martes, 19 de julio de 2011

Al Otro Lado del Mar (Fragmento)


                                                   Jorgelina Cerritos*


                                          PERSONAJES:
                                         Dorotea (LA MUJER)
                                    
El hombre (PESCADOR)


La acción se desarrolla en una playa desierta que se supone muy alejada de la población.
En escena, del lado de la playa y sobre la arena, un escritorio y una silla dispuestos para trabajo de oficina. A la derecha y adelante del escritorio, un muelle artesanal en evidente
estado de abandono. Al frente, en la platea, se extiende el mar.
Cuando inicia la acción, ella está de pie frente al mar mirando el horizonte. Se percibe incómoda. Él está tras ella, cerca del escritorio, esperando ser atendido.
Después de un instante, ella se vuelve hacia el escritorio y descubre al hombre. Se apresura y retoma el trabajo.
Es la mañana del segundo día.

LA MUJER:
Otra vez usted.
PESCADOR:
Buenos días (ella no contesta) ¿Cómo amaneció? ... ¿Durmió bien?
(ella no contesta) Yo muy bien, gracias...
LA MUJER:
Por favor, señor, no insista.
PESCADOR:
Esa ropa le queda bien... Mejor que la de ayer. Con unas cuantas perlitas en el vestido le quedaría mejor. Le luce ese color.
LA MUJER:
Debería buscar qué hacer.
PESCADOR:
¿Descansó? (ella no contesta) Los mosquitos de las costas molestan mucho, más si uno no está acostumbrado. Lo mejor es no hacerles caso. Luego de tanto se cansan y ellos también se van a dormir. Un amigo me contaba que una vez...
LA MUJER:
No me interesa. Déjeme en paz.
Silencio.
PESCADOR:
(Él saca en una bolsita algo de comer) ¿Quiere?.. ¿Ya desayunó?
LA MUJER:
Lo que me faltaba.
PESCADOR:
Tome, con confianza... (Pausa) El coco es bueno pero el pan de coco es mejor. Lástima que aquí no hacen sino eso le hubiera traído. A mí me gusta y además me acuerda de un amigo. Tenga.
Ella lo ignora, él pone la bolsita en el escritorio y se queda viendo detenidamente a la mujer.
LA MUJER:
¿Por qué me mira así?
PESCADOR:
¿Así? ... ¿Cómo?
LA MUJER:
Así... Desde ayer me está mirando así...
PESCADOR:
¿Cómo?
LA MUJER:
Sí.
PESCADOR:
No, yo no...
LA MUJER:
No me gusta que me mire así.
PESCADOR:
Pero no la estoy viendo de ninguna forma.
LA MUJER:
Claro que sí y no me gusta cómo me está mirando.
PESCADOR:
Perdone...
Él se aleja y se empieza a desvestir
LA MUJER:
¿Qué hace?
PESCADOR:
Me voy a dar un chapuzón.
LA MUJER:
Si se va a dar un... «Chapuzón»... debería hacerlo en otro lado.
PESCADOR:
Aquí tengo cerca mi barca.
LA MUJER:
No creo que se la lleven.
PESCADOR:
Nunca se sabe.
LA MUJER:
Entonces traslade su barca a otro lado.
PESCADOR:
Me gusta aquí.
LA MUJER:
Pero hoy hágalo en otro lado.
PESCADOR:
Pero me gusta aquí, el agua está limpia y tengo cerca mi barca.
LA MUJER:
Hay suficiente playa.
PESCADOR:
Me gusta esta playa.
LA MUJER:
Esta no es una playa señor, es mi oficina.
PESCADOR:
De ahí para allá es su oficina, pero de aquí para acá es mi playa.
LA MUJER:
Eso era antes.
PESCADOR:
Yo no tengo la culpa que a la alcaldía se le ocurra venir a poner ... «su oficina», disculpe usted, en un lugar tan…
Yo noen un lugar tan ...                   LA MUJER:
¿Tan?
PESCADOR:
... absurdo.
LA MUJER:
Por lo menos en eso tiene razón.
PESCADOR:
Ya nos vamos entendiendo.
LA MUJER:
Dios me guarde.
PESCADOR:
Es totalmente absurdo.
LA MUJER:
iQuién habla de absurdidez!
PESCADOR:
¿De qué?
LA MUJER:
De absurdidez. Dícese de ser absurdo.
PESCADOR:
Yo no tengo nada de absurdo.
LA MUJER:
¿Y todavía le parece que no?
PESCADOR:
Si lo dice por...
LA MUJER:
¿Y todavía lo duda?
PESCADOR:
Señora, por favor. Nada le costaría.
LA MUJER:
Ya le dije que Ya le dije que no insista con eso. Busque algo que hacer como una persona decente. Como una persona normal
                
PESCADOR:
Soy una persona decente y soy una persona normal. Decente y normal, señora. No le hago daño nadie. Vine aquí y le dije buenos días. Le sonreí. Le dije que le queda bien esa ropa y lo dije no para agradarla sino porque me fijé que hoy no anda en pantalones como ayer sino en vestido y que además le queda bien. Se lo dije porque lo noto y porque así lo creo y porque no creo que sea una ofensa decirle a una persona, sólo porque esté mayor, que algo le queda bien. Compré un coco y sólo el agua me tomé para traerle la carne a usted, y esto que bien me imaginé que ni se la iba a comer, aun cuando creo que yo no vaya probar mucha comida este día, porque aquí ni gente hay para venderle pescado, si es que aunque sea peces se hallaran en esta playa. Y luego, cuando le dije que me iba a dar un chapuzón en mi playa evité decirle que es estúpido que le hayan puesto su oficina en una playa y encima sin gente, y en lugar de eso le dije mejor, para no lastimarla, que era absurdo. Creo que todo esto demuestra que soy una persona decente. No he hecho nada indecente desde que viene y la saludé. Y normal, porque todo lo que he dicho y lo que he hecho lo he analizado antes de decirlo y hacerla y una persona que no sea normal no podría hacer todas esos análisis, señora. Además, la palabra absurdidez no existe.
 LA MUJER:
Disculpe, no quise ofenderlo. Creo que lo mejor es que se vaya y me deje trabajar.
PESCADOR:
Aquí no va a venir nadie.
LA MUJER:
Pero por si viene tengo que estar a la orden.
PESCADOR:
Aquí no va a pasar nada.
LA MUJER:
Por si pasa tengo que estar preparada.
PESCADOR:
iA quién le interesa un censo en este lugar!
LA MUJER:
A la gente, a los jóvenes, a los adultos mayores.
PESCADOR:
A los adultos mayores... a los jóvenes, si aquí no hay nadie. Ya me pasé rondando la noche y nada, ni un alma, y menos una interesada en un carnet y cosas así. Aquí usted está en el lugar equivocado. Aquí usted no sirve para nada.
LA MUJER:
Váyase.
PESCADOR:
Señora.
LA MUJER:
Váyase. Me está importunando.
PESCADOR:
Señora.
LA MUJER:
Que se vaya, le digo. Váyase.
PESCADOR:
Debería ayudarme.
LA MUJER:
No puedo.
PESCADOR:
Para eso está usted aquí.
LA MUJER:
Si, pero en su caso no puedo hacer nada.
PESCADOR:
Es sólo una partida de nacimiento.
LA MUJER:
ivamos de nuevo!
PESCADOR:
                                                  Usted está aquí para ayudar y nadie viene. Yo vine y usted no me puede ayudar. Entonces, ¿para qué sirve usted?

LA MUJER:
Señor

PESCADOR:
Disculpe.
LA MUJER: Señor.
LA MUJER:
Desaloje, señor.
PESCADOR:
Es que es la verdad... Una partida de nacimiento; eso es todo.
LA MUJER:
Váyase.
PESCADOR:
Por favor.
LA MUJER:
Creo que ya fui lo bastante clara.
PESCADOR:
Es que no entiendo su problema. Lo que necesito es sólo una partida de nacimiento usted
misma me lo dijo. Nada le cuesta. Una partida de nacimiento y yo me voy al otro lado del mar.
 LA MUJER:
Si por mí fuera usted estaría al otro lado del mar desde hace varios días. Es usted el que no comprende. Sólo a una persona como usted se le ocurre que le dé una partida de nacimiento, así porque sí. Nadie viene aquí a sacar una partida de nacimiento.
PESCADOR:
Si nadie viene es porque a nadie se le ocurre buscar una ... oficina ... de la alcaldía ... en una playa.
LA MUJER:
Usted sabe de lo que estoy hablando. Si es tan normal como dice, lo sabe.
              
 PESCADOR:
M                   Mentira. Ayer, la señora que vino con el niño zarquito, la única que ha venido y que vendrá aparte de mí, le dijo que venía a sacar una partida y usted se la dio.
LA MUJER:
Sí, a sacar una partida. Una partida que ya existe. Que tiene una fecha, un libro, un folio. Que alguien vino y asentó a alguien cuando nació y a partir de ese momento esa persona, ese niño, existió. Yo le saco una copia... un duplicado... de esa partida. No le extiendo una partida que en ese momento me invento... Y ahora váyase, que así como vino ella alguien más puede llegar.
PESCADOR:
La mía no se la tiene que inventar usted.
LA MUJER:
Yo no, pero usted se la estaba inventando ayer.
PESCADOR:
No me la estaba inventando. Le estaba dando mis datos.
LA MUJER:
¿Qué datos?
PESCADOR:
Mi nombre, mi apellido.
LA MUJER:
¿qué datos?
PESCADOR:
Esos que usted dice. Nombre y apellido.
LA MUJER:
Váyase, señor.
PESCADOR:
Búsquelo, revise sus apuntes. Eso era lo que le estaba dando.
LA MUJER:
Sabe que no es cierto.
PESCADOR:
Usted sabe que es verdad.
LA MUJER:
Señor.
PESCADOR:
Sabe que es verdad.
LA MUJER:
Nadie en esta tierra se llama Pescador Del Mar. No me haga perder el tiempo
PESCADOR:
Pues antes nadie se llamaba Pescador Del Mar, pero ahora sí hay alguien que se llama Pescador Del Mar y ese alguien soy yo.
  LA MUJER:
i Pescador Del Mar!
PESCADOR:
Para servirle, mucho gusto.
LA MUJER:
y quién le puso ese nombre tan ...
PESCADOR:
¿Tan?
LA MUJER:
Absurdo (él no contesta) ¿quién? ... ¿Su papá que era pescador del mar también? ... iSu mamá, en memoria de su papá! ... Su abuela, su abuelo, ¿quién, señor Del Mar? ¿De dónde le viene un apellido de tanto abolengo? iDe nadie!
PESCADOR:
De mí.
LA MUJER:
Pase el siguiente.
PESCADOR:
Del mar.
LA MUJER:
El siguiente, por favor.
PESCADOR:
De la vida.
LA MUJER:
iEI siguiente!
PESCADOR:
De mí.


La escena se traslada a la mañana del primer día.

*Jorgelina Cerritos. Actriz y escritora salvadoreña. Gran Maestre en la rama de teatro infantil en los Juegos Florales organizados por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, en el 2004. Al otro lado del mar, pieza teatral de la cual publicamos un fragmento en esta entrega, obtuvo en enero de este año el Premio Literario de Casa de las Américas.

Fuente: Cultura: Revista de la Secretaría de Cultura de la Presidencia. No. 102. Enero-Julio de 2010.

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