miércoles, 18 de mayo de 2011

La Ruptura Viene en la Poesía, Especialmente a Partir de 1956, y Sobre Todo con Roque Dalton

Entrevista con la doctora Matilde Elena López
Álvaro Darío Lara
          En la gran noche de América
          éramos sólo
          dos maletas en tránsito
          una historia de exilio
          y contrapunto.

                            Matilde Elena López

La doctora Matilde Elena López (1919) -Premio Nacional de Cultura 2005-, poeta, escritora, crítica, ensayista y maestra insigne, es una de las salvadoreñas más conocidas en el ámbito nacional e internacional por su infatigable esfuerzo cultural, cívico, democrático, y por su no menos impresionante aporte al mundo de la literatura, a través de toda una vida dedicada a la constante producción intelectual.
En noviembre de 1995 sostuvimos una amplia conversación con la doctora López, con motivo de nuestro trabajo de tesis titulado: "El proceso de ruptura literaria (poética) en El Salvador durante el período 1955-1975" que preparábamos con Víctor Hugo Granados González, para optar al grado de licenciados en Letras por la Universidad Centroamericana
"José Simeón Cañas". La entrevista giró sobre dos ejes fundamentales: la ruptura literaria -poética- producida en El Salvador a partir del surgimiento de la Generación Comprometida, principalmente con el trabajo de Roque Dalton; y los hechos históricos de 1944, que se concentran, desde el ámbito literario, en la generación de la dictadura; y desde el ámbito
propiamente histórico-social, en las luchas contra el fascismo tropical representado por el gobierno del general Maximiliano Hernández Martínez, donde los intereses económico- políticos de la burguesía local, la correlación de fuerzas mundiales, y las iniciativas civiles y militares democráticas produjeron su caída el 9 de mayo de ese convulso año.
Naturalmente fue una conversación muy amplia, de la cual reproducimos, acaso con seguridad, las líneas más reveladoras, para que no sea el tiempo y nuestra irresponsable desmemoria los culpables del olvido que todo lo destruye u oculta con malicia. Quedan abiertas, entonces, estas páginas para la discusión del presente, y para la construcción esperanzadora de otro futuro.

Poesía y ruptura

Doctora, uno de los más significativos antecedentes de la Generación Comprometida -con su carga de ruptura literaria- es el costumbrismo. Si bien durante los años 50 muchos escritores aún producían esta literatura, otros, como Salarrué, sin dejar lo regional incursionaban en la escritura de textos distintos. ¿Qué nos podría decir?

Salarrué se metió en lo vernáculo, influenciando a toda Centro amé rica, pero ya para ese tiempo, ni Salarrué era vernáculo. Él se dedicó a una señora novela como es la Sed de SLing Bader, una noveleta -dice él- de los mares del Sur, con una buena trama, con un lenguaje elegante, hermosísimo, como era el verdadero estilo de Salarrué . Él decía: "una cosa son los Cuentos de Barro, los Cuentos de Cipotes, pero mi estilo ustedes lo han leído en los otros libros".
Él estaba conciente que
EL Señor de La burbuja, Oyarkandall y todo lo demás... era su estilo poético.

¿Cuál es su opinión sobre la ruptura literaria producida en El Salvador, hacia los años 50?

Es clara la ruptura. Una ruptura que incluso ya ha sido documentada en muchos textos, como algunos de la auto ría de Luis Melgar Brizuela, quien sienta la tesis fundamental que la literatura salvadoreña se divide en dos: desde Gavidia hasta el posmodernismo; y luego a partir del año 56, viene la ruptura con la vanguardia que representa Roque Dalton, y dentro de ese proceso está la Generación Comprometida y el Círculo Literario Universitario en el que culmina la poesía de Roque.

Estudiando la historia literaria salvadoreña, encontramos algunos autores a quienes ubicaríamos en una línea de ruptura En este sentido, podríamos citar a Pedro Geoffroy Rivas, Antonio Gamero, Oswaldo Escobar Velado y Roque Dalton. Si usted es coincidente con esta apreciación, ¿qué encuentra en la obra de ellos que los ubicaría en una tendencia de ruptura?

En primer lugar, yo no pondría a Oswaldo Escobar Velado en una tradición de ruptura, porque no representa ninguna ruptura. Podría ser representativo el mensaje revolucionario, o la poesía más sublevada, en cuanto temática que recoge el verdadero sentir de la literatura de resistencia, como un representante de la literatura de resistencia, pero en su forma él no aporta nada, absolutamente nada de vanguardia, al contrario se mantiene en la más formal tradición, lo que hace son juegos de palabras, así tenemos su poemario A La orilla de Los verbos inventados.

¿Y los versos de Patria exacta, doctora?

Estos versos revelan la lucha de resistencia en el país. Es parte de esa tradición de la resistencia. Escobar Velado es de los primeros poetas comprometidos del siglo XX, ya que en el pasado hubo hasta poetas guerrilleros como Francisco Díaz.

¿Y esa insistencia por el versolibrismo, en un escenario muy dominado por la métrica clásica, no lo podrían señalar como un escritor que buscaba cierta renovación formal, además de su fuerte carga de denuncia social?

No. Verso libre tiene poco, quizá su última producción. En realidad, él estaba más en lo tradicional. Oswaldo Escobar Velado está dentro de mi generación, por esa razón lo conozco más. Él se encuentra dentro de lo que llamaríamos el realismo en la literatura salvadoreña, porque se habla del realismo vanguardista, y se cree que sólo la vanguardia y Roque Dalton habían descubierto el realismo, pero no es cierto. Dentro de nuestra generación Oswaldo Escobar Velado es un representante de ese realismo, junto a Antonio Gamero, "el poeta salvaje", autor de aquel libro TNT.

¿Por qué se señala con tanta insistencia el año 56 como el año de la ruptura literaria?

La marcada ruptura se produce en el 56. El modernismo y el posmodernismo quedó totalmente atrás. Ya la poesía no se encuentra apoyada en la rima. El verso libre ha cambiado. Los grandes temas, ya no son Dios sino la revolución. Irrumpe el materialismo histórico. Ha cambiado el panorama, inclusive, situado ya, en un proceso revolucionario.

¿Qué aportes considera que ofrece la obra de Antonio Gamero a este proceso de ruptura literaria?

Antonio Gamero es uno de los pioneros. Podríamos decir uno de los abanderados de una poesía inconforme y rebelde que rompe con todo. En ese sentido, se adelanta en esto del versolibrismo. Sigue una temática totalmente revolucionaria. Él es un precursor del realismo vanguardista, que lleva hasta sus últimas consecuencias el verso de Roque Dalton.
El proceso de Roque es curioso, por ejemplo, si usted toma hasta la mitad de su libro La ventana en el rostro encontrará reflejos posmodernistas, nerudianos, un tipo de poesía social, como loa; pero, ya en la otra mitad, aparecen los signos de un realismo vanguardista. Eso es muy sintomático, porque después es un cambio total, que lleva a Roque hasta textos como Un Libro rojo para Lenin, que tiene ya técnicas como el collage, y todos los elementos, propiamente vanguardistas.

En cuanto a Pedro Geoffroy Rivas, ¿no le parece que su poema "Vida, pasión y muerte del anti-hombre" ofrece elementos de ruptura dentro de la tradición poética nacional?

En este poema hay una poética social comprometida. La ruptura en Pedro Geoffroy Rivas viene en Los nietos del jaguar. Aquí hay una auténtica poesía. En la tira de la peregrinación, él se asume como parte del viaje. Es ya una poesía nueva, vanguardista.
En "Vida, pasión y muerte del anti-hombre" hay poesía social, pero no ruptura formal.
A diferencia de Los nietos del jaguar donde hay ya formas que nacen, precisamente, de la poesía indígena.
Por cierto, recuerdo que yo integré un jurado que lo premió en Guatemala, el año 45.
En esa época yo laboraba en el periódico El Mediodía. Y con motivo de las fiestas del 15 de agosto se produjo la premiación. En esa feria nacional se premiaba de todo, las mejores vacas, el mejor toro, era una feria que tenía su carácter ganadero. Pedro no asistió a la premiación, se negó, porque dijo que no quería ser premiado -recibir la medalla que se entregaba- junto a las vacas y a los toros.

Doctora, ¿la ruptura del 56 expresa más un fenómeno de individualidades o
propiamente una situación generacional?

De generación. Aquí está directamente involucrada la Generación Comprometida. En general son ellos, tienen un credo, Ítalo López Vallecillos, Mauricio de la Selva ... Aunque individualmente ··'a 8 -estos que he citado- no hacen una obra significativa, en términos creativos, pero sí aportan.
Más tarde encontramos a un Álvaro Menéndez Leal con Luz negra. Debemos señalar que no todos los miembros de la Generación Comprometida hacen una obra que se corresponda al ideario de los principios, pero sí estaba la innovación, esto es evidente.

Aunque Ítalo López Vallecillos designó como Generación Comprometida a los jóvenes escritores surgidos en la década del 50. Estos se corresponden a dos grupos esenciales: los aparecidos con el llamado Cenáculo de Iniciación Literaria, Grupo Octubre -conocidos propiamente como generación del 50- y el Círculo Literario Universitario del 56. Estamos hablando, entonces, de dos momentos distintos.

Totalmente. El Círculo Literario Universitario surge en la Facultad de Derecho de la Universidad, como después surgiría el grupo "Juez y parte" a iniciativa de Roque Dalton y del poeta guatemalteco Orto René Castillo. Yo presento a Roque Dalton en una página del periódico Tribuna, ahí digo yo "Roque Dalton, brillante expresión de la joven poesía". Rafael Lara Martínez lo documenta bien, en su libro sobre Roque, En la humedad del secreto.

Doctora, un conocido escritor y poeta salvadoreño ha señalado en alguna oportunidad, que la conformación del Círculo Literario Universitario, obedeció más que a una expresión auténticamente literaria, a una iniciativa del Partido Comunista de El Salvador, por crear una organización intelectual juvenil, que le diera representatividad a esta fuerza política, en el VI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes por la Paz y la Amistad celebrado en la Unión Soviética, al que finalmente asistieron Roque Dalton y otros jóvenes en 1957. ¿Cuál es su valoración?

No. No tiene fundamento eso. En aquel momento todavía existía un grupo de la juventud antifascista que estaba en el intento de aprovecharse de todas esas coyunturas, pero no Roque.

Durante la década del 40, usted perteneció a la Asociación de Escritores y Artistas Antifascistas. ¿Cómo recuerda esto?

Esa fue una cosa nuestra. Nosotros creamos la Asociación de Escritores y Artistas
Antifascistas. Paralelo a esto, estaba el Grupo Seis (Grupo Social en Ideas Superiores), y quizás con las mismas inquietudes, prácticamente éramos las mismas personas. Todo esto lo cita en el Panorama de la Literatura Salvadoreña, Luis Gallegos Valdés.

Además de la obra de Roque, considerada por usted, como la más emblemática en la ruptura poética, ¿qué otros autores, en su consideración, producen obra de franca ruptura?

Los únicos fueron Roque y Otto René Castillo. Recuerdo ese libro "Dos puños por
la tierra", que escribieron en conjunto. La verdad es que Roque se estaba buscando. Por ejemplo, en La ventana en el rostro, tenemos que la mitad es modernista, nerudiana, aunque él diga que con esa familia no quiere nada, pero ahí está el testimonio de su libro, ahí está César Vallejo.
Por otro lado, la Generación Comprometida, concretamente los escritores del Círculo Literario Universitario, publican un libro De aquí en adelante y empiezan a decir que han roto la literatura salvadoreña en dos; sin embargo, Roque, mediante una carta que les envía -por cierto yo la publiqué en la Revista Caracol en noviembre de 1977-, ahí Roque les dice: "ustedes dicen que han roto, que son la ruptura, que la literatura la han partido en dos, pero ustedes siguen escribiendo en liras", esto es cuando ya Roque está buscando sus caminos. Hay que hacer notar que Roque no se quedó en la aldea, él tenía como punto de contacto con toda América, La Habana. Fue un hombre que mantuvo relaciones con los poetas de París, Estados Unidos. Él recoge todo eso, pero claro, tiene su genio poético.

Además, doctora, Dalton conoce de primera mano, la situación cultural, política, del mundo socialista de la época.

Inclusive su obra Taberna y otros lugares es precisamente, una especie de sociología, de investigación sociológica de lo que pensaban los jóvenes. Roque se asustó, pues se pensaba que allá los jóvenes estaban ya con una mentalidad socialista, colectivista, y se va encontrando con todo lo que el poema refiere, ¿qué es lo que demuestra esto?, que años más tarde viene el levantamiento, porque aquello era mecánico, luego entraron los famosos tanques soviéticos, sometieron, ahogaron en sangre. La juventud checa, estaba con su propio movimiento, eso fue una clarinada. Pero para Roque ciego y dogmático no lo fue, él en ese momento estaba asustado, de lo que pensaban aquellos. A la juventud checa le habían metido a la fuerza el socialismo, ellos no eran colectivistas. Ellos eran otra cosa. Roque en su mente está criticando esto, está asombrado. Lo que sucede es que Roque, aunque manejaba excelentemente la dialéctica, era en cierto modo, dogmático. Recuerdo que en una edición de la revista La Universidad, Roque se refiere al propio Otto René Castillo, y lo trata de una manera escandalosa, es terrible todo lo que le dice.

Doctora, recapitulando, ¿antes de la poesía de Roque Dalton, encuentra usted elementos significativos de ruptura en la tradición poética salvadoreña?

Antes de Roque, no. Quizá el único antecedente es la poesía de Antonio Gomero, "el poeta salvaje", con ese poema "Buscando tu saliva". Yo tengo una notas sobre el poeta salvaje, el otro día, las releía y soy sincera en decir, que suscribo lo que una vez dije sobre él. Es más, es uno de los poetas que se atrevió a decir, con sus propias metáforas e imágenes, que Claudia Lars era un "huacal de leche", esto creó, en su momento, una cosa tremenda entre los Hugo Lindo, los poetas tradicionales. Pero Gamero, así como usaba su cabello desgreñado, así era su manera de escribir su poesía, descalza. Era pueblo, pueblo intuitivo, precursor de Roque. Ahora, Roque pone la carga de historia, la carga política, hace los tratamientos calificativos, rupturas temporales, transita del pasado al futuro, maravillosamente, dentro de una poesía histórica.

¿No es ese el caso de Pedro Geoffroy Rivas y de Oswaldo Escobar Velado?

No. A Escobar Velado nosotros lo queremos por su lucha contra la dictadura, aunque me decía Alfonso Morales, que Oswaldo era amigo de militares como el coronel Carranza Amaya, pero eso es otra cosa. Sin embargo, él entró en una poesía de denuncia, cuyo carácter revolucionario lo aprendió en Costa Rica. Allá fue a darse cuenta de todo, y de ahí comenzó a escribir eso. Él, al inicio, hablaba de la aldeita, de la noviecita, era un Alfredo Espino, ese era su camino, y ahí se hubiera quedado. Sin embargo, en Costa Rica, comenzó a darse cuenta de lo que estaba pasando en el país, y tomó conciencia, después regresó con otra poesía. Oswaldo se fue por el camino de la resistencia, de la rebeldía, hay que recordar que fue, además, víctima de una cruel bohemia. Hay un libro maravilloso, sobre Oswaldo Escobar Velado, se trata de la tesis que para licenciarse en Ciencias Políticas, escribió Francisco Andrés Escobar.

Después de Roque Dalton, ¿identifica usted a otros autores que continúan con esta línea de ruptura, de renovación poética?

Yo creo que este sería el caso de Otoniel Guevara. Otoniel, no es Roque. Otoniel busca una poesía propia. Hay otros que andan por ahí, recuerdo lo que escribía Amílcar Colocho. Ahora bien, me refiero a poetas, porque la revolución dio libros de combatientes, pero eso es otra cosa.
Otoniel andaba buscándose él mismo, y quizás por eso lo logró. Encontrar un lenguaje poético que fuera diferente. Porque es diferente, ya no es Roque, ya no hay nada de él.

Doctora, al interior de los grupos literarios, intelectuales, algunos de sus miembros comienzan desplegando signos de ruptura, no sólo literaria, también política; sin embargo, con el devenir del tiempo, algunos optan por tomar otros caminos, quizás distintos a los que se trazaron en su juventud, pienso en el caso de Julio Fausto Fernández y en el mismo Pedro Geoffroy Rivas. Se lo menciono porque las décadas del 40 Y del 50, fueron muy claras en la tesis del compromiso social, político del escritor.

Julio Fausto Fernández fue un ensayista. Fue hombre del Partido Comunista junto
con Pedro Geoffroy Rivas y otros más. Un grupo de Santa Ana, donde estaba Daniel Castaneda, Virgilio Guerra, ese grupo son ellos. Ahí estaba, no hay duda. Nos encontramos con un julio Fausto, en el grupo Rumbo, donde estaba precisamente Pedro Geoffroy. Ellos estaban en el Partido, sólo que después, los echan del Partido, y se van a Guatemala. A Pedro lo sacaron, incluso, del Partido Comunista de México, y cuando llega a Guatemala, julio Fausto pretende meter a Pedro, al Partido nuevamente. En ese tiempo nosotros, teníamos el grupo del exilio.
Tiempo después, julio Fausto, se va a un consulado al Uruguay, y de repente, a la vuelta, imagínese, después de haber publicado El Existencialismo, filosofía de un mundo en crisis, que es un gran libro, un señor libro, que merece ser reeditado, cambia radicalmente ¿Qué le pasó esa noche? Porque él contaba que estaban una noche, durante una reunión y les cayó la policía ¿Qué ocurriría esa noche? Y que cosa más terrible le pasó después, ya que a partir de esto, él rompe con el comunismo, total, totalmente, y del julio Fausto, autor de EL Existencialismo, filosofía de un mundo en crisis, llega a otro texto, Del materialismo dialéctico al realismo cristiano y todo lo demás que se conoce.

Doctora, si se analiza la historia de la literatura salvadoreña, un aspecto muy
importante es la relación que ha existido entre el escritor y el poder. A nuestro modo de ver, además del compromiso con la literatura, esto es, escribir bien, el escritor carga -lo quiera o no- con una responsabilidad ética ante su sociedad. ¿Qué piensa de esto?

En esta línea, hay casos. Uno muy divertido, el del negro Lagos y Lagos (Luis Lagos y Lagos, humorista salvadoreño, 1874-1914), quien en cierta ocasión recibió un pago del gobierno. Entonces, los recibos los redactaba de esta forma "recibí doscientos colones o cien colones -lo que fuera- para no hablar mal del gobierno", San Salvador tal y tal, y firmaba.
Así, lo decía de una vez, es decir, con el sentido del humor que tenía. Él estaba conciente que se le entregaba algo, que no lo merecía.
Otros autores más recientes han hecho cosas similares, recordemos que Waldo Chávez Velasco arrastró a Pedro Geoffroy Rivas. Incluso, Pedro, hasta hizo declaraciones por televisión de todo lo que le habían hecho "los malditos comunistas", como él decía. Roque cita a Pedro en su novela Pobrecito poeta que era yo, porque hubo un tiempo en que lo consideró su maestro en poesía. Recuerde que Pedro le había entregado el "báculo de la poesía" a Roque. Roque también señala a Waldo Chávez Velasco, en la misma novela, cuando Waldo pretende convencer a Roque para que abandone el Partido Comunista Salvadoreño, se vaya a París y milité en un partido comunista europeo. Eso se lo saca Roque en la novela Pobrecito poeta que era .yo.

Doctora, retornando el tema de la ruptura, hemos hablado de la poesía, sin embargo, en su opinión ¿considera que la obra teatral y narrativa de Álvaro Menéndez Leal apunta hacia una ruptura?

Álvaro tiene aspectos interesantes, en los cuentos, por el tipo de estructura, más bien, breve y su carácter original. Ahora, la ruptura en Álvaro viene dada por los procesos que lo llevan a la publicación de Luz negra. El teatro llegó a su ruptura con él. Álvaro cambia la perspectiva del teatro salvadoreño.

En el caso de la obra de Manlio Argueta, ¿rompen los textos de Manlio Argueta con el paradigma novelístico que imperaba en el país?

No. Manlio Argueta surge como novelista con EL Valle de las Hamacas, pero evidentemente es por cuestión histórica. Recoge aspectos de la época de José María Lemus, las vapuleadas, los abusos, la intervención a la Universidad, todos esos episodios tétricos entran ahí, por eso es que esa obra tiene gran significado. Ya más adelante, quizás algunos indicios, en su novela Caperucita en la zona roja, hay atisbas. Pero mire, es que en la novela, Manlio Argueta nunca ha sido un innovador. No lo es. Porque está última que nos ha dado Milagro de la Paz, tiene un título, que en realidad da la impresión que no halló que ponerle, ya que así se llama un barrio de San Miguel que nada tiene que ver con eso. En esa novela los personajes son populares, él quiere llevar una historia, pero para mí estos propósitos no los logra. No digo que sea una mala novela, pero no hay un dominio del oficio de novelista. Trata. Él quiere dar anticipas y regresar, pero en realidad vuelve a contar la misma historia, que son repeticiones. Es decir, que no domina las formas nuevas de la novela. Ahora lo que significó Caperucita en la zona roja y Un día en la vida, se debió a la carga emotiva de lo social que tiene, con eso de los campesinos. Es el momento coyuntural, pero pasada esta coyuntura, no se recordará como literatura estrictamente.
Como novela se recordará Justicia señor gobernador de Hugo Lindo, porque es una buena novela, con un lenguaje terso. Hugo Lindo escribió evidentemente, una buena novela.

¿Otros autores que se inscriban narrativamente en la ruptura literaria?

No los encuentro. La ruptura viene en la poesía, especialmente a partir de 1956, y
sobre todo con Roque Dalton.

¿Cómo percibe este proceso de ruptura en Roque Dalton?

Roque es una contradicción. Los principios son del materialismo dialéctico, pero los mensajes son cristianos. Él es un nudo de contradicciones. Él está con una angustia interior, en donde él mismo no encuentra solución. El caso de Roque no es el del revolucionario puro y auténtico, cien por ciento, no, es todo lo contrario, él es una lucha interna que lo arrastra.
Recordemos que Roque carga con toda una formación del Externado San José, y cuando él quiere quitarse esa carga no puede. Él está lacerado internamente, se siente un drama interior porque no ha logrado romper con todo eso. Cuando él se mete a la revolución y sus implicaciones, está bien. Pero él no ha logrado romper consigo mismo.

¿Los poemas clandestinos de Roque representan una ruptura respecto a sus anteriores libros?

Los poemas clandestinos están dentro de la línea ideológica nada más.

¿Distinto es el caso de Taberna y otros lugares?

Claro, este libro es otra búsqueda.

¿Qué opinión le merece como texto novelístico Pobrecito poeta que era yo?

Yo creo que es una gran novela collage. La novela moderna es collage. La novela de Roque es una novela urbana.

¿La novela de Roberto Armijo, El asma de Leviatán tendrá signos de ruptura?

Creo que es una exquisita novela, pero no de ruptura. Creo que recrea el tradicional entorno salvadoreño, visto desde París. El campo, el médico rural. Utiliza muy bien el recurso del recuerdo.

¿Cuál es su apreciación de Cenizas de Izalco de Claribel Alegría y de Darwin Flakoll? ¿La consideraría una novela de ruptura?

No. Lo que interviene ahí es lo social, e! gran trasfondo del 32. Ahí aparecen los reflejos del 32, los asesinatos, los fusilamientos. Todo eso hace que la obra entre dentro de un proceso de realismo, pero no realismo vanguardista.

¿Encuentra aportes, elementos de ruptura en la poesía y en la novelística de José Roberto Cea?

No. Lo que yo veo de su novelística de la revolución son las alegres novelas. Porque son tres novelas alegres de la guerra. Persiste su vena humorística, de comicidad. Quizá cierto retrato del salvadoreño medio, lo que nosotros llamamos "el vivo", que es el mismo Cea, tal como surge y se adapta a la realidad -como un buscón- por relacionarlo, de alguna forma, con ese personaje de la literatura picaresca.

Fuente: Cultura: Revista del Consejo Nacional Para La Cultura y El Arte. No. 91-92, Septiembre 2005-Abril 2006.

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