sábado, 16 de julio de 2011

Cuentos y Narraciones

                                            Francisco Gavidia

                             NOTA EDITORIAL

Este volumen de textos narrativos de Francisco Gavidia presenta sorpresas con respecto a otras ediciones que se han hecho de su obra. Hay aquí textos olvidados; un esbozo escénico (Sencio); narraciones en verso, en las que sigue la lección de su admirado Víctor Hugo, y cierra el libro un juego de traducciones. Sus traducciones de prosa narrativa dan muestra de sus vastos conocimientos y de sus numerosos intereses. Son páginas traducidas del inglés, del portugués y de la lengua Oc (F Mistral).
De Francisco Gavidia se recuerda sobre todo la amistad que lo une a Rubén Darío, al cual enseña su descubrimiento. Al traducir el alejandrino francés, Gavidia encuentra una nueva sonoridad, que el alejandrino español no tiene. Darío se encarga de distribuir esta nueva modalidad por todo el ámbito de lengua castellana. Rubén le consagra un largo poema laudatorio, y al escribir su Autobiografía cuenta que de las manos de Gavidia entró en "la floresta de las letras francesas ", y es también Gavidia recordado como un erudito.
Movido por un espíritu patrio, Gavidia incursiona en la historia salvadoreña, en busca de fuentes que alimenten su imaginación. Pero lejos de ser una chauvinista limitado, asume el aporte -de grandes escritores de otras partes y procura darlos a conocer. Pilar fundamental de nuestra literatura, polígrafo que incursiona en los más variados géneros.
Francisco Gavidia nació en San Miguel, entre 1863 y 1865, y murió en San Salvador en 1955. Entre sus obras cabe destacar Historia moderna de El Salvador (historia); Júpiter, Ursino, La Torre de Marfil (teatro); y Soteer (poesía).


SENCIO

Sencio es del partido de Delgado y está enamorado de la hija del millonario Castriciones que es imperialista. Se abre la escena al son de las fanfarrias militares que en la plaza real acogen la entrada de las tropas de Arce, victoriosas sobre los sitiadores. La plaza sitiada carece de víveres, cuando se presenta con una partida numerosa de ganado, robado en las haciendas de los imperialistas, el famoso Bambita, que se declara del partido republicano. El bandido es un gran tocador de vihuela y el joven Sencio aprovecha estos conocimientos para dar una serenata a la bella Felícitas de Castriciones, cuyo corazón será el índice de la victoria para uno u otro bando, ya que su padre don Isidoro la destina a ser esposa de La Gasca, el oficial protegido por uno de los cuatro Grandes del Imperio, que tiene sitiado entonces a San Salvador, el soldado de fortuna general Filísola. La serenata hace llegarse a la ventana a Felícitas, pero indigna a don Isidoro, en cuyo socorro llegan todos los imperialistas, mientras Sencio se ve rodeado y defendido por la soldadesca victoriosa. Hay riña, vocerío, combate ... No fuese que Delgado salva la casa de Castriciones de los hachones y a los imperialistas de los puñales, el motín habría costado la vida de la joven, presa de sentimientos los más encontrados: su amor a Sencio, el respeto a su padre, su abolengo realista, el espanto del motín promovido por su causa. Telón.
Síguese la noche terrible: el ejército republicano se retira a Granada a continuar la lucha contra el Imperio, y Filísola, vengativo, en desquite de la resistencia de la Capital, la entrega por una noche al saqueo: en medio de tal horror, Sencio, que había dado cita a su novia, y Bambita, con su vihuela, van a repetir la serenata: es un suicidio, pues ambos están dispuestos a morir a manos de los imperialistas, y el amante, una vez perdido San Salvador, sólo quiere ver por última vez a Felícitas y sucumbir con la espada en la mano. El tumulto de la noche anterior se repite y el mismo prócer Delgado que ha rehusado dejar a San Salvador y que llega a poner paz, habría corrido grave peligro, si el hidalgo español, que es don Isidoro de Castriciones, recordando que fue salvado por él la noche anterior, no pagase la deuda, pidiendo caballerosamente que sus enemigos sean puestos en salvo, a pesar de la saña de La Gasca: Filísola que llega a tiempo, lo atiende, pues hay que tener presente que don Isidoro va a liquidar las fuerzas imperialistas. De nuevo, en este combate de los horrores de la noche terrible, algo queda lamentablemente herido en la casa de Castriciones: el corazón de Felícitas que cae enferma de muerte. Telón. Rase concedido al prócer Delgado que se retire a su hacienda en los alrededores de la capital; pero andan allí partidas de soldadesca imperialista y don Isidoro, admirador del apóstol que fue tan querido de sus mismos enemigos, va a salvarle so pretexto de llevar a tomar los aires del campo a Felícitas, y mientras los dos entablaban una discusión política muy acalorada, Sencio, que se oculta en la hacienda, sale al encuentro de Felícitas en el jardín: la joven se reanima, su corazón funciona bien y milagrosamente se siente salvada. Un tercero inesperado llega a intervenir en la discusión de los políticos: es el General Vicente Filísola que anda reconociendo la topografía del país. La discusión se prolonga y se acalora: el Imperio, dice Filísola, con la caída de San Salvador, única plaza que ha resistido tres años, es ya inconmovible.
Delgado en ese momento clava la vista en la falda del volcán, donde se han encendido tres fogatas. Igual signo se hace a esas horas en las alturas del Izalco del Pacaya, de los más altos picos de la cordillera hasta el Popocatepetl: los republicanos tienen este gran signo convenido para la gran noticia, es un telegrama de Bravo: el Imperio ha caído.
Sobre si es verdad o mentira la noticia, La Gasca, que ha visto llegar a Felícitas del brazo de Sencio, remite, dice, la suerte del Imperio a las armas, nueva especie de Juicio de Dios, y él Y Sencio se lanzan como el rayo uno en contra del otro: La Gasca cae herido y expira como fulminado. Felícitas se cuelga al brazo de Sencio y Filísola dirige estas palabras al prócer:
-Me habéis vencido: soy vuestro discípulo y salgo al instante para Guatemala a convocar el Congreso de vuestra República. Allá os espero.

Fuente: Gavidia, F. (1996). Cuentos y Narraciones.  San Salvador: Consejo Nacional Para la Cultura y el Arte, CONCULTURA.

1 comentario:

Anónimo dijo...

simon