martes, 17 de mayo de 2011

Los Muertos y Otras Confesiones



La poesía es ejercicio mágico, aunque se utilicen motivos y palabras duros y concretos. La auténtica poesía es un fulgor que atraviesa hasta las superficies más ásperas.
Con los poemas reunidos en este breve libro, Rafael Mendoza, poeta muy joven, demuestra hasta en sus últimas consecuencias lo dicho en el párrafo anterior.
Conozco la poesía de Mendoza desde hace algunos años, y puedo testificar, con toda sinceridad, su constante depuración, su creciente riqueza.
Ahora, en estos poemas justamente premiados en un Certamen Centroamericano, se nos muestra el poeta como un espectador estremecido y entrañable de las más vivas realidades del hombre y del mundo.
Los muertos son estos seres vivientes, amorfos y únicos, que cruzan a nuestro lado a cada instante, y que son parte nuestra, de cada una, porque todos somos cada uno.
El poeta -cada poeta- es una voz y un anzuelo. Del fondo de las aguas saca peces radiantes, hojas podridas  o zapatos viejos. Es su destino y su verdad.
De eso hay en los poemas que siguen, además de alguna flor y algún soplo de brisa.
Yo pienso -sin afán crítico- que Rafael Mendoza llegará a ser un poeta de magnífica voz.
El tiempo decantará su verdad ya casi lograda, y nos dará los frutos seguros.

                                                       David Escobar Galindo      

RAFAEL MENDOZA
Nació en 1946. Estudios primarios y secundarios en el Liceo Salvadoreño. Estudió Derecho en la Universidad de El Salvador. Actualmente dedica la mayor parte de su tiempo a la producción literaria.
Obras: Palabras con dolor, poesía, 3er. Premio en el Certamen Centroamericano de A.E.D., 1968; Los muertos y otras confesiones, poesía, 1er. Premio en el mismo Certamen; El matamoscas y otras ficciones, cuentos, 2º. Premio, en el mismo Certamen.
Trabaja como redactor en el Departamento de Impresos de la Dirección de Televisión Educativa, Vive en San Salvador.



COSAS QUE DUELEN
No poder por ejemplo adoptar
a la miseria
para cuidarla para verla
todos los días con su traje limpio
con su estómago tranquilo. Enviarla
con sus cuadernos bajo el brazo a la escuela.
A yudarla a engordar
a vivir
a defenderse
y verla salva un día
para morir en paz.


Fuente: Mendoza, Rafael. (1970). Los Muertos y otras confesiones. (1ª. Ed.). San Salvador: Dirección de Publicaciones e Impresos.

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