lunes, 21 de noviembre de 2011

La Formación de los Catorce Departamentos Salvadoreños. Apuntes Histórico-Geográficos

Por el Dr. Enrique Magaña Menéndez
Figura 1.  2 provincias al final de la colonia hasta 1821

Muchas personas, especialmente los estudiantes, se preguntarán cómo y cuándo llegó nuestra República a estar formada por catorce departamentos, su ansia de saber tropezará con la dificultad de no encontrar  tan preciosos datos en las obras que corrientemente sirven de texto. Fue con el objeto de llenar ese vacío que nos dedicamos a sacar estos apuntes, haciendo algunas pequeñas correcciones, de las importantes obras: Monografías Departamentales del sabio maestro Santiago I. Barberena; Organización Administrativa  de la República de El Salvador, del doctor Hermógenes Alvarado, h.;Constituciones de 1824 y 1841, y otros documentos; confiados en el gran interés que puede tener para los salvadoreños la marcha de la historia de nuestra geografía.
Por los datos que expondremos se conocerá el desarrollo de la República a través de los años, en cuanto su división política, lamentando no poder precisar la extensión territorial de cada uno de los departamentos, ni su capacidad en cuanto a los pueblos que han comprendido, cosas difíciles de establecer a causa de los cambios frecuentes de los límites interdepartamentales.
Para mayor claridad de la exposición hemos tenido que considerar como invariables las capacidades de los departamentos  desde que quedaron  formados como entidades independientes  o al ya no serles segregado territorio alguno para constituir otros nuevos.
Este trabajo puede servir de base a estudios más amplios que pueden hacerse sobre la materia, y ojalá que quienes se encuentren en posesión de tan importantes datos, complementen este estudio para utilidad de nuestros jóvenes estudiantes y de los salvadoreños en general.
Durante los últimos años del régimen colonial, el territorio que ahora es República de El Salvador, estaba dividido en dos provincias: Sonsonate y San Salvador. La provincia de San Salvador se dividía a su vez en cuatro partidos: Santa Ana, San Salvador, San Vicente y San Miguel. Después de la Independencia cada partido en la provincia de San Salvador tomó el nombre de provincia o departamento, excepto el de Santa Ana, que en 1824 quedó agregado a la provincia o departamento de Sonsonate; de suerte que la primera Constitución del Estado del Salvador, promulgada en 1824 dice: “Artículo 6._ El territorio del Estado se dividirá en cuatro departamentos, a saber: el de San Salvador, Sonsonate, San Vicente y San Miguel; arreglándose la demarcación de cada uno de ellos por ley particular”.
La Constitución de 1841, dice: Artículo 1º. _ El Salvador se compone de las antiguas provincias de San Salvador, Sonsonate, San Vicente y San Miguel”; pero hay que advertir que en esa fecha ya existía el departamento de Cuscatlán erigido por decreto del Supremo Gobierno con fecha 22 de mayo de 1835, y compuesto por los distritos de Suchitoto, Cojutepeque, Ilobasco, Chalatenango, Tejutla y Opico. Este departamento se formo a expensas de San Salvador. Posteriormente por decreto legislativo de 5 de abril de 1842 el distrito de Opico se incorporó al departamento de San Salvador.
En esa época, 1841, el Estado de San Salvador estaba, pues, dividido en cinco departamentos. SONSONATE, que comprendía los actuales de Sonsonate, Santa Ana y Ahuashapán, su cabecera fue hasta 1836 la ciudad de Sonsonate, desde aquella fecha fue la de Santa Ana hasta la formación del departamento de Santa Ana, en que pasó la cabecera a la ciudad de Sonsonate otra vez; SAN SALVADOR, que comprendía los actuales de San salvador y La Libertad y parte de La Paz, cuya cabecera era la ciudad de San Salvador; SAN VICENTE que comprendía el de San Vicente actual, la mayor parte del de La Paz y parte del de Cabañas (Distrito de Sensuntepeque), cabecera de San Vicente; el de CUSCATLAN, que comprendía los departamentos actuales de Chalatenango y Cuscatlán y parte del de Cabañas (Distrito de Ilobasco), la cabecera fue desde su creación hasta 1862 la ciudad de Suchitoto, y después de esa fecha Cojutepeque; y el de SAN MIGUEL, que comprendía toda la zona oriental: Usulután, San Miguel, Morazán, y La Unión actuales y cuya cabecera era San Miguel.
Al designar por decreto de 28 de abril de 1865, el pabellón y el escudo nacional, se dice que en ellos habrá nueve estrellas, representativas de los 9 departamentos de que entonces se componía la República.
Los nuevos departamentos eran LA PAZ, creado definitivamente por decreto legislativo de 21 de febrero de 1852, tal como ahora existe, y tomado de parte de San Salvador y de gran parte del de San Vicente; SANTA ANA, por decreto de 8 de febrero de 1855, del de Sonsonate, formado por el actual de Santa Ana y las poblaciones de Ahuachapán, Atiquizaya, Tacuba, Ataco y Sn. Lorenzo; CHALATENANGO por decreto de 14 de febrero de 1855, del de Cuscatlán, y tal como ahora existe; y LA LIBERTAD, por decreto de 28 de enero de 1865, segregado del de San Salvador, y tal como existe en la actualidad. Los nueve departamentos eran, pues: Santa Ana, Sonsonate, La Libertad, San Salvador, Chalatenango, Cuscatlán, La Paz, San Vicente y san Miguel.
Posteriormente fueron erigidos los cinco restantes, en el orden siguiente: LA UNION y USULUTAN, por decreto de 22 junio de 1865, segregados del de San Miguel, con capacidad igual a la actual, aquellos; excepto Usulután que poseía el distrito de Chinameca, que el 1875 se agregó de nuevo al de San Miguel, y agregando al de Usulután los pueblos de Jucuarán y San Buenaventura; AHUACHAPAN, por decreto de 12 de febrero de 1869, igual al actual, y tomado de los departamentos de Santa Ana y Sonsonate, CABAÑAS , por decreto de  10 de febrero de 1873, tomando de San Vicente el distrito de Sensuntepeque, y de Cuscatlán el de Ilobasco; y finalmente el departamento de GOTERA, erigido por el decreto de 14 de julio de 1875, tomado del de San Miguel, y habiéndosele dado por decreto de 14 de marzo de 1887 el nombre de Morazán. Las cabeceras de los nuevos departamentos han sido las actuales, con excepción de Morazán o Gotera, que habiendo sido designada al efecto de villa de Osicala, estuvo siempre de hecho la cabecera hasta 1877 en Gotera o San Francisco, y desde aquella fecha de derecho.
El departamento de La Paz se creó por primera vez en el año de 1838, más habiendo desaparecido y aparecido repetidas veces hemos considerado como la fecha de su verdadera erección la que antes hemos citado.
                                                         Figura 2.   4 departamentos en 1824
 
                                                         Figura 3.   5 departamentos en 1841
                                                         Figura 4.   6 departamentos en 1852
                                                         Figura 5.   8 departamentos en 1855
                                                         Figura 6.   9 departamentos en 1865
                                                        Figura 7.   12 departamentos en 1870
                                          Figura 8.  Los 14 departamentos actuales desde 1875
Fuente: Magaña Menéndez, H. (1945, 5 de Noviembre). La Formación de los Catorce Departamentos Salvadoreños. Apuntes Histórico-Geográficos. Diario Latino, pp. 6-7

lunes, 7 de noviembre de 2011

El Salvador: historia mínima 1811-2011

                                               Secretaría de Cultura de la Presidencia

Presentación

Me complace presentar esta primera edición de El Salvador: Historia mínima, que tendrá, por primera vez en el país, un tiraje masivo para llegar a todos los públicos, pero en especial a los jóvenes salvadoreños. Tiene como objetivo principal ofrecer una síntesis de la historia de nuestros últimos 200 años de búsqueda de libertad y desarrollo, para que podamos acercarnos, comprender y reflexionar sobre nuestro pasado, evaluar y entender el presente y proyectar nuestras fuerzas y esperanzas hacia un mejor futuro.
El conocimiento de la historia del país es indispensable para que nos reconozcamos como unidad nacional y social frente a un mundo globalizado y cada vez con fronteras más fluidas y cambiantes, y también para reconocemos como personas y ciudadanos. Por eso, la historia no debe pensarse como crónicas o noticias pasadas y en proceso de olvido. La historia siempre es un presente, que está actualizada en lo que cada uno somos, en cada una de nuestras acciones; es decir, somos la historia de nuestra familia, de nuestra comunidad, de nuestros amigos, de nuestros centros de estudio, de las formas en que avanzamos en la construcción de nuestra vida, de los logros e, incluso, de las situaciones nada gratificantes del país; la historia es, entonces, parte de nuestra identidad, de lo que hemos llegado a ser como componentes de una gran acción colectiva que ha estado formándose por años y que llega a actualizarse en nosotros, en nuestra vida presente.
El Salvador: Historia mínima es un magnífico esfuerzo en esta línea. Es una extraordinaria iniciativa editorial y educativa de la Secretaría de Cultura de la Presidencia, enmarcada en el año del Bicentenario, que tiene como propósito proporcionamos una información breve y veraz de cómo ha avanzado la sociedad salvadoreña y de cómo hemos llegado hasta este momento en el que nos toca pensar y actuar hacia el porvenir. En una suma de ensayos especiales para esta edición, quince especialistas de diversas instituciones de investigación y enseñanza revisan, con admirable lucidez y capacidad para resumir en formatos accesibles y de fácil lectura, los distintos períodos de nuestra historia patria.
Con esta publicación, nuestro gobierno cumple así con su compromiso de difundir la historia nacional, incrementar el acervo cultural y científico de El Salvador. Estamos trabajando para fortalecer la investigación y la enseñanza de las ciencias sociales en general, la historia incluida, que en las últimas décadas no fueron atendidas como requiere el desarrollo de nuestro conocimiento integral. Ante la edición de esta obra, hacemos una aclaración muy importante: no estamos presentando una "historia oficial", una "historia de bronce", como se llama en otros países, de ninguna manera.
La Secretaría de Cultura de la Presidencia tuvo la encomiable iniciativa de impulsar este proyecto, pero dejó a los destacados intelectuales con entera libertad para exponer, con rigor académico, claridad y admirable brevedad, las conclusiones personales de sus investigaciones, experiencias y lecturas de otros libros. Cada una de las conclusiones aquí expresadas está sujeta al debate y a ser superada por una mejor argumentación y por los nuevos hallazgos en los distintos campos de la investigación social. Alguien decía que en la oscuridad de los tiempos, la historia es vista y escrita por las nuevas generaciones durante la iluminación de un relámpago; en otras palabras, cada generación reinterpreta y valoriza los diversos momentos a la luz de las evidencias novedosas del presente y debe hacerlo con libertad y transparencia. En el Bicentenario, eso es lo que hemos pedido a los autores invitados.
Felicitamos a la Secretaría de Cultura de la Presidencia, a los intelectuales que nos han ofrecido su tiempo, talento y creatividad, y a todos los que han hecho posible que los salvadoreños contemos con este importante libro. Hemos apoyado este esfuerzo para que nuestra población disponga, de una forma gratuita y masiva, con un texto de historia sencillo y de calidad que lo invite y conduzca a profundizar en las distintas etapas históricas del país en otras obras más extensas, y que nos oriente a construir mejores futuros de libertad y de igualdad para todas y todos los salvadoreños.

Mauricio Funes
Presidente
de la República de El Salvador


La importancia del estudio histórico
El ámbito en el que se da la plenitud de la realidad
y en donde ella
se revela es en la historia
IGNACIO ELLACURIA

Un país que dignifique su pasado a través de las dimensiones del análisis académico-científico y de la narración histórica está camino de encontrar el desarrollo, entendido este como colofón de la búsqueda de transformación humana positiva. En ese sentido, la reflexión, el estudio y el interés por la historia nos ayudan a comprendemos, a escarbar en la búsqueda de respuestas y a iluminar los caminos certeros para no repetir errores pasados y para buscar mejores objetivos como país. Esos objetivos están en eterna transformación, pues las sociedades cambian y rehacen sus condiciones constantemente. Hay una constante construcción de la esencia salvadoreña en la historia misma. Y esa construcción está íntimamente ligada con los acontecimientos que en el tiempo han forjado lo que hoy conocemos como patria. La historia cambia, y vive en el presente mismo...
La publicación El Salvador: historia mínima aporta a la discusión actual elementos valiosos como garantes del autodescubrimiento y como productos culturales del más alto nivel. Todos los autores de este libro poseen credenciales idóneas en el mundo intelectual contemporáneo. Han trabajado en la investigación, la historia, la literatura, los estudios culturales, la política, la economía, el estudio ideológico y otros tantos segmentos del saber académico y de la cultura en general.
La Secretaría de Cultura de la Presidencia ha dirigido la conmemoración del Bicentenario del Primer Grito de Independencia en este año 2011. La labor editorial ha sido ardua, y nos llena de orgullo poder legar un trabajo tan importante como este. Estudiantes y profesionales cuentan ya con una herramienta sencilla, pero digna. En ella, algunos de los intelectuales más importantes de este país plasman sus ideas sobre diversos momentos de nuestra historia, y nos dejan abierta la puerta a la interpretación y al debate constante.
La obra que presentamos al país recorre nuestro pasado desde los albores de los movimientos sociales que dieron origen a la Independencia, hasta la entrada del siglo XXI. La república como concepto y como momento histórico; la cultura y el arte; la infamia de la represión plasmada en 1932; el problema de las causas de la guerra con Honduras en 1969; la guerra civil que, aunque expuesta de 1981 hasta 1992, es analizada también desde el origen del conflicto y la incesante labor de los procesos sociales en los setenta; la negociación por la paz; la economía problematizada en el siglo XIX y con su papel desde el fin de la guerra; los factores ideológicos que estructuran la vida social, entre otros, son los temas que propone esta publicación y que servirán para proveer de mejores elementos de juicio a los salvadoreños.
La investigación académica ha sido uno de nuestros más importantes esfuerzos desde marzo de 2010. Creamos la Dirección Nacional de Investigación en Cultura y Artes, una entidad que busca satisfacer necesidades negativamente añejadas y producto de la poca visión del pasado. Y es ahora esta Dirección la que compila y produce este documento, desde ya uno de los mayores referentes que ha dado la academia salvadoreña desde el punto de vista de los estudios histórico-culturales.
Sajid Alfredo Herrera, Adolfo Bonilla, Xiomara Avendaño Rojas, Héctor Lindo-Fuentes, Roberto Valdés, Ricardo Roque Baldovinos, Carlos Gregario López Bernal, Erick Ching, Carlos Pérez Pineda, Ricardo Argueta, Rafael Guido Véjar, William Pleitez, Knut Walter y Luis Alvarenga inscriben su nombre como personajes que narran la historia nacional a través de diversos prismas, pero con el principal motivo de poner sobre la mesa el tema de nuestra identidad y de aquello que nos ha forjado como sociedad.
Somos lo que somos debido a lo que hemos sido. Pero para poder forjar una mejor nación, hay que aprender del país que hemos construido y fijar nuestra mirada a la humanización y a una sociedad con criterios diferentes, más justos, una sociedad más humana, una sociedad del trabajo y de la unión de todos los actores nacionales.
La historia y su estudio pueden contribuir a ello, porque nos hacen plantear metas diferentes y nos llaman constantemente a no repetir los errores que también están en nuestro presente.

Héctor Samour


Fuente: El Salvador, Secretaría de Cultura de la Presidencia. (2011). El Salvador: historia mínima. 1811-2011. San Salvador: Secretaría de Cultura de la Presidencia.
Secretario de Cultura de la Presidencia