hoy gobiernan,
y sin piedad los joderé
. asaltando cuanto tengan.
Aquino lo dijo así:
tan feyo el indio, pero vení.
Las tierras donde trabajamos
las cosechas, ríos y montañas
son propiedad de mis hermanos
que hoy están en la miseria.
   A Prado perdonaría
y también a San Martín,
a sus amos añileros,
si la guerra no me hicieran.
Aquino lo dijo así:
tan feyo el indio, pero vení.
Mas no hay que esperar cuartel,
del ladino y del español,
por tanto yo debo morir
en el campo del honor.
Aquino lo dijo así:
tan feyo el indio, pero venÍ.


Fuente: Rodríguez Ruíz, José Napoleón. (1970). Anastasio Rey. El Salvador, San Salvador, Editorial Universitaria de El Salvador.

El Tesoro del Cerro del Picacho



                                      EL TESORO DEL CERRO DEL PICACHO

Por José Villegas Recinos

En las noches silenciosas baja de la cumbre del Cerro del "Picacho" una gran bola de fuego que viene a caer a una poza del río Lempa -Baja a beber agua- aseguran los 1ugareños del caserío "El Conacaste" (jurisdicción de Santa Rosa Guachipilín). Enseguida vuelve a subir al cerro y se pierde entre las breñas. No se hace visible esta bola ígnea todas las noches, sino principalmente en las noches de Cuaresma -Es que en esa época, refieren, el Enemigo de las almas anda suelto por los cerros, despertando sus encantos para ver si hay todavía valientes en el mundo que quieran hacer pacto con él. Esa bola que parece de fuego, no es más que una gran bola de oro y el atrevido que llegara a posesionarse de ella se convertiría en el hombre más feliz. Esa bola ya en la casa, de noche, iluminaría todo el aposento de su poseedor y le atraería una gran felicidad.
En la noche del Viernes Santo, aseguran que es maravilloso contemplar las iluminaciones del encantado cerro del "Picacho" -Entonces, dicen los naturales no es sólo una bola de fuego la que aparece, sino varias, que vienen cerro abajo, a caer a las pozas del río para después volver a subir, ladera arriba, iluminándolo todo con su luz maravillosa. Esas bolas mágicas que todo lo iluminan, han sido el espanto de algunos pescadores del río, que sabiendo que son obra del dueño de los cerros, huyen al solo verlas, aunque refieren que más de alguno, allá en tiempos lejanos, se hizo rico obteniendo uno de esos encantos maravillosos del cerro del "Picacho".
Para hacerse dueño de uno de esos tesoros, enseñan los brujos que se hace lo siguiente: Se ayuna tres viernes de Cuaresma seguidos, procurando que el último sea Viernes Santo, se va a medianoche y se hacen Ias invocaciones del Ritual de Magia aborigen.
Al tercer viernes o sea el último, ya se va con entera decisión, siempre a media noche y entonces harán su aparición cien bolas brillantes en la cumbre del cerro, vendrán caminando -poco a poco- cerro abajo; pero las vendrán empujando, como en un deporte infernal, los mísmísimos demonios, en forma horrible, para ver si él que está allá abajo esperando el tesoro tiene valor y no retrocede en su temeraria empresa. Si el que está esperando el tesoro rodante es un pusilánime y por desgracia retrocede, corre peligro de que los demonios se lo lleven a la cumbre y desde allá lo despeñen a las pozas profundas del río; pero si el que desea poseer el encanto es valeroso, no se amedrenta y, con su daga de cruz, sostiene fiera lucha con los seres maléficos, logrará que éstos se retiren al fin vencidos dejando al valiente en posesión de una bola brillante. Este feliz mortal se volverá rico, a los pocos días. 
Así refiere la conseja que las ancianas cuentan al forastero en el caserío del "Conacaste", en las radiantes noches plenilunares, mientras el Lempa va entonando su canción, al son de las arpas de oro que pulsan los Silfos en la quietud de la noche tropical.

Fuente:  Síntesis. Revista Cultural de El Salvador. Año I. No. 8. Noviembre 1954