miércoles, 17 de julio de 2013

Alberto Masferrer: el pensador que quiso vivir con lo mínimo

Alberto Masferrer:
El pensador que quiso vivir con lo mínimo

Ningún intelectual salvadoreño ha despertado tantas opiniones y de distintos juicios como Alberto Masferrer, el creador del vitalismo.
Cuando un capitalino conversa con un habitante de la zona oriental de El Salvador, no es raro escuchar que diga con orgullo que “los pensadores más conocidos de El Salvador han nacido al otro lado del Lempa”.
Y no están equivocados al decirlo, porque al oriente del país nacieron Francisco Gavidia, Hugo Lindo y Alberto Masferrer, tres de los grandes pensadores del siglo pasado. El último de ellos fue el hombre que creó el vitalismo, un pensamiento que ganó muchos simpatizantes y detractores.
La ciudad de Alegría, en Alegría, Usulután, fue la ciudad en la que creció Alberto Masferrer Mónico, uno de los ensayistas y filósofos salvadoreños más reconocidos de su tiempo.
Cuando niño jugaba en las calles empedradas y observaba la naturaleza, así fue como comenzó su tarea como pensador e intelectual, al mismo tiempo que crecía devoró muchos libros para conocer el por qué de las cosas, agotando las bibliotecas, muy escasas en su pueblo, que tenía más cercanas.
Cuando fue estudiante intercambió libros con sus amigos y se fue haciendo de su biblioteca personal.
Masferrer sabía lo importante que era el conocimiento, por esa razón se dedicó a aprender de todo. No era raro encontrarlo tan concentrado en los libros que ni siquiera reparaba en la presencia de alguna persona.
Las horas tampoco importaban, lo único que tenía importancia era aumentar el conocimiento y eso fue lo que hizo. El ensayista fue autodidacta y se formó con la experiencia que la edad le iba dejando, lo que el definió como la “Universidad de La Vida”, la mejor escuela que él podía tener, según su propia opinión, porque fue la que mejores cosas le enseñó.

Poesía no
Cuando decidió dedicarse a la literatura, consideró que su carrera sería como escritor de poemas, un género que no le favoreció mucho, según algunos intelectuales, por eso escribía crónicas, cuentos y ensayos.
Con el tiempo y la llegada de la madurez fue que decidió expresar sus pensamientos de una forma sistemática y se dio la tarea de escribir ensayos y estudios sobre los temas que más le interesaban, centrándose sobre todo en los factores sociales como el hambre, la ignorancia y la pobreza.
Precisamente estos fueron los temas que cimentaron la creación de su obra más famosa “El Mínimum Vital”.
Muchas personas compartían sus ideas, pero no querían apoyarlo porque consideraban que él era un “inadaptado”, mientras otro grupo consideró que las ideas de Masferrer eran equivocadas y lo miraban con lástima.
Incluso algunas personas lo llamaron “comunista” después de la publicación de su libro “el mínimum Vital”, enfatizando que su persona estaba en contra de las ideas del gobierno de esa época.
En cambio las personas que lo apoyaban eran en su mayoría intelectuales, entre la gente que admiraban su pensamiento estaban Claudia Lars que consideraba a Masferrer como “maestro y director de multitudes”; Miguel Ángel Espino opinaba que el ensayista “fue el apóstol de la armonía social en El Salvador”.
Salarrué reconocía que estaba influenciado por él: “La atracción que este gran espíritu ejerce sobre mí es enorme”.
La base de su pensamiento fue llamada “vitalismo” y consiste en que todos los individuos tienen derecho a un mínimo de vida en todas las necesidades básicas de la existencia: vivienda, alimentación, trabajo y educación. Sin embargo, a pesar de que sus ideas eran de carácter popular, también tenía detractores dentro de los sectores de izquierda.
Roque Dalton escribió un artículo en contra de él, en el que lo insultaba llamándole “Viejo’e mierda”. Lo acusaba de “aguado y maricón”, por no ser un radical marxista, algo que Masferrer nunca fue.
 
Por la paz
Además de laborar como pensador, donde no resultó muy comprendido, Masferrer también laboró como cónsul, representando a El Salvador en San José, Costa Rica, y Bélgica. También viajó por todos los países de Centroamérica, Chile, Nueva York y Europa.
Él tenía la idea de la resistencia pacífica ante los problemas sociales, algo que compartió con el líder hindú Mahatma Gandhi, aunque Masferrer la quiso emplear nueve años antes que Gandhi.
Al final de sus días, en 1932 y ante la amenaza de la rebelión campesina, Masferrer temió por su vida y abandonó el país.
Después de querer encontrar soluciones a los problemas de El Salvador a su manera, buscar reformas legales a las injusticias y ser considerado comunista se autoexpatrió.
Murió en soledad el 8 de septiembre de 1932, dejando como herencia a El Salvador su obra que comenzó a ser estudiada de manera sistemática por los centros educativos años después de su muerte.

La Calle de la Muerte
(Fragmento)
Los domingos, desde muy de mañana y todo el día, la vida enlaza esos tres antros en que el vicio, el crimen y el dolor se funden en una trinidad fatídica. Desde las siete de la mañana comienzan a pasar, viniendo del Volcán, labriegos jóvenes y viejos. Vienen a divertirse. Han trabajado toda la semana, curvados sobre el suelo, sembrando, arando o escarbando, para que el maíz, el arroz, el frijol y el plátano colmen nuestra mesa; para que las flores más bellas adornen nuestros búcaros; para que la leche y los huevos nos conforten y nutran; para que la vida, en toda forma, descienda de allá arriba, y venga, en ondas de salud y alegría, a reavivar las fuerzas decaídas de los que penamos y pecamos en la ciudad.
Han trabajado toda la semana esos labriegos, ellos y sus mujeres y sus hijos. Mientras ellos escardan o desmontan, la mujer y las hijas mayores lavan, remiendan y aplanchan, muelen y cocinan, vienen diariamente
al mercado a vender flores y legumbres, y a llevar provisiones y medicinas: cosen la enagua y la camisa; cuidan de las gallinas y de los cerdos: atienden al enfermo; van al no lejano, a traer el cántaro de agua para los menesteres urgentes. Ya noche, cansadas, fatigadas, caen pesadamente sobre el camastro o el tapesco, y duermen como troncos -si no hay niño pequeño que las desvele-, hasta que Venus, el apacible Nixtamalero, comienza a desvanecerse ante los blancores del alba.

Tomado del libro “El Dinero Maldito y otros de Alberto Masferrer”. Canoa Editores, 1993

Maestro de alegría
Nació en Alegría en 1868; murió en Tegucigalpa, Honduras, en 1932. Periodista, pensador y maestro. Fue director del periódico “Patria” de 1928 a 1930.
También se destacó como ideólogo y director de la campaña presidencial que llevó al poder al ingeniero Arturo Araujo en 1930, ese mismo año fue elegido como diputado de El Salvador.
Su estilo literario es de primera categoría. Los críticos han negado que Masferrer fuera un poeta, aunque incluyera algunos poemas en su libro “El Rosal Deshojado” y en publicaciones de su época. Pero el poema Blasón es reconocido como un bello poema.
Entre sus obras encontramos:¿Qué debemos saber?, El mínimum vital, Las siete cuerdas de la lira, Ensayo sobre el destino, El dinero maldito, El libro de la vida, Estudios y figuraciones sobre la vida de Jesús, La misión de América y Una vida en el cine.

Blasón
Un andrajo de mi vida me queda: se perdió
en misérrimas luchas lo que era fuerza y flor.
Rateros y falsarios hacen explotación
de mi luz, de mi anhelo, de mi fe y mi valor.
¡Cuánta odiosa mentira serví, sin querer yo!
¡Cuánto lucro y engaño con mi luz se amasó!
Porque fui humilde y simple; porque en toda ocasión
creí que quien me hablaba tenía sed de Dios.
Lo que no profanaron los demás, lo mejor
que me dio el Destino, eso lo manché yo;
porque siempre fui débil, inestable, y porque soy
tal vez un pobre loco que enloqueció el fervor...
Y entre el diablo y el mundo hicieron de mi sol,
en vez de luz, tinieblas; en vez de paz, dolor.
Mas yo no culpo a nadie de mis caídas, no;
ni me inquieta un instante mi justificación:
si por necio o por débil mi vida fracasó
y en mi jardín florecen el mal y el error,
inútil ya sería saber si he sido yo
el culpable o la víctima de una maquinación.
Si el fruto está podrido, es que el gusano halló
en él propicio ambiente para su corrupción.
¿Fue la obra de un demonio, del azar o de un Dios?
Es igual... No revive la flor que se agostó.
Ahora con los harapos de mi fe y mi valor
y lo que todavía me resta de ilusión,
he de alzar un castillo y en él, como blasón,
en un palo de escoba y hecho un sucio jirón,
haré flamear al viento mi enfermo corazón.
Y en ese vil andrajo que será mi perdón
escribiré con sangre, menosprecio y rencor
este emblema del hombre que es su propio señor:
“Para juzgarme, nadie; para acusarme, yo.”

Fuente: Vallejo, M. (Julio 17,2013).  Alberto Masferrer: el pensador que quiso vivir con lo mínimo. Diario de Oriente. Disponible: http://www.elsalvador.com/DIARIOS/ORIENTE/2003/05/23/ARTE/mundodelarte.html


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Masferrer murió en San Salvador, no en Tegucigalpa.

Manuel Vasquez dijo...

jaajja es paja murio Tegucigalpa pasmado lee la istoria 18 ve