miércoles, 19 de junio de 2013

Héroes bajo sospecha; el lado oscuro de la guerra salvadoreña. Parte I

Geovani Galeas


Introducción

En su libro Sin vencedores ni vencidos, Joaquín Villalobos sostiene que se necesita inteligencia para hacer la guerra, pero que su desarrollo hace que la fuerza se vuelva más importante que la razón: «Una vez desencadenada la confrontación violenta, el principio de quebrar la voluntad de combate del enemigo es el que rige para ambos bandos y quebrar esa voluntad puede requerir desde ganar el corazón y la mente del enemigo, hasta la eliminación física y la tortura de este».
Así se justifique por la defensa de la patria o por la conquista de la justicia y la libertad, toda guerra obedece a ese principio, que a su vez se funda en la convicción de que el fin justifica los medios. Para los revolucionarios, ese espinoso problema moral, del que no se habla o solo se aborda con evasivas y ambigüedades, en realidad fue resuelto de manera explícita por León Trotsky, en 1938, en su libro Su moral y la nuestra.
Luego de establecer la existencia de una moral burguesa y una moral revolucionaria regida por los imperativos de la lucha de clases, Trotsky afirma que si el fin es la emancipación del proletariado, cualquier medio para conquistada está permitido en la lucha, incluyendo el terrorismo y el asesinato. «Para un revolucionario es inmoral todo lo que perjudica a la revolución, y es moral todo lo que la beneficia», resume el ruso.
Así, una buena parte de las decisiones y de los hechos de guerra se fraguan y se ejecutan en la clandestinidad, sin que de ello quede más registro que la memoria de los jefes y combatientes involucrados, los cuales asumen el compromiso, casi siempre sellado con sangre, de preservar el secreto.
Ese es el lado oscuro de la guerra, lo que sus protagonistas, sobre todo en los niveles de jefatura, no revelarán jamás salvo en casos excepcionales. Y aun así lo harán de modo fragmentario, dejando aspectos sin aclarar, no solo por ocultar o relativizar la propia responsabilidad personal, sino también porque una acción conspirativa es, entre otras cosas, una orquestación en la que cada uno de los participantes solo conoce una parte y no el conjunto del plan, de sus objetivos finales y de los pasos para alcanzados.
Por eso es prácticamente imposible alcanzar un grado absoluto de verdad en la investigación y el relato de ese lado oscuro de la guerra, en el que en nuestro caso se inscriben, entre otros muchos, secuestros y asesinatos de empresarios por parte de las guerrillas, la operación de los escuadrones de la muerte de la derecha, las pugnas internas que le costaron la vida a Roque Dalton, en el ERP, al comandante Ernesto Jovel, en la RN, y a la comandante Mélida Anaya Montes, en las FPL.
En todo ese lado oscuro hubo un intenso juego de simulaciones e infiltraciones de la inteligencia y la contrainteligencia de ambos bandos, así como de los servicios secretos de sus respectivos aliados estratégicos externos. Este último punto aumenta la dificultad ya señalada. Sin embargo, consciente de esas limitaciones, me propuse escribir un libro. Para eso leí prácticamente todo lo publicado al respecto, pero sobre todo conversé con varios de los principales protagonistas de esos hechos en ambos bandos.
Me propuse además el desafío de que el relato, partiendo de la crónica periodística y sin faltar a la veracidad de las versiones que sobre esos hechos obtuve, intentara aproximarse a la dignidad de la prosa literaria. El resultado es la primera parte de Héroes bajo sospecha.
Nota: una versión de este texto fue publicado en La Prensa Gráfica el16 de abril de 2013.

Gáleas, G. (2013). Héroes bajo sospecha; el lado oscuro de la guerra salvadoreña. Parte I. San Salvador, El Salvador: Athena.


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