miércoles, 1 de junio de 2011

El Cipitío en El Salvador Sheraton: un round de 11 días en 10 años de guerra

Crónica collage sobre la Ofensiva del FMLN en San Salvador del 11 al 21 de noviembre de 1989



Prólogo


Escribir en El Salvador siempre ha sido y sigue siendo una práctica bastante difícil de concretar. Mucha gente no puede, porque no sabe ni siquiera leer, mucha gente tampoco puede, porque no tiene el tiempo ni los recursos para hacerlo.
Escribir sobre la realidad del país quizás ha sido más complicado porque es molesto. ¿O no es molesta la injusta iniquidad, la inseguridad y la impunidad en que vive la mayoría de nuestro pueblo? Además, a los culpables de que la realidad sea así les molesta que alguien escriba sobre ella, sin maquillaje y con verdad; si hay quien lo haga, de inmediato tratan de esconderlo o minimizar su conocimiento.
Pero escribir sobre esa realidad con objetividad y talento en medio de balas, bombas, muerte, angustia y caos -que pretendieron ocultar o deformar oficialmente mediante una mentirosa Cadena Nacional de Radio y Televisión- ya es el colmo. Pero, a pesar de las enormes dificultades de este último escenario, cuatro salvadoreños lo hicieron en noviembre de 1989 y quedó constancia de eso. Sobre ese esfuerzo y su producto, mis cuatro amigos autores de El Cipitío en El Salvador Sheraton me pidieron que escribiera algo en ocasión de esta nueva y feliz edición de una obra que -por diversas razones- motiva a recrear ideas.
Situados en lo más caliente de una situación límite -la ofensiva militar guerrillera más grande del conflicto salvadoreño del fin de siglo pasado, en calidad y cantidad- este cuarteto de cronistas nacionales echó mano de lo que pudieron para registrar y entregarnos lo que nadie tenía en mente hacer, al menos en esos momentos.
Improvisando recursos en aquel entonces, estos compañeros de las letras sometidas a la causa de las siempre víctimas en el país nos permite hoy -con su libro- recorrer sobre todo el "gran San Salvador" escuchando la risa de una Ciguanaba instalada en su Comandancia General e infinitamente poderosa. En aquellas circunstancias, esas carcajadas se transformaron en las voces de mando para unas tropas mágicas que-movilizándose encima de la Carreta Chillona- burlaron las técnicas más sofisticadas del enemigo y le ocasionaron las, quizás, más deshonrosas derrotas de la guerra.
De las páginas del libro brotan combatientes míticos: el jaguar Comandante Rabín, el quetzal-Chele Carlos, el venado-Seco Luis, el mono-Miguel, la serpiente-Corina, la lechuza-Julia ... Encabezados por su jefe-Cipitío, superaron cualquier obstáculo y desinformación provenientes del lado contrario; lo hicieron, tal vez, porque el Justo Juez de la Noche les indicaba permanentemente la utopía por la que luchaban -Ia justicia- y el Cura Sin Cabeza, fiel representante de una iglesia martirizada por estar encarnada en el dolor del pueblo, enaltecía sus movimientos tácticos y estratégicos.
No sería extraño que la "inteligencia" del adversario -enredada en sus limitaciones naturales, la desesperación del momento y su impotencia- se haya confundido todavía más, al tener informes de la militancia del Cura Sin Cabeza y su participación en la ofensiva mágica-guerrillera; es probable que lo terminaron confundiendo con algún jesuita de la Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas" (UCA). Seguro que por eso se escucharon histéricas y enjoyadas voces exigiendo la cabeza de Ellacuría y otros jesuitas, a través de un "micrófono abierto" dentro de la falaz Cadena Nacional de Radio y Televisión que -a esas alturas- era dirigida por Mauricio Ernesto Sandoval Avilés.
“…que una vez se presentó con el Coronel Ponce, este le ordenó que se incorporara a la información que en ese entonces era denominado 'Centro Nacional de Información', CNI, quien era dirigido por el Secretario Nacional de Información Mauricio Sandoval... así como también en una reunión entre quienes estaba el Coronel Avilés como también Mauricio Sandoval y algunos empleados de prensa de que se quitara el micrófono abierto, ya que no era conveniente tenerlo (. . .) que tal micrófono consistía en que personas hablaban y opinaban sobre la situación que pasaba ... Que además del señor Mauricio Sandoval que dirigía el Centro de Nacional Información, también estaban el dicente, el coronel Avilés y el señor Velado teniendo como última palabra el Secretario Nacional de Información quien era el señor Sandoval ... "
La anterior es una transcripción literal de la declaración judicial de testigo rendida por el entonces Jefe del Comité de Prensa de la Fuerza Armada de El Salvador (COPREFA), mayor Mauricio Chávez Cáceres. En ella se observa uno de los mecanismos que utilizaron, inútilmente, para que la gente les creyera sus falsedades; también aparece uno de los principales responsables de organizar e impulsar el encubrimiento de los crímenes ordenados por el Alto Mando militar. No sólo se trata de la ejecución de los jesuitas, de Elba y Celina, sino también de las innumerables víctimas anónimas que fallecieron bajo la cobarde andanada de bombas lanzadas sin piedad contra la pobrería inquilina de los barrios metropolitanos más populares.
Hoy que me encuentro escribiendo estas líneas en el Instituto de Derechos Humanos de la UCA, flanqueado por los libros del Socorro Jurídico Cristiano -síntesis de una verdad testimonial repleta de dolor y muerte en nuestro país, desde 1966 hasta 1986- y por el Centro Monseñor Romero, edificio donde fueron ejecutados Ellacuría y sus acompañantes, me resulta imposible dejar de recordar las palabras de una de esas víctimas cuando se refirió a la "historia oficial", pensando en cómo se intentaría tergiversar desde el poder su muerte que ya veía venir.
La describió como aquella que "ignora aspectos cruciales de la realidad, distorsiona otros e incluso falsea o inventa otros", aquella que nos tratan de imponer a través de un despliegue propagandístico intenso y muy agresivo, al que se respalda incluso poniendo en juego todo el peso de los más altos cargos oficiales. Cuando por cualquier circunstancia -afirmó Ignacio Martín Baró- aparecen a la luz pública hechos que contradicen frontalmente la "historia oficial", se tiende alrededor de ellos un 'cordón sanitario' que los relega a un rápido olvido ... La expresión pública de la realidad y, sobre todo, el desenmascaramiento de la "historia oficial" son considerados actividades subversivas. Yen realidad lo son, ya que subvierten el orden de mentiras establecido".
El Cipitío en El Salvador Sheraton es, entonces, un acto subversivo meritorio: el de la contribución de Miguel Angel Azucena, Miguel Angel Chinchilla, Luis Melgar Brizuela y Joaquín Meza a desenmascarar una "historia oficial" que pretende tapar las derrotas militares del régimen a finales de 1989, una "historia oficial" que aún sigue pesando para atemorizar a mucha gente al momento de votar o para que ésta decida no votar; una "historia oficial" que, a la fuerza, sepultó el informe de la Comisión de la Verdad a cinco días de haber visto la luz; una "historia oficial" que es repetida por casi todos los medios de comunicación masiva.
"Dentro de un tiempito más -termina el libro, en boca del Cura Sin Cabeza- ái les vamos a dar otro buen susto, ¿oyen?" ¿Habrán escuchado bien esa advertencia, me pregunto, los señores del poder y del dinero? Porque así como pintan las cosas hoy en día, no sería extraño que los "duendes cuscatlecos" decidieran rebelarse de nuevo.



Benjamín Cuéllar
Director del Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana, IDHUCA



  De los Autores:



                                 LUIS MELGAR BRIZUELA

(Suchitoto, 1943) Doctor en Letras Hispánicas por el Colegio de México. Miembro del Grupo "Piedra y Siglo" y de la Comunidad de Escritores Salvadoreños, C.E.S. Ha publicado, en poesía: El Salvador: los dioses de la guerra; también textos didácticos
y artículos de crítica literaria en periódicos y revistas nacionales y del extranjero.


JOAQUIN MEZA

(San Salvador, 1956) Profesor de Literatura por la Universidad de El Salvador. Escribe cuento y poesía. Ha obtenido varios premios a nivel nacional e internacional y ha sido traducido al inglés e italiano. Miembro de "Cinconegritos" y de la Comunidad de Escritores Salvadoreños, C.E.S



MIGUEL ANGEL CHINCHILLA AMAYA

(San Salvador, 1956). Escribe en todos los géneros literarios. Miembro de la Comunidad de Escritores  Salvadoreños, C.E.S. Ha obtenido varios premios nacionales e internacionales. Destaca su labor radiofónica en la que adapta obras literarias de autores nacionales y universales.


 MIGUEL ANGEL AZUCENA

(San Salvador, 1932). Licenciado en Letras. Docente universitario. Fue miembro del Taller Literario “Francisco Díaz” y de la Comunidad de Escritores Salvadoreños, C.E.S.
Comenzó a publicar en Vida Universitaria.

Fuente: Azucena, M.A., Chinchilla Amaya, M.A., Melgar Brizuela, L. y Meza, J. (2005). El Cipitío en El Salvador Sheraton: un round de 11 días en 10 años de guerra. (6a. Ed.). San Salvador: Grupo Amate.

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