Portada de libro UCA Editores, 1989
Roque Dalton hace del “entusiasmo y de la sinceridad un mérito “literario” (Elena Poniatowska), cualidades que sobresalen en Taberna y Otros Lugares; “su mejor libro” (José Emilio Pacheco). Con muy justa razón considerado héroe, Dalton “además de su conducta política inquebrantable dejó un testamento: toda su poesía” (Julio Cortázar). Dentro de ella, Taberna y otros lugares, es la obra perfecta, la más importante y ambiciosa” (Roberto Armijo). “Al patetismo tenebroso y rimbombante del régimen nocturno, a la impronta rapsódica de los descendientes convulsos al fondo del fango genitor, sucede un ascenso a la superficie del acaecer cotidiano transcripto vivazmente por un registro mudable, por un discurso dispar, polivalente, metafórico, politonal, imprevisible, con las rupturas y los deniveles humorísticos de Taberna…” (Saúl Yurkievich).
Portada de libro UCA Editores, 2004
EL ALMA NACIONAL
¿Quién eres tú, poblada de amos,
como la perra que se rasca junto a los mismos árboles
que mea? ¿Quién soportó tus símbolos,
tus gestos de doncella con olor a caoba,
sabiéndote arrasada por la baba del crápula?
¿A quién no tienes harto con tu diminutez?
¿A quién aún convences de tributo y vigilia?
¿Cómo te llamas, si, despedazada,
eres todo el azar agónico en los charcos?
¿Quién eres,
sino este mico armado y numerado,
pastor de llaves y odio, que me alumbra la cara?
Ya me bastas, mi bella
madre durmiente que haces heder la noche de las cárceles:
ahora me corroen los deberes del acecho
que hacen del hijo bueno un desertor,
del pavito coqueto un pobre desvelado,
del pan de Dios un asaltante hambriento.
Penitenciaría Central, octubre de 1960.
Fuente: Dalton, R. (2004). Taberna y Otros Lugares. (2a. Ed.). San Salvador: UCA Editores
EL ALMA NACIONAL
Patria dispersa: caes
como una pastillita de veneno en mis horas. ¿Quién eres tú, poblada de amos,
como la perra que se rasca junto a los mismos árboles
que mea? ¿Quién soportó tus símbolos,
tus gestos de doncella con olor a caoba,
sabiéndote arrasada por la baba del crápula?
¿A quién no tienes harto con tu diminutez?
¿A quién aún convences de tributo y vigilia?
¿Cómo te llamas, si, despedazada,
eres todo el azar agónico en los charcos?
¿Quién eres,
sino este mico armado y numerado,
pastor de llaves y odio, que me alumbra la cara?
Ya me bastas, mi bella
madre durmiente que haces heder la noche de las cárceles:
ahora me corroen los deberes del acecho
que hacen del hijo bueno un desertor,
del pavito coqueto un pobre desvelado,
del pan de Dios un asaltante hambriento.
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